JUVENTUD FRENÉTICA
Trajo el creador catalán Ángel Duran su coreografía ‘Monument’ a dFeria, el encuentro escénico de San Sebastián. Fuimos a verla y esto nos ha parecido…
Texto_OMAR KHAN Foto_PEP DURAN
San Sebastián, 17 de marzo de 2026
Tenía fuerza Cowards, dueto sobre masculinidad tóxica, muy exitoso y muy premiado, que nos desveló al joven bailarín catalán Ángel Duran como coreógrafo. Ahora su compañía gira con Monument, un trabajo más ambicioso para cinco bailarines, él incluido, que se vio en el Mercat de les Flors, de Barcelona el año pasado, y esta mañana en Gazteszena, en San Sebastián, programada en el marco de dFeria, el encuentro escénico donostiarra que, justo en su recta final, se ha visto hoy alterado por la huelga general en Euskadi, lo que le ha llevado a suspender algunas de sus propuestas.
Si Cowards pecaba en su empeño y obstinación por explicarse, ocurre un poco lo contrario en Monument que, en general, versa sobre un tema muy amplio como la juventud y se pasea por asuntos inherentes a ser joven, desde el ímpetu y las energías descontroladas, la actitud combativa y la rebeldía, la protesta y la violencia, el sexo, el ocio y el desenfreno, pero pasando muy de puntillas por cada uno de estos asuntos, predominando por encima de todo una danza ecléctica y eléctrica, que sorbe de muchas fuentes (la danza urbana, los ritmos latinos, el contemporáneo) y se presenta inclemente, mucho más preocupada por la excelencia, el virtuosismo y la resistencia que por ser el vehículo de esta idea dramatúrgica con muchas posibilidades de desarrollo que termina difuminada, tremendamente diluida, en un no parar de bailar, un combinar pasos, un realizar cargadas y saltos, un pegarse todo el rato unas buenas sacudidas corporales.
Los elementos que podrían contribuir a que nos formásemos una idea más clara de lo que a Duran le preocupa y nos quiere contar más allá de su danza frenética, no cooperan demasiado. La escenografía, ornamental, no es capaz de darnos información alguna. La música estridente, la iluminación caprichosa… no tiene demasiados asideros esta coreografía de alta tensión.
Las inquietudes de Duran sobre problemáticas sociales que están muy presentes en nuestro entorno son lícitas, tienen interés, atañen a la gente y podrían conmover a su público, pero tiene que encontrar un punto de equilibrio, aprender a esquivar los excesos sin descuidar lo que baila y otorgar más relevancia a la dramaturgia, el gran punto débil de sus propuestas. Tiene buenos mimbres, unos bailarines comprometidos, resistentes y precisos, incluido él, siendo de agradecer que no se otorgue a sí mismo el rol protagonista. Pero es todavía asignatura pendiente alinear todos los elementos en pos de una nítida exposición de sus ideas.
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