EL ROYAL BALLET ENTRA EN EL UNIVERSO LIGHTFOOT-LEÓN: UN DEBUT TARDÍO PERO SIGNIFICATIVO
Paul Lightfoot y Sol León debutan en el Coven Garden con ‘So We Are’. Más allá del estreno, la gran noticia es la apertura de la compañía londinense a una tradición coreográfica europea que hasta ahora había permanecido en los márgenes de su repertorio. Te lo contamos…
Texto_OMAR KHAN Fotos_JOHAN PERSSON
Madrid, 14 de junio de 2026
Paul Lightfoot y Sol León han debutado finalmente en el Royal Ballet con el programa So We Are, presentado en el Covent Garden de Londres. Más que las dos coreografías que integran la velada, lo verdaderamente significativo ha sido comprobar cómo la histórica compañía británica se enfrenta con solvencia a un lenguaje escénico que durante décadas permaneció fuera de sus coordenadas estéticas. La llegada del universo Lightfoot-León a Londres supone una apertura simbólica hacia una tradición coreográfica europea que el Royal Ballet había observado desde la distancia.
Del todo curioso resulta que el debut de Paul Lightfoot y Sol León en el Royal Ballet londinense haya sido recibido estos días como una gran novedad y un fabuloso descubrimiento. Más allá de las valoraciones, en general positivas, a las dos coreografías de su programa So We Are (que se mantendrá en cartel hasta el próximo 20 de junio), hay en las críticas publicadas esta semana en distintos medios británicos un énfasis especial en el desempeño de los potentes bailarines de la compañía, que se han mostrado cómodos y diestros en un lenguaje y unos modos escénicos que le son ajenos. Pareciera que había serias dudas sobre ello.
No es de extrañar. Si bien es cierto que desde hace más de dos décadas el Royal Ballet ha venido colaborando con creadores contemporáneos, principalmente británicos, como Wayne McGregor, de rabiosa modernidad en sus inquietudes por las nuevas tecnologías, o Christopher Wheeldon, autor de aquella delirante y original versión de Alicia en el País de las Maravillas, lo cierto es que la compañía londinense nunca se había movido de manera tan decidida fuera de los márgenes de la tradición británica y anglosajona del ballet.
Mientras las grandes compañías del continente, incluidas casas como el Ballet de la Ópera de París o el Staatsballett de Berlín, legitimaban como europea la corriente humanista instaurada por Jiri Kylián desde el Nederlands Dans Theater (NDT), a la que posteriormente dio continuidad el tándem Lightfoot-León, que pasó de coreógrafos residentes a directores artísticos, el Royal Ballet seguía orbitando entre las reposiciones de Frederick Ashton, John Cranko, Kenneth MacMillan o el sempiterno Petipa y las nuevas creaciones de autores muy innovadores, pero descendientes de este mismo linaje. Coreógrafos que han tenido un mayor impacto en Norteamérica que en Europa, como el propio Wheeldon, convertido en toda una estrella en Estados Unidos.
De esta forma, para la crítica británica la novedad no son las dos piezas de Lightfoot y León. La noticia es que el Royal Ballet haya demostrado que puede bailarlas. Y eso es significativo porque, aunque parezca absurdo, dada la sólida trayectoria internacional del tándem creativo, con este programa parece abrirse una puerta hasta ahora sellada. Una apertura que puede ampliar horizontes y posibilidades para una compañía de enorme reputación mundial que, sin embargo, permanecía firmemente anclada a una manera muy concreta de entender el ballet. Esta semana, Lightfoot y León los han expulsado de esa zona de confort. Y ellos han demostrado que son capaces.

El sello Lightfoot-León desembarca en Londres
El espectáculo So We Are responde sin equívocos al estilo complejo, conocido y reconocible de Lightfoot y León, pero también a la herencia del NDT de Kylián: su gran teatralidad, esa fragmentación narrativa que no cuenta historias de manera convencional pero gira alrededor de asuntos profundamente humanos, su fisicalidad extrema y el valor expresivo y dramatúrgico que concede a la escenografía y la iluminación.
El programa consta de dos coreografías. Por un lado, Salle de Danse (en la foto), una nueva creación en la que los coreógrafos despliegan a 45 bailarines en una pieza coral que parte de la clase de ballet y del propio acto de bailar. Por otro, la reposición de Shoot The Moon, que celebra su vigésimo aniversario y que fue una de las obras más representativas y emblemáticas de su paso por el Nederlands Dans Theater.
Quizá a Shoot The Moon le pasen factura esos veinte años y por eso la crítica británica haya sido algo menos benévola. Sus mayores atractivos —la escenografía giratoria, que permite transitar por las distintas estancias de una casa; el uso del vídeo en tiempo real; e incluso la música de Philip Glass, interpretada aquí en directo— fueron innovaciones relevantes hace dos décadas, pero hoy han sido ampliamente superadas. Lo que sí permanece intacto es la intensidad humana de sus personajes en conflicto.
Con la que los críticos se han mostrado realmente entusiastas es con Salle de Danse, quizá porque ha permitido a los bailarines desplegar mejor esas habilidades menos conocidas para adaptarse a la complejidad de un lenguaje académico con vocación vanguardista, tan inesperado en los cuerpos del Royal Ballet.
En cualquier caso, es motivo de celebración que Paul Lightfoot —británico, por cierto, aunque autor de una danza que viene de otra parte— y una española como Sol León, que tanto ha contribuido al mainstream del ballet europeo contemporáneo, vayan encontrando un camino más allá del NDT en instituciones tan importantes como el Royal Ballet.
Sin embargo, cuando se escriba la historia del ballet europeo de las últimas décadas, ambos aparecerán inequívocamente vinculados a la profunda transformación artística que protagonizaron en la compañía de La Haya.
ARTÍCULO RELACIONADO: NOVEDADES DESDE LA HAYA




