CUERPOS ORBITANTES
‘Euforia’ es coreografía enigmática alrededor de una esfera sideral, ideada por Igor Calonge para su compañía Cielo rasO. Fuimos a verla esta mañana en la XXXII edición de dFeria y esto nos ha parecido…
Texto_OMAR KHAN Foto_GORKA BRAVO
San Sebastián, 16 de marzo de 2026
Esta mañana sonaron a todo volumen los acordes de El Danubio Azul, de Strauss, en la oscura sala de Gaszteszcena, en Donostia. Al abrirse el telón, buena parte del escenario está ocupado por una enorme esfera sideral. Conectamos de inmediato con el ámbito de la ciencia ficción y el Stanley Kubrick de 2001, una odisea espacial. Euforia, la nueva creación del coreógrafo vasco Igor Calonge para su compañía Cielo rasO, programada en la trigésimo segunda edición de dFeria, no es exactamente futurista pero alguna conexión cosmológica tiene con sus cinco bailarines orbitando frenéticos alrededor de esta esfera durante una hora de energías desbordadas, juegos de equilibrio-desequilibrio e inercia y acción, dentro de una danza de alta tensión que trata asuntos humanos en un contexto cósmico.
No la vemos pero la sentimos. Hay una fuerza gravitatoria que emana de esta gran bola hipnótica, que parece alterar el comportamiento de un grupo de humanos danzantes, a veces perdidos, que desfallecen alternativamente y parecen quedar a merced de la manipulación de los otros. Buscan el equilibrio, el camino recto e intentan que una taza de café –un ingenioso leit motiv a lo largo de toda la representación- no se desborde ni se derrame. Son cuerpos en lucha constante e incansable contra una fuerza invisible, una adversidad que parece querer doblegarles. La situación es de ciencia ficción (al final del todo, la esfera se desvela planeta) pero la metáfora es la de nuestra lucha diaria y muy terrenal por mantener el equilibrio en un mundo desequilibrado, por evitar que la frágil taza que quizá contiene nuestras vidas y deseos, nuestros sueños y anhelos se derrame, se pierda.
Hay mucha sensibilidad en Euforia, mucho cuidado en los detalles pequeños. El título encaja con el subidón constante de estos cuerpos frenéticos en emergencia, cuerpos en estado de alta tensión entregados a acciones obstinadas y repetitivas alrededor de la esfera, o en el otro extremo, cuerpos que sin más caen derrotados e inertes, y son manipulables y manipulados por los demás. Calonge, sin ser explícito, desarrolla algo perturbador e inescrutable a lo largo de la pieza.
Es difícil mantener este nivel de tensión durante una hora. Y de hecho, la coreografía flaquea y empieza a mostrar signos de agotamiento hacia el final, cuando baja la guardia y se hace más humana, quizá más obvia, con imágenes más propias de la danza teatro como la de esa novia embarazada y su pareja fumando un puro. Pero esos momentos no enturbian ni perturban el efecto del todo, la fascinación que produce ver a este equipo portentoso de estupendos bailarines orbitando alrededor de una esfera enigmática que por momentos, con sus cambios de color y temperatura, parece ejercer su influjo también en nosotros, los espectadores sentados al frente de este universo fascinante.



