DOMINGO INTENSO DE DANZA EN CÁDIZ
Si algo tiene el Festival Cádiz en Danza es una profusa actividad de danza en sus calles. El pasado domingo fue intenso. Por allí estuvimos y así lo vivimos…
Texto_OMAR KHAN Fotos_LOURDES DE VICENTE
Cádiz, 09 de junio de 2026
Nadie ha demostrado la teoría de que el espectáculo de calle y espacios no convencionales crea público para las salas, pero lo que sí es cierto es que la danza en el espacio público re-significa lugares y ofrece una excepcional ocasión para encontrarse con la danza de una forma más libre, voluntaria, sin formalismos… y si la danza programada es buena, entonces la gente se queda. Lo saben en el Festival Cádiz en Danza, que después de 24 años mantiene una potente programación en salas pero sigue apostando a ganador por llenar de danza su ciudad. Este pasado fin de semana arrancó una nueva edición del festival que se extiende hasta este próximo sábado y, desde luego, ya fue mucho lo que se vio, bailó y aplaudió en la calle. El pasado domingo fue día intenso.
A lo largo de la festiva jornada se vieron piezas, ideas y propuestas muy distintas entre sí. Algunas con aires siderales, otras con gestos de realeza y alguna con ecos de folclor. Pero en varias hubo una coincidencia: parecían quedarse cortas o tímidas frente a su propio planteamiento y ejecución.
La más notable, en este sentido, fue Presenza Reale y la trajo desde Italia Duo Nux, una de las compañías internacionales invitadas. Inspirada en la Reina Margarita, Alice Beatrice, su única intérprete, que la creó junto a Cristian Cucco, lucía espléndida y perfecta en el imponente foyer del Gran Teatro Falla emulando a una reina de otro tiempo, bellamente ataviada de rojo y llevando al cuello muchas vueltas de un larguísimo collar de perlas que, a la postre, termina siendo elemento clave de la coreografía.
Su [lícita] idea de contrastar desde la danza contemporánea a una dama de otro siglo se queda en el remedo porque no hay mucho con qué contrastar. La danza quizá debió ser menos señorial y la música, clásica y convencional, ayudaba poco. Saltaba a la memoria un ejemplo similar pero muy logrado desde el cine: la película María Antonieta, de Sofía Coppola, que se comportaba como un filme de época que quedaba diezmado por una ruidosa y potente banda sonora de rock y pop.

Tradiciones hoy
Impecable en los aspectos formales y en esa progresión marcada desde los trajes, otra vez rojos, de sus cuatro intérpretes, el creador gallego Fran Sieira, junto a Sergio R. Suárez, exploraba en Baile de ceibé (en la foto) dos líneas: una muy lograda, la del baile folclórico desde una perspectiva contemporánea y la otra menos, por su timidez, sobre la problemática LGTBIQ+, que quedaba apenas sugerida en esta pieza destacada por la progresión formal que procura un viaje desde la tradición a la modernidad y el buen hacer de sus bailarines.
Puede que al venir de una obra más grande, de sala, en Baunsbak (en la foto que abre esta información) se diluya la dramaturgia de la pieza y se quede más en una exhibición de las posibilidades para la danza de las jumping boots, unas botas especiales usadas en el fitness, que centran la exploración coreográfica de la creadora gallega Elvi Balboa con su compañía catalana. En cualquier caso, la estética sideral y de ciencia ficción encaja indiscutiblemente en esta creación lúdica y divertida, que hizo delirar al público con estos cuatro disciplinados bailarines impulsados y disparados por estas aparatosas botas en un diseño coreográfico ingenioso.
La otra compañía internacional invitada del domingo en Cádiz fue la francesa Oups Dance Company, que trajo al foyer del Teatro Falla el dueto Adsurbe, ya visto en el Festival valenciano 10 sentidos y en el canario Masdanza. De impecable ejecución por las bailarinas Émilie Joneau y Clémence Juglet, ofrece un planteamiento humorístico un poco naif sobre los excesos y la velocidad de nuestra vida cotidiana.

Dirty Dancing
Sin embargo, el humor de carcajadas lo trajo la andaluza Laura Morales, muy activa en el Cádiz en Danza (presenta su solo La nueva bestia esta noche en Plaza de España) con su creación Otro dúo (en la foto) en la Alameda Apodaca. Se trata de una revisión y celebración del dueto, tan recurrido por los coreógrafos pobres, en el que con verdadera gracia Álvaro Copado (al que conocemos de La casquería) y Deivid Barrera (que hace poco estuvo en Valencia y Madrid bailando Emigradas de Yoshua Cienfuegos) acuden a los tópicos del paso a dos, desde Dirty Dancing hasta el pas de deux clásico, que fue muy aplaudido y ovacionado por el numeroso púbico que acudió a verles. Compartieron el espacio con Rolando Salamé, actor, bailarín y coreógrafo, líder de la compañía No Bautizados, que bailó junto a Lucas Morones su propuesta El mundo atrás, una reflexión poética sobre los contrastes entre el éxodo y el arraigo.




