DANZAS DE RESISTENCIA
El Festival Abril en Danza lanza a sus bailarines a la calle para atravesarse en el camino de ciudadanos de Alicante, Elche y Murcia. Por allí estuvimos y así lo hemos vivido…
Texto_OMAR KHAN Fotos_NACHO CARRASCOSA
Alicante, 25 de abril de 2026
Resistencia. Bajo ese lema se desarrolla estos días, hasta el próximo 3 de mayo, el Festival Abril en Danza en la celebración de sus quince años de permanencia simultánea entre Alicante y Elche, incorporando más recientemente a sus vecinos de Murcia. En la resaca del cada vez más grande e influyente Festival Dansa València, el Abril en Danza se planta como un desafío, un acto de resistencia y una reivindicación de la danza en la periferia. De esa inquietud nació este festival valenciano, una iniciativa de Asun Noales, directora de la compañía OtraDanza, que hoy celebra estos tres lustros bajo el grito de Resistencia, quizá intencionadamente en su doble acepción, la de guerrilla y grupo de choque, y la de resiliencia, paciencia y aguante.
Atendiendo a su naturaleza divulgativa, a su afán de Celestina intentado enamorar y casar al viandante con la danza, el festival coloca su acento en la calle como quien hace que sea la montaña la que se mueva hacia Mahoma. Aunque no desdeña la danza en sala, incluso con grandes producciones (este año La Veronal, con Tontentanz, y Paloma Muñoz con la deslumbrante La quijá) buena parte del Abril en Danza se hace a pie de calle. Tiene doble recompensa porque también permite a creadores emergentes mostrar su trabajo a un público nuevo, generoso, nada prejuiciado.
Este fin de semana un programa triple, que se estrenó anoche en el Secadero (amplio y blanco espacio al aire libre pero, afortunadamente techado, porque llovía) en el complejo cultural Las Cigarreras de Alicante, girará por las ciudades. Hoy en La Pérgola de San Basilio, de Murcia, y mañana en la Plaza de la Glorieta, de Elche. La Venidera, joven compañía andaluza liderada por Irene Tena y Albert Hernández (en la foto bajo estas líneas), exbailarines del Ballet Nacional de España; la compañía valenciana de Jacob Gómez, y el bailarín y creador gallego Daniel Rodríguez (en la foto que abre esta crónica) conforman el cartel de este entretenido recital de danza que, al menos anoche, arrancó ovaciones de un público numeroso y entusiasta.

Tres propuestas
Hay algo oscuro e inquietante en NO, dueto negacionista de flamenco contemporáneo que nos muestra la tensión y choque de energías entre una pareja, los estupendos y comprometidos Albert Hernández e Irene Tena, sus autores. Se trata de la versión corta de una obra mayor, ya estrenada, que ha tenido tanto éxito como la breve. Pero aún sin esa escenografía que es una caja de sorpresas ni las luces imponentes de la versión de sala, en este dueto despojado y desnudo, de apenas quince minutos, está contenida la esencia del todo. Una mujer obstinada martillea clavos en un zapato de flamenco. Un hombre lleva un micrófono que amplifica el sonido pero también la tensión. Un encuentro que es un choque a veces violento, por momentos pasional, de dos energías contrapuestas.
En cambio Quema, del creador emergente valenciano Jacob Gómez (intérprete además en La quijá) va en sentido opuesto, con dos personajes (¿o es uno?) traviesos que parecen una dualidad y entran a escena ocultándose bajo la camiseta como no queriendo ser identificados. Así, uniformados de verde y con ese gesto, parecen gemelos. Se mueven al unísono, casi caricaturescos, y en contraposición, una canción desgarrada de amor parece confabular para entorpecer el encuentro.
En el cuerpo menudo y tremendamente ágil de Daniel Rodríguez parece vibrar toda Galicia. El creador gallego atesora en sus movimientos la investigación larga que ha venido llevando a cabo y le ha permitido fusionar de manera natural la danza folclórica aprendida desde chico y bailada en su tierra, con los preceptos del contemporáneo asimilado más tarde. A raíz de, cómo no, es un solo de raíz y neofolk con sombrero y pandereta que empieza enigmático y ritual, y progresivamente se viene arriba, terminando festivo con Rodríguez volando por los aires, sudando y vibrando con esta danza enérgica, virtuosa, festiva y, sobre todo, contagiosa. La reacción bailonga y efusiva del público de ayer, incluidos muchos niños, dieron fe de ello.
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