PORNOGRAFÍA INSPIRACIONAL
Vero Cendoya nos invita a repensar cómo miramos y cómo aplaudimos a las personas con discapacidad denunciando el paternalismo que las rodea, en su nuevo trabajo, en cartelera hasta febrero en el Teatre Nacional de Catalunya. Hablamos con ella...
Texto_JUDIT GALLART
Madrid, 16 de enero de 2026
La creadora catalana Vero Cendoya tendrá hasta el 01 de febrero en el Teatre Nacional de Catalunya (TNC), de Barcelona su nueva creación Una brillant imperfecció (o mort d’un pianista), con la que profundiza en el cuestionamiento de relatos paternalistas en torno a la discapacidad. Personas sordas, con Síndrome de Down, parálisis cerebral y autismo se suman a tres bailarines de la compañía que desde hace 18 años lidera Cendoya, cuyo impulso inicial parte de un objetivo concreto.
“Hay algo urgente que tratar y es que el problema no es la discapacidad en sí, sino la forma en que tratamos a las personas con discapacidad” nos relata la creadora. “Creemos que una persona en silla de ruedas, si pudiera, elegiría andar, pero no siempre es así. Hay gente muy orgullosa de su condición”, nos adelanta sobre esta coreografía que se ha visto inspirada en los escritos de Eli Clare, autor queer con parálisis cerebral que reivindica la no homogeneización social y el derecho a la no cura.
Uno de los ejes conceptuales de este trabajo con el que la catalana pone cierre a la trilogía que comenzó con Cicatrius y que continuó con Kebo, es precisamente la crítica frontal a la “pornografía inspiracional”, término que atraviesa su discurso y su práctica artística con el que, inyectando una potente dosis de humor, cuestiona aquellos relatos en los que se presenta a las personas con discapacidad como ejemplos de superación diseñados para tranquilizar al espectador normativo. En ese sentido, su trabajo se sitúa deliberadamente en contra del aplauso fácil y del relato edificante, algo que vincula directamente con esa mirada paternalista todavía tan presente no solo en el sector artístico, sino también en el resto de la sociedad.

¿Campeones?
“Se aplaude y se llama campeones a personas con discapacidad desde una supuesta bondad pensando que esas cosas les hacen bien, pero en realidad es algo que merma mucho su vida diaria porque lleva implícito el mensaje de que se espera muy poco de ellos”, reflexiona. Desde ahí, el enfoque de la pieza se vuelve profundamente revolucionario, no por el gesto grandilocuente, sino por la insistencia en la horizontalidad, rechazando explícitamente esos discursos de superación y heroísmo. Lejos de insistir en una mirada compasiva, la creadora desmonta uno de los mecanismos más persistentes en la representación de la discapacidad: la pena.
“La pena es la herramienta más efectiva para destruir a una persona”, recuerda. Frente a esa constatación, la pieza propone un giro radical: aceptar que la imperfección es compartida. “Aquí todo el mundo, en un momento dado de su vida, le da pena a alguien, lo que supone que somos penosos para alguien. Relajémonos en nuestra imperfección y celebremos”.
Hoy, su motor creativo está claro. “Transformar la mirada del espectador, que creo que es lo más importante”. Para Cendoya, la cultura no es un espacio neutro, sino una herramienta de cambio real. “Creo fielmente que la cultura puede cambiar la sociedad y yo intento contribuir a ello desde mi pequeño terreno, y eso pasa por hacer que las personas que no tenemos discapacidad conozcamos a las que sí tienen”. Desde ese convencimiento, Una brillant imperfecció (o mort d’un pianista) se presenta no solo como una propuesta escénica, sino como una invitación directa a repensar cómo miramos, cómo aplaudimos y desde dónde construimos la idea de normalidad.






