UN NUEVO CAPÍTULO
‘Capítulo’, la nueva obra que promete marcar un punto de inflexión en la carrera profesional de Daniel Abreu aterriza mañana en los madrileños Teatros del Canal tras su estreno oficial en el Teatro Cuyás de Gran Canaria. Hablamos con él...
Texto_JUDIT GALLART Fotos_marcosGpunto
Madrid, 15 de febrero de 2026
En Capítulo, que llega ahora a los Teatros del Canal (con fnciones del 26 al al 28 de febrero) tras su estreno oficial el pasado 23 de enero en el Teatro Cuyás de Gran Canaria, Daniel Abreu no propone un relato, sino una grieta, una fisura por la que asomarse a aquello que conocemos como “identidad”, aun cuando ya no sabemos muy bien qué significa. “Capítulo habla del origen de la cultura o de la identidad desde un lugar bastante alejado del foco. No se trata de ser descriptivos, sino de un concepto, no me interesan las narraciones”, nos adelanta el Premio Nacional de Danza 2014 que, consciente del torrente de cambios que nuestro mundo actual enfrenta, comenzó a interesarse por el origen de las culturas.
“Me puse a investigar un poco nuestra identidad canaria y me encontré con que ésta no deja de ser una conclusión de muchísimas cosas que vamos recogiendo de otros muchos lugares. Entonces, ¿cuál es el inicio de una cultura? ¿Dónde termina? ¿Qué es lo que nos identifica?”. Si en otras piezas hablaba de un territorio físico y concreto, en este nuevo trabajo que busca zambullirse en la génesis de las culturas el tinerfeño ha decidido desplazar la mirada hacia un espacio social marcado por el trauma y el temblor colectivo que desde hace un tiempo percibe. “Yo hablo de una identidad colectiva y de la necesidad de pertenencia como hecho fundamental del ser humano. Todo ello desde mi manera de ver la actual situación que considero frágil”.
Todas esas ideas, a pesar de huir deliberadamente de la mímica y la teatralidad, son sustentadas a través del texto, elemento que ayuda al creador a dirigir y digerir todo lo que ocurre en sus piezas a nivel dancístico. “La mía es una danza mucho más pautada, más de investigación, de cuerpos que están mucho más enraizados, pero que no están definiendo absolutamente nada. Pero los recorridos, el texto, la música, los paisajes visuales, sí que llevan a una conexión con los conceptos”.

Profundidad canaria
Las raíces canarias no son un decorado, ni en Capítulo ni en ninguno de los trabajos de Abreu, sino más bien toda una musculatura en la que los espacios rocosos del archipiélago, sus cielos limpios o el mar de nubes que envuelve sus volcanes inspiran la atmósfera y la iluminación. Todo eso late en Capítulo, aunque nunca de forma ilustrativa. “En Canarias el cuerpo baila, toda la gente sabe bailar y se sabe mover y eso está muy presente en mi lenguaje. La manera de moverse de los bailarines, la insistencia en lo arraigado y sobre todo los paisajes, todo eso tiene una inspiración puramente canaria, porque no deja de ser lo más reconocible en mí y lo que más admiro”, nos dice a propósito de este nuevo capítulo en su trayectoria, en el que baila acompañado por Emiliana Battista Marino, Rosanna Freda, Théo Vanpoperinghe y Abián Hernández.
En lo formal, reconoce ecos de trabajos anteriores, aunque de una manera mucho más diluida y sintética, ecos que en esta ocasión entablan un diálogo con la introducción de diversas variaciones tanto en forma como en concepto. “Hay texto hablado, cosa que hacía mucho tiempo que no pasaba en mis trabajos, y también un espacio sonoro que se adentra en una dimensión electrónica que quizás es mucho más fina todavía”. Y es que, en Capítulo, la danza es ciertamente central, pero también todo aquello que sucede alrededor: lo técnico, lo visual y sobre todo la arquitectura invisible que sostiene la experiencia.
Hay también un punto de inflexión personal en este trabajo que definitivamente plantea cambiar el rumbo profesional de su creador. No se manifestará como una ruptura estética de grandes dimensiones, sino como respuesta a una necesidad vital, como resultado del desgaste acumulado durante décadas. “Son muchos años de agotamiento ante un sistema de trabajo demasiado exigente y evidentemente yo ya a mi edad no puedo asumirlo de la manera que lo estaba asumiendo”, confiesa sobre una decisión que no marcará un adiós a lo anterior, sino una reescritura o, más bien, una nueva abertura en la que cada función cobrará vida como un capítulo más en el infinito interrogante respecto a quiénes somos cuando el suelo se mueve bajo nuestros pies.





