EL DIELMA DE TAMARA ROJO CON DONALD TRUMP
El mandatario se autoproclamó presidente y puso su nombre al Kennedy Center. Ahora crece la presión para que la española suspenda las funciones allí del San Francisco Ballet que dirige. Te lo contamos…
Texto_REDACCIÓN
Madrid, 12 de enero de 2026
Donald Trump se autoproclamó presidente del Kennedy Center Memorial For Performing Arts, relevante casa de ópera y ballet de Washington, le cambió el nombre por el Trump Kennedy Center y designó como director a Richard Grenell, uno de los hombres fuertes de su gobierno involucrado en el hostigamiento de Estados Unidos a Venezuela. ¿Qué hace un político activo en serios asuntos de Estado al frente de una casa de teatro y ballet? Básicamente desterrar del centro lo que el presidente llama cultura woke. Ese es su encargo, por lo que poco importa si sabe o no de artes escénicas.
Las reacciones, desde el lado artístico, han empezado a sucederse. Trascendió esta semana que la Ópera Nacional de Washington se prepara para dejar la institución y busca escenarios alternativos en la capital norteamericana en teatros que no estuviesen políticamente contaminados. “Esta decisión se centra en hacer lo mejor para la WNO de cara al futuro para una transición amistosa”, ha dicho la institución en un comunicado que supone la interrupción de 55 años continuos de presentación de óperas en esta casa.
En los últimos meses, más de una docena de artistas y organizaciones han cancelado presentaciones o roto vínculos con el otrora Kennedy Center. Entre ellos se encuentran el banjista ganador del Grammy Bela Fleck, quien se retiró de sus próximos conciertos con la Orquesta Sinfónica Nacional o la compañía de danza de Doug Varone. La nueva programación del centro ha priorizado eventos afines a la derecha religiosa y artistas cristianos, al tiempo que se suspendían presentaciones de temática LGTBI que estaban programados. En paralelo, van creciendo las voces que piden al San Francisco Ballet, que dirige la española Tamara Rojo, que suspenda las presentaciones que tiene programadas en esa casa.

Dilema
La compañía tiene previstas funciones del 27 al 31 de mayo, donde representarán la coreografía Mere Mortals (en la foto), de Aszure Barton, sobre los peligros de la IA, que fue un indiscutible éxito de la directora española tras su estreno en San Francisco. Las entradas para las funciones en Washington se comienzan a vender en febrero y crece la presión para que el colectivo californiano suspenda. Desde la compañía, por ahora, no se han pronunciado.
La iniciativa de rebelión ha sido impulsada desde change.org que pide a la agrupación que se posicione y no actúe porque corre el riesgo de alinearse con una institución que gozaba de libertad artística y ha sido abiertamente politizada desde el gobierno. A este dilema se enfrenta ahora mismo Tamara Rojo.
Las últimas semanas han sido un terremoto en el otrora Kennedy Center. Al día siguiente del anuncio de Trump, unas grúas llegaron con las nuevas letras para la marquesina de entrada (obviamente encargadas mucho antes del anuncio) que anteponían el apellido del presidente actual, dejando al centro con su nueva denominación The Donald Trump and John F. Kennedy Memorial Center for the Performing Arts como acredita la foto que abre esta información.
La danza, siempre sospechosa de woke, empezó a sentir el peso de la nueva denominación nada más llegar Grenell. Jane Rabinovitz, directora del área de ballet desde 2013 y su equipo, fueron fulminantemente despedidos. En su lugar, Stephen Nakagawa, exbailarín del Washington Ballet, asumió el rol. Nada extrañó este nombramiento al equipo saliente, que conocía la carta que éste había enviado días antes a Grenell, lamentando las ideologías de izquierdas radicales y el auge de la cultura woke que, según él, se había apoderado del ballet en la capital.
El caso del Kennedy Center enciende las alarmas pues podría ser el inicio de un control férreo del arte y la cultura norteamericanas, que siempre se han caracterizado por ejercer en absoluta libertad creativa e ideológica, y podrían verse abocadas a alinearse con el pensamiento conservador imperante para poder subsistir, en lo que supone un claro ataque a las libertades en el país del norte.






