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Despedida

Llegó a una compañía desmantelada y la deja con un repertorio que ronda las setenta piezas, incluidos grandes clásicos como Cascanueces. José Carlos Martínez hace balance de sus ocho años al frente de la Compañía Nacional de Danza

 

Texto_OMAR KHAN

Fotos_CARLOS QUEZADA / JESÚS VALLINAS

Madrid, 28 de marzo de 2019

Los últimos ocho años han sido de vértigo para José Carlos Martínez (Cartagena, 1969). Pero hoy es día de cambio y transformación. El Inaem nombrará a su sucesor en el cargo de director artístico de la Compañía Nacional de Danza y se abre para él (y para el entrante) un nuevo horizonte. No lo tendrá tan difícil el que llegue como lo tuvo Martínez, que tras ganar el cargo por concurso, llegó a una compañía que todavía hervía con la polémica salida de Nacho Duato tras 20 años al timón. La orientación hacia el repertorio clásico de esta compañía, básicamente de autor, era un reclamo de una parte importante del sector y Martínez, que venía de ser estrella del Ballet de la Ópera de Paris, la gran esperanza. Lo prometió en su proyecto y cumplió. No fue fácil pero la CND luce hoy una versatilidad deslumbrante, que le permite bailar Carmen, de Johan Inger, en clave contemporánea, The Show Must Go On, de Jèrôme Bel, en clave de vanguardia y El Cascanueces (en la foto inferior), sobre la base académica. El reglamento de buenas prácticas del Inaem pone fin a la gestión de J. C. Martínez en el ente público y el tiempo parece propicio para el balance.

¿Qué balance hace de estos ocho años?

Yo llegué en 2011 a una compañía pos Duato de 42 bailarines desmotivados que estaban en contra de mi llegada. No había repertorio ni nada montado. Hoy, en 2019, yo mismo me asombro de que haya programadas 85 actuaciones. En ocho años hemos creado 23 piezas y hemos hecho 47 reposiciones. Llegamos más lejos de lo que había pensado. También ha sido muy emocionante lo menos visible, todo el trabajo pedagógico, de inclusión social y los talleres hechos que son los que terminan por darle sentido al todo. Ha sido importante canalizar las inquietudes coreográficas de aquellos bailarines con interés por la creación. Los chicos de Kor’sia [Mattia Russo y Antonio de Rosa] han llegado donde están, primero por su talento y su creatividad, eso está claro, pero también porque desde aquí les permitimos tener ese espacio y les dimos posibilidades para desarrollarlo. Al principio tenía una carpetita con los proyectos de coreógrafos que querían montar obras para nosotros y hoy tengo un cajón lleno de propuestas.

¿Cómo ve el futuro de la CND?

Me di cuenta de que habíamos hecho mucho pero no había llegado donde quería. Por eso presenté un proyecto cuando se abrió la convocatoria. Me imagino que ellos no pensaron que el director saliente iba a presentar un proyecto pero yo no tengo problemas de ego. Yo vine aquí porque quería que la CND evolucionara y que hubiera mucha más danza en nuestro país. Se trataba de hacer todo lo que estuviera en mi mano y agotar todos mis recursos para darle continuidad al proyecto, aún sabiendo que tenía pocas opciones de ganarlo porque en ese caso me hubiesen concedido una prórroga.

En esta segunda fase cambiaba un poco mi rol como director. En estos ocho años ha habido una evolución. Decidí coreografiar yo mismo los títulos clásicos que hicimos porque debía adaptar cada papel a las posibilidades reales de los bailarines que tenía pero eso ya no hace falta. Tenemos un cuerpo de baile homogéneo, una compañía que está lista para bailar un Cranko, un MacMillan, incluso abordar una versión completa de Giselle. Hace dos años era impensable. Por esa razón, en el proyecto presentado mi papel tenía un mayor peso en la gestión. Lo más complicado aquí es la gestión porque esta compañía no tiene autonomía y es dependiente de la Administración, que nos trata como a todos sus funcionarios y no como a una compañía de danza. Para el nuevo director de la CND, esas 85 funciones programadas van a ser un problema, porque mientras más funciones hay más tiempo libre le estará debiendo a sus bailarines.

Un cambio importante fue abordar los clásicos…

Todo el mundo esperaba cuando llegué que inmediatamente vendrían uno tras otro títulos como Giselle, El lago de los cisnes y La bella durmiente. Pero era imposible con la compañía que había hacer esos títulos. Cuatro años tardamos en montar El Quijote que fue el primero. Luego hicimos El cascanueces. Digo que esta compañía es trasgresora porque creo que es la única del mundo que ha hecho el recorrido hacia atrás, pasando de un modelo contemporáneo hacia el clásico.

¿Se llevará sus títulos como hizo Nacho Duato?

Ahora el sistema de contratación ha cambiado, por lo que tengo que dejar todas mis piezas. Todo se puede seguir montando durante 20 años. Las creaciones de coreógrafos contratados como Forsythe o Kylián tienen tres o cuatro años de derechos pero aún así se contempla que se puedan renovar. El nuevo director de la CND encontrará un repertorio potente del que puede disponer.

¿Hay proyectos que quiso hacer y no pudo?

Muchos. Tenemos previsto montar Bill, de [la coreógrafa israelí] Sharon Eyal, y es un proceso en el que me hubiese gustado estar. Una pieza que nos funcionó muy bien fue Carmen, de [el coreógrafo sueco] Johan Inger. Es una pieza contemporánea respaldada por un título clásico importante. Yo creo que esa es una vía. Es lo próximo que habría que hacer.

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¿Qué fue lo que ocurrió en Japón con esa gala por la que el Inaem ha abierto un expediente?

Conozco desde hace muchos años al Geimori Ballet, de Japón. Hemos hecho muchas colaboraciones juntos. Estaban organizando una gala y me pidieron nombres de bailarines para armarla. Había bailarines del Tokio Ballet, de Estocolmo y bailarines de la CND. Lógicamente me invitaron a asistir como invitado. Aquí los sindicatos dijeron que la compañía estaba organizando una gira fantasma en Japón y el Inaem ha abierto un expediente informativo. No hubo tal gira fantasma. Los bailarines pidieron sus días libres, ya he dicho que les debemos muchísimos, tenían su permiso. Yo asumo las consecuencias si un impreso estaba mal relleno o si hubo un error administrativo, pero a la CND esa gala no le costó ni un euro y sirvió de proyección de la compañía de cara a la gira que está prevista por tres ciudades japonesas en 2021. Pero lo más importante es que permitió a esos bailarines cobrar. Aquí un bailarín se tiene que retirar a los 37 años con una mano delante y otra detrás, cobran un salario bajo, y estos trabajos extras son un estímulo. No veo lo negativo. Yo de esa gala solo veo cosas positivas. Tampoco usé el nombre de la CND para ir a hacer bolos a Japón. Lo contrario, usé mi notoriedad en Japón para bailar y vender una futura gira. Yo voy allí desde 1996 y no necesito el sello CND para acceder.

Algo que hay que entender es que no somos el Ballet Nacional de España (BNE), que tiene un producto exclusivo, único. Nosotros somos como otra compañía cualquiera y tenemos que mostrar lo que hacemos. Existen compañías que invitan a programadores internacionales pero nosotros no tenemos dinero para eso ni nos permiten hacerlo, así que hay que buscar vías para darnos a conocer.

¿Y ahora qué va a hacer?

He puesto al servicio de la CND mi trabajo coreográfico y esto me ha condicionado. Había montado Les enfants du Paradis [2008] para el Ballet de la Ópera de Paris y había mucha demanda pero a todas las propuestas debía decir que no, porque estaba en la CND. Ahora tendré más tiempo. Por lo pronto, haré El corsario para el Ballet de la Ópera de Roma y mi versión de Giselle para el Ballet de Croacia, en Zagreb. Justo el año en que entré a la CND me habían pedido una cosa pequeñita: montar el Concierto de Año Nuevo en Viena. Me parecía gracioso meterme en algo así pero dije que no, y ahora volvió a surgir la oportunidad y lo he aceptado. Puede ser divertido. De momento, no me iría a la dirección artística de otra compañía. Por ahora no.

¿Contento con lo hecho?

Muchísimo. Muy contento con casi todo lo hecho. Ha sido una evolución constante. Yo cuando llegué me preguntaba hasta dónde podíamos llegar sin dinero, sin repertorio, sin recursos… y conseguimos hacer mucho con todo reciclado, con esfuerzo, con el apoyo de amigos generosos…

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