DANSA VALÈNCIA SE ILUMINA CON EL RAYO MORTAL DE LED SILHOUETTE
La agrupación navarra dejó anoche inaugurada la 39 edición del relevante festival valenciano. Allí estuvimos y así lo vivimos…
Texto_OMAR KHAN
Valencia, 16 de abril de 2026
Fue como el disparo pirotécnico de una mascletá. El indiscutible impacto visual y sonoro de la muy enigmática y muy oscura Ultimátum dejó anoche oficialmente inaugurada la trigésimo novena edición del Festival Dansa València en un abarrotado Teatre Principal, en el que se veían muchas caras conocidas de la gestión de la danza del país, lo que corrobora la gran capacidad de convocatoria que sigue manteniendo este festival, ahora también plataforma profesional, del Instituto Valencià de Cultura, que conduce María José Mora. La ocasión suponía también una prueba de fuego para Led Silhouette, la joven agrupación navarra liderada por Jon López y Martxel Rodríguez que estrenaba la obra más ambiciosa de su corto pero significativo catálogo de coreografías.
Un rayo y una tormenta, seis seres enigmáticos, un ciervo muerto con un teléfono móvil en sus entrañas, un espacio indefinido que parece subterráneo y una música solemne son la primera y portentosa imagen de esta creación marcada por la violencia y la muerte, que se mueve en un marco estético tremendamente cambiante y sugerente. La pieza destaca, principalmente, por sus aspectos formales, por su sentido del espectáculo y su capacidad para propinar golpes de efecto en la construcción de una atmósfera enrarecida que conecta con el cine futurista de terror. Otra vez, porque su obra anterior, Halley, vista también en el festival valenciano el año pasado, era abiertamente ciencia ficción danzada.
El ascendente colectivo navarro ha subido el nivel de producción y quiere que lo sepamos. Hay un exceso de artilugios escénicos, muchos deux-ex-machinas y soluciones fantásticas, que van desde el ciervo muerto, imagen macabra que domina el primer cuadro, hasta la plataforma giratoria, pasando por recursos impactantes de iluminación y sonido, aparte de esos monstruos vegetales del tramo final.
Todo es gran espectáculo en Ultimátum. También la danza, ejecutada con verdadera precisión por el equipo de seis bailarines (incluidos los autores), que llega a tener momentos muy destacables como el conjunto coral sobre la plataforma giratoria o el solo de Jon López bajo la luz de neón.

Referencias varias
Hay muchas referencias e influencias en Ultimátum. Su estética es original, incluso ingeniosa, pero no resulta difícil rastrear huellas. La de La Veronal, la más obvia, pero también comprensible. Tanto López como Rodríguez han sido colaboradores muy cercanos de Marcos Morau. Hay ecos de Peeping Tom en ese realismo fantástico. Sus monstruos vegetales recuerdan a los primitivos seres del Daniel Abreu más reciente y qué duda cabe, la plataforma giratoria y el uso que le dan, nos llevan rápidamente al no muy lejano Jefta Van Dinther de Remachine, pieza con la que ellos mismos compartieron cartel el año pasado en Dansa València.
Pero allí donde Halley (una producción más modesta en recursos) era más nítida y eficaz en la exposición de su intriga de ciencia ficción, Ultimátum se presenta mucho más críptica. Más difícil cabría decir. Y es que no queda del todo claro lo que nos quieren contar. Hay un discurso sobre la violencia y la muerte, es obvio, también un encontronazo entre el bien y el mal. No obstante, lo enigmático trasciende hacia lo incomprensible y eso es lo que les va a dificultar el acceso a lo que llamamos el gran público. El texto de Mathylda Hynes, escuchado en off, lejos de contribuir, confunde, porque parece totalmente divorciado de lo que ocurre en escena, que no es poco y genera muchas interrogantes que se quedan sin respuestas. Hay una referencia por allí a “los lobos y ciervos dentro de ti” que podría, quizá (solo quizá), dar alguna pista sobre la convivencia del bien y el mal, algo que, tal vez (solo tal vez), pudiera ser el tema de fondo de Ultimátum, pero es una señal muy débil en un mar repleto de múltiples referencias. La dramaturgia, a lo mejor demasiado pretenciosa y con aspiraciones a sofisticada pudo ser un poco más modesta, accesible y democrática, pero lo cierto es que como está termina lastrando buena parte del todo que se sostiene, y esto sí es rotundo, en una verdaderamente deslumbrante puesta en escena.




