LA CALDERA: FUTURO
Lo que está por venir, lo determinará el rumbo que coja este mundo ahora desbocado y en transformación. Sin embargo, en La Caldera se están tomando previsiones…
Texto_OMAR KHAN Foto_JOAQUÍN PONCE DE LEÓN / NATALIA BENOSILIO
Madrid, 24 de diciembre de 2025
En entrevista cedida a la edición digital de esta misma revista, la sevillana María González, actual presidenta de FECED, la Federación Estatal de Asociaciones de Compañías y Empresas de Danza, reflexionaba sobre la importancia de las residencias en la internacionalización de nuestra danza. “Las residencias artísticas tienen que ir más allá de la cesión de un lugar para trabajar”, comentaba, “porque los espacios que las otorgan tienen una capacidad de crear alianzas institucionales que una compañía no. Debe existir esta voluntad de poner en contacto a los artistas con otras entidades, generar acuerdos internacionales, crear una red que pueda conectar a las compañías con grandes organizaciones de fuera. Una compañía sola no puede pero las instituciones sí. Esto también es internacionalización y no solo vender piezas. En este sentido, yo creo que las residencias de La Caldera deberían ser un modelo a seguir por todo el Estado español”.
Más que un halago, que lo es, la reflexión pone de relieve cómo desde este centro de creación de Barcelona se están dando pasos que podrían suponer un modelo que ofrece salida y auxilio, ya no solo para sus residentes, sino para todos los creadores de este país, incapaces de impulsar por sí mismos sus proyectos más allá de su Comunidad Autónoma, un problema que es hoy acuciante en un país que produce más espectáculos que los espacios y oportunidades que tiene para exhibirlos. Pensar cómo debería ser una casa de la danza como La Caldera en el futuro es otra preocupación actual de Javier Cuevas.
“Este mismo mes de noviembre, enmarcado en las actividades de los 30 años de La Caldera, pondremos en marcha Imaginative Choreographic Center, una iniciativa en la que invitaremos a mucha gente del sector a imaginar cómo debería ser la casa de la danza del futuro”, nos adelanta.

Nuevos contextos
Admite que vive el presente pensando todo el rato en el futuro. De La Caldera, sí, pero también de la danza. “Para mí el futuro pasa por inventar nuevos contextos para artistas referenciales, pasa por imaginar una casa de la danza como un espacio donde practicar nuevas formas de convivencia, de paz y salud a través de la danza, pasa por consolidar a La Caldera como un lugar de referencia en Cataluña, España y Europa… porque podemos aportar una visión crítica y muy enriquecedora a la política cultural de la danza en el continente”.
La Caldera ha escrito ya un capítulo que la coloca por derecho en el devenir histórico de la danza contemporánea catalana. Su inicio, impulsado por la necesidad de nueve compañías por tener un espacio, devino en un servicio. Se convirtió en un centro de ebullición y un soporte para la creación y los creadores. Y sigue escribiendo su historia, inventando cómo adaptarse a la velocidad de los tiempos que vivimos. Mira al futuro, mientras deja huella en el presente y emociones imborrables del pasado.
Sería imposible recopilar en detalle todas las aventuras artísticas que allí se han vivido, y mucho menos pasar revista a las experiencias humanas. Montse Colomé, miembro fundadora y un pilar de la danza catalana, que se ha jubilado y ha dejado de pertenecer oficialmente porque cree que es el tiempo de las nuevas generaciones, se lleva recuerdos y momentos que nunca dejarán de estar vivos en ella.
“En la terraza de Gràcia hicimos muchísimas fiestas. Yo la utilicé para celebrar mi 50 aniversario y lo hice allí con 50 mujeres que habían compartido vida artística y personal conmigo. Hice una coreografía y lo celebramos con una fideuá fantástica. Al cabo de quince años celebré mis 65 con un solo que aun sigo bailando”, nos relata.
“Y allí, en la Sala Cero, también hicimos la despedida de mi hermano Delfín Colomé [diplomático y pensador de la danza, que fue colaborador de susyQ en sus primeros años]. Él murió en Corea y sus cenizas nunca retornaron, se quedaron allá, pero le hicimos una gran despedida con Carles Santos al piano, con la danza de Francesc Bravo… lo recuerdo y me emociono tanto. Y todos estos grandes momentos de mi vida han estado vinculados a La Caldera”, concluye.






