NO PASA NADA. PUEDES RESTREGAR LA CACA DE TU PERRO EN NUESTRA CARA
Llama la atención que una de las piezas que este fin de semana baila el Ballet de Hessen en el Mercat de les Flors sea de Marco Goecke, el creador que humilló a una crítica alemana. Reflexionamos sobre el asunto…
Texto_OMAR KHAN
Madrid, 14 de enero de 2026
Con un programa triple debuta este fin de semana en el Mercat de les Flors el Ballet Estatal de Hessen. Entre las tres obras a bailar en la casa de danza de Barcelona, una llama la atención: Midnight Raga, de Marco Goecke (en la foto), no tanto por la pieza en sí misma como por su autor, el coreógrafo que en febrero de 2023 saltó a los titulares de medios de todo el mundo por un insólito e injustificable incidente: restregó caca de su perro salchicha Gustav –que murió hace más de un año- en la cara de la crítico de danza Wiebke Hüster, del rotativo Allgemeine Zeitung (FAZ), porque no le había gustado una crítica que ella había escrito sobre una coreografía suya. Para mayor humillación, ocurrió a la vista de todo el mundo durante el intermedio de una función, cuando el creador alemán era director del Ballet de la Ópera de Hannover, cargo recientemente ocupado por el coreógrafo español Goyo Montero.
Es verdad que la directiva del Ballet de Hannover le despidió de forma fulminante. Que el artista pagó una elevada multa por el agravio. Que días después pidió perdón públicamente. Que, avergonzado, confesó que estaba emocionalmente bajo cuando lo hizo. “Ha sido el mayor error de mi vida y no es fácil de justificar”, alegó. Y todo ello está bien, es lo menos que se esperaba tras una agresión tan desproporcionada y mediática. Se daba entonces por hecho que el incidente supondría el fin de su carrera, una trayectoria con más de 90 coreografías, muchas de ellas de un –indiscutible- altísimo nivel.
No obstante, al poco tiempo muchas compañías, principalmente europeas, siguieron bailando sus obras y algunas, como Los Ballets de Montecarlo, le hicieron el encargo de un nuevo trabajo, en lo que parecía un lavado de imagen, una especie de borrón y cuenta nueva, que culminó en verano del año pasado cuando fue nombrado director artístico del Ballet de Basilea, cargo que ocupa actualmente. Benedikt von Peter, de la junta directiva del colectivo suizo, al momento del nombramiento, lo elogió como un "artista excepcional que merece una segunda oportunidad".
Estamos en desacuerdo. No la merece. Ciertamente se trata de un artista excepcional, porque es una verdadera excepción que un creador agreda y humille a una periodista de esa manera y que en menos de dos años, sus obras se sigan bailando como si nada y se le premie con la dirección artística de una institución europea de renombre. La decisión del nombramiento, que fue alabada y cuestionada a partes iguales, deja muchas interrogantes. A Goecke se le presentó como humilde y arrepentido por su acto de absoluta arrogancia y aires de superioridad. Se podría pensar también que el Ballet de Basilea con esa decisión envía un mensaje a todos los medios y críticos de danza: cuidado con lo que vayáis a decir de nuestras creaciones porque ya sabéis lo que os puede pasar.
La calidad de una obra no debería tener nada que ver con el comportamiento mundano de su autor. Después del suicidio del coreógrafo Liam Scarlett, tras ser acusado de abusar sexualmente de estudiantes del Royal Ballet, sus obras, que coherentemente fueron vetadas en su momento por muchas compañías que las tenían en repertorio, han ido reapareciendo en sus programas. Y tiene lógica porque el creador ha muerto y sus aportaciones, que no están relacionadas con sus actos, merecen ser preservadas. No es el caso de Goecke. La impresión que da es que se le ha premiado por su arrogancia y envía el mensaje equívoco de la impunidad moral, deja entrever que no pasa nada. Que a esos críticos que critican hay que restregarles caca de perro en la cara.
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