CONDEDUQUE ATRAPA EN SUS BÓVEDAS EL GESTO DE MARTHA GRAHAM
Hasta el 12 de abril se podrá ver en el Centro de Cultura Contemporánea Condeduque la exposición ‘Aun Deep Song’, en la que Lola Lasurt reinventa desde la plástica la coreografía de Graham. Te lo contamos…
Texto_OMAR KHAN
Madrid, 27 de enero de 2026
En los tardíos años 30, muchas mujeres de la España en guerra compartían un gesto común, uno de lamentación y horror, de dolor y pérdida. Como todos los gestos, era efímero solo en apariencia porque eran los albores del fotoperiodismo y quedó plasmado y atrapado en imágenes que viajaron y se reprodujeron por cientos en las imprentas de los diarios estadounidenses, donde la innovadora y pionera de la modern dance norteamericana Martha Graham lo vio y quedó conmovida. El gesto viajero se hizo danza de esta forma, en dos creaciones, breves y contundentes: las coreografías Inmediate Tragedy y Deep Song, ambas estrenadas en USA en 1937, con la Guerra Civil española todavía en curso. Ésta segunda, un solo de apenas cinco minutos, fue bailado por la misma creadora hasta los años cuarenta. Por aquellos tiempos, la excepcional fotógrafa Barbara Morgan volvió a atrapar ese gesto y lo reinventó de nuevo en sus imágenes artísticas.
En 1988, con participación de la misma Graham y con apoyo de las fotos de Morgan, reconstruyeron Deep Song, que se había perdido, y el gesto era reinterpretado y reinventado entonces en el cuerpo de la bailarina Terese Capucilli, la segunda en bailarlo después de su autora. Ahora, casi noventa años más tarde, la artista visual Lola Lasurt (Barcelona, 1983) reactiva aquel mismo gesto en la exposición/instalación Aun Deep Song, que se estará exhibiendo en la Sala de Bóvedas del Centro de Cultura Contemporánea Condeduque, en Madrid, con entrada libre, hasta el próximo 12 de abril, en lo que supone la última manifestación de aquel gesto y una intención, la de que aquel dolor y aquella violencia no se olviden pero tampoco se repitan. En sí misma, la exposición traza el viaje de este gesto.

La esencia coreográfica
A lo largo de tres instalaciones, la exposición no reproduce la coreografía pero atrapa su esencia, a través de una secuencia larga, muy larga, de pequeñas pinturas dispuestas como viñetas de un cómic que van mostrando, sin orden cronológico, las diferentes posturas corporales desplegadas por la bailarina en una extensa tira que cruza la Sala de Bóvedas y permite reimaginar la coreografía.
El recorrido de esta larga cinta de dibujos va desde el trazo apenas sutil que define a la bailarina con unas pocas líneas hasta ganar en definición y detalles para aproximarse incluso al blackout, en una sucesión pictórica que imita la naturaleza veloz, cambiante y efímera del hecho coreográfico. Como resume Laura Vallés Vilchez, en el texto de esta curiosa exposición, se trata de “una pintura que antes ha sido performance, que nace de unas imágenes que antes fueron movimientos también inspirados en imágenes”.
La exposición, al cambiar el formato de la danza por el de la plástica, convierte en una obra nueva, con valores propios, un let-motiv que a su vez, ya había sido, respectivamente, fotografía testimonial y artística. Lo interesante, a la postre, es que en todos estos viajes y transformaciones hay un elemento común que permanece inalterable desde hace ya nueve décadas: el del gesto de lamentación profunda de aquellas españolas desdobladas padeciendo una guerra.
Con curaduría de Marta Ramos-Yzquierdo, la exposición invita a un viaje por estas cintas que recogen el dolor expresado en una danza, volcado desde unas fotos, que hoy son la base de una instalación plástica. Una pena que haya en los acabados de la muestra un cierto descuido, con la cinta a veces arrugada y no bien fijada, con una iluminación no del todo eficaz, que dificulta la lectura de los paneles con textos. Muy apropiada, eso sí, la reproducción de la escenografía, simple y minimalista, de Deep Song: un ciclorama color naranja y un banco. Pero se echa en falta un elemento importante, que la exposición pide a gritos. No hay un vídeo de la coreografía de Graham y quedan unas ganas inmensas de poder conocerla para revalorizar –al alza o a la baja- la ingeniosa, original y acertada propuesta de Lola Lasurt. Un audio ambiental, con la música original, que también fue recuperada, tampoco le vendría mal.






