LA FEROCIDAD FLAMENCA DE JESÚS CARMONA
Estrenó anoche el bailaor catalán 'Tentativo (basado en paisajes reales)' en Centro Danza Matadero, un espectàculo fascinante y enigmático. Fuimos a verlo y estos nos ha perecido...
Texto_OMAR KHAN Foto_ÁLVARO LÓPEZ DEL CERRO
Madrid, 28 de febrero de 2026
La fuerza es arrolladora, las percusiones obstinadas, los zapateados estruendosos y la velocidad huracanada. El escenario amplio, desnudo, a la vista, es un territorio de constante experimentación y continua transformación, en el que Jesús Carmona mueve con propiedad, seguridad y buen gusto su flamenco feroz, perfeccionista y enigmático. Su nueva creación Tentativo (basado en paisajes reales), que tuvo su estreno mundial anoche en el Centro Danza Matadero de Madrid (con funciones hasta el 08 de marzo), no es experimental, cerebral ni pretenciosa pero está muy lejos de ser convencional.
Llena de sugerencias, la obra no propone un tema unilateral y deja la interpretación de lo mucho que ocurre a la imaginación de un público que, con licencia y libertad, puede armar su propia historia desde las escenas de un puzle del todo enigmático y sugerente, con imágenes de gran potencia visual que van dese ese ruidoso arsenal de panderetas que invaden el espacio en la primera escena hasta la aparición, al final, de esa figura blanca y totémica encarnada por él, que convierte la escena en un ritual inescrutable de aires ancestrales.
La inteligente puesta en escena, con dirección de Luis Luque y el propio Carmona, junto a la intervención de cinco músicos en directo interpretando la poderosa música de percusiones constantes de Manu Masedo y esos cinco portentosos jóvenes bailaores (cada uno con su propia personalidad escénica) que saben estar a la altura de las exigencias, se articula, no obstante alrededor de Carmona, gran protagonista. El bailaor catalán está en un momento álgido de su carrera. Su personal flamenco de alta tensión seduce y focaliza en él todas las miradas y atenciones. Su cuerpo, de donde emana esa vibrante energía, es un libro abierto, la invitación a un trance, a una posesión flamenca poderosa e irresistible.
No hay en Tentativo un tema claro ni identificable pero sí una dramaturgia, un secuencia lógica de acontecimientos, todos articulados alrededor de su figura. Es loable, comprensible y generoso que dentro del espectáculo, el creador haya querido dar espacio a cada uno de sus bailarines. Lo merecen. Y ese bloque compacto de solos y duetos nos desvela un coreógrafo arriesgado, que rompe pero no trasgrede, que sabe mantenerse dentro de las coordenadas del flamenco pero también tomarse libertades propias del contemporáneo. Un solo bellísimo y original con mantón de Manila, un dueto que echa a los bailarines al suelo, un lugar siempre temido y rehusado por los bailaores, un solo de flamenco descalzo… Lo que ocurre es que ese bloque parece ajeno a la dramaturgia y a lo que nos venía narrando. Está descolgado del todo y parece más un entremés, un añadido externo. Es obvio que no supo calzarlo dentro de la propuesta, y esa incapacidad resiente la estructura. Y no es que esté mal. En sí mismo, es muy eficaz y revelador, y una oportunidad de conocer a su excelente y comprometido equipo, pero parece un apartado, un intermedio foráneo, un añadido incapaz de sumarse al todo...



