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EL DELIRIO ERÓTICO DE MARINA ABRAMOVIĆ SACUDE EL LICEU

El pasado sábado, la madre de la performance trajo a Barcelona su nueva e impactante producción ‘Balkan Erotic Epic’. Fuimos a verla y esto nos ha parecido…

 

 

Texto_OMAR KHAN Fotos_MARCO ANELLI

Barcelona, 26 de enero de 2026

La cálida ovación que un repleto Teatre El Liceu brindó la noche del pasado sábado a Marina Abramović tras el estreno de su nueva creación Balkan Erotic Epic (con funciones hasta el viernes 30) premiaba el riesgo que había asumido la casa programando este delirio erótico balcánico cuando ni siquiera se había estrenado. De hecho, tras su premier mundial en Manchester en octubre pasado, Barcelona es la segunda ciudad de una lista limitada en recibirlo, que se completa con Berlín, Hong Kong, Luxemburgo, Nueva York y poco más.

La buena sintonía entre el Liceu y la madre de la performance viene de lejos. En ese escenario se vio Vida y muerte de Marina Abramović, en 2011, del recientemente fallecido Bob Wilson, y más tarde, en 2023, ya con dirección de Abramović, Las siete muertes de María Callas. Pero eran espectáculos más complacientes, en sintonía con casas de ópera como El Liceu. No como Balkan Erotic Epic.

Inclasificable, se trata de una visión personal y personalizada (incluye a su madre como personaje) de un compendio de rituales, costumbres y creencias balcánicas relacionadas con el sexo -con lo genital específicamente-, que se despliega sobre el escenario desde distintas formas, destacando lo performático, desde luego, que se manifiesta principalmente en lo contemplativo, en esa larga y lenta duración de las escenas, aún cuando las cuatro horas sin intermedio anunciadas, se quedaron finalmente en tres. Pero toma forma de danza –contemporánea o folclórica- en algunos pasajes, de ópera en muchos momentos, de fiesta popular en otros, de teatro por supuesto… todo con aires rurales y contemporáneos a un tiempo, resultando un híbrido. Exigente, nada fácil, pero ciertamente fascinante.

Referencias hay muchas. A ciertos modos de la performance, que la misma Abramović ha venido cultivando y profesando desde hace décadas hasta esta nueva forma escénica, en principio contradictoria con los postulados mismos de lo que ella predicaba cuando era enemiga acérrima de los artificios del teatro. También a Bob Wilson y su fascinación por la quietud, por el valor de la imagen, la belleza y la composición escénica.

 

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Otras referencias

Por momentos, su manera plana y cotidiana de mostrar el sexo nos recuerda al neorrealismo erótico de Pier Paolo Pasolini en su trilogía de la vida. Echa mano de recursos como el cómic, con el que resuelve e ilustra rituales insólitos como ese de la poción compuesta de vellos púbicos y sangre menstrual que la mujer debe hacer beber a su marido para que la quiera para siempre. Pero también, inevitablemente, nos recuerda al cineasta serbio Emir Kusturica, quizá por nuestra ignorancia balcánica. Aunque hay que reconocer que, terminado el espectáculo, queda la sensación de que sabemos más de Los Balcanes de lo que creíamos.

Balkan Erotic Epic está estructurado en diez cuadros. Cada uno reproduce, desde una poética personal, un ritual del mundo rural balcánico relacionado con el sexo. Los hay del siglo XIV y los hay del XX, aparecen unas figuras ancestrales -que cierran la propuesta, en el momento más lírico, teatral y bello de todo el espectáculo- y los hay que ocurren en la kafana, taberna balcánica típica, donde se produce la (imaginada) liberación erótica de su madre Danica, (re)presentada como una obsesa religiosa y una militar en guardia, fiel al Mariscal Tito, el artífice de aquella Yugoslavia en la que Abramović nació y es un lugar que ya no existe.

Las costumbres idealizadas en el escenario son del todo curiosas. Van desde esas mujeres que aplacan la lluvia tormentosa chillando y mostrando sus vaginas al cielo, todo un alegato al poder de la vulva, hasta la boda negra, en la que el cadáver de un joven muerto soltero es casado pos-mortem con una chica del pueblo, pasando por ese baile con esqueletos en el cementerio, ritual largo y macabro, en el que lloran a sus maridos desparecidos en la guerra o en eventos catastróficos.

Marina Abramović, que lleva años investigando el folclor balcánico relacionado con el sexo, ha insistido mucho en que hemos perdido la noción del erotismo y hoy todo lo relacionado con el sexo lo vinculamos a la pornografía. Es un reclamo lícito porque su propuesta es tremendamente erótica, sí, pero exenta de la vulgaridad pornográfica. Hay desnudos, hay un vídeo que muestra un coro masculino con los penes erectos al aire, hay necrofilia… pero también hay belleza en esas imágenes, hay una conexión con lo más primitivo, con los ancestros, desde una puesta en escena impecable, con imágenes muy potentes que avanzan ceremoniales de un cuadro a otro, estimulando la imaginación erógena.

 

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Aires ancestrales

Cuenta Balkan Erotic Epic con más de setenta artistas en escena, entre músicos, cantantes, bailarines, actores y performers, incluida Abramović que aparece fantasmal en Ancestros, ese último cuadro que, en plena nevada, casa lo más primitivo y primigenio, como nuestros instintos sexuales, con la modernidad y la civilización. Abunda la danza, oscilando entre la contemporánea y la folclórica, creada por el coreógrafo albanés Blenard Azizaj, quien ha trabajado para Sasha Waltz o Akram Khan, y aparece aquí también como intérprete y partner de Abramović. Su danza demuestra que ha entendido esa confrontación entre lo rural, lo ancestral y lo contemporáneo requerido por la propuesta.

Lo performático propiamente dicho recae en dos portentosas presencias: Elke Luyten, que hace las veces de anfitriona, guía y narradora, dotada de un humor malévolo, y Maria Stamenković asumiendo el rol complejo de Danica, la madre de Abramović, el único personaje común a todos los episodios, que atraviesa los diez cuadros. Los vídeos y las animaciones ayudan a la fluidez del discurso, y la música en directo, con notables cantantes, aporta ese tono operístico que planea por toda la propuesta, sin llegar a decantarse.

Balkan Erotic Epic habla del sexo desde una postura natural y desenfadada, que invita a pensar sobre los tabúes que tenemos y las licencias que, como trampas, nos permitimos amparados por folclor, tradiciones y costumbres de otros tiempos, de otras gentes y lugares. Se trata también, y esto es importante, de una propuesta profundamente feminista.

Queda poco de la artista desafiante y radical que generaba discursos desde su cuerpo expuesto sin artificios en esta señora distante y elegante, de casi ochenta años, que promociona una línea cosmética de productos para el cuidado de la piel, y es hoy reverenciada y programada por el mismo establishment teatral que otrora atacaba. Pero, vista Balkan Erotic Epic, queda mucho de toda esa experiencia, de esa sabiduría experimentada, nunca mejor dicho, en carne propia. Le damos ahora la bienvenida a una nueva y portentosa directora escénica, que nos llega con el bagaje de todo lo vivido y aprendido. Que no es poco.

ARTÍCULO RELACIONADO MARINA ABRAMOVIĆ / TEATRE EL LICEU 

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