ELLAS. ELLOS. TODOS
La Compañía Nacional de Danza triunfó anoche en La Zarzuela con ‘NumEros’, un triple programa que exaltó el neoclásico de Balanchine, Godani y Forsythe. Fuimos a verlo y esto nos ha parecido…
Texto_OMAR KHAN Fotos_ALBA MURIEL
Madrid, 12 de diciembre de 2025
Anoche, en un Teatro de la Zarzuela abarrotado, Muriel Romero se apuntó su primer éxito sin puntos débiles como directora artística de la Compañía Nacional de Danza (CND). Su programa NumEros, ya de entrada, lucía lógico y coherente al ofrecer tres piezas que, de alguna manera, daban cuenta de la perfección matemática del ballet, arrancando con un título y autor claves: Serenade, de Balanchine (en la foto), para dejar paso a otro gran rupturista, el William Forsythe más lúdico y divertido, colocando entre medias, a Giacopo Godani, un autor contemporáneo menos estrella aunque, con su propio estilo, vino a reafirmar la vigencia y alcances de los dos anteriores. Pero diseñar un buen programa no basta. Lo importante es cómo lo bailas.
Ahora lo sabemos, las tres piezas encajan perfectamente en las capacidades del actual equipo de bailarines de la compañía. Mostrar su valía como grupo era un objetivo sospechado, al escoger coreografías principalmente corales, diseñadas para gloria del conjunto más que de las individualidades. De Balanchine, una pieza femenina de gran delicadeza. De Forsythe, un delirio masculino, al tiempo que Godani nos dejaba ver la fuerza interior de la agrupación en pleno. Un tríptico con espacio para ellas, ellos y todos.
Serenade es eterna porque la belleza, cuando es auténtica, no se oxida ni tiene fecha de caducidad. La primera obra creada por Balanchine en Estados Unidos, en 1934, es un prodigio de composición coreográfica sin tema alguno, que solo quiere ser bella, emocionante y complaciente. Las bailarinas de la CND, salvo alguna despistada por ahí, defendieron con brío una obra que deposita en ellas (aunque hay un solista varón y cuatro soportes masculinos accesorios) toda la responsabilidad. Llena de entradas y salidas, de grandes movimientos escénicos, entrelazamientos imposibles, complejísimas combinaciones, difíciles imágenes congeladas, unísonos perfeccionistas, cánones milimétricos y esas cadenetas humanas tan características de su autor, la obra lució potente y elegante en los cuerpos de las bailarinas de la CND que resolvieron con solvencia la exigente simetría y esa gran complejidad que supone la musicalidad de los cuerpos, muy bien acompañados desde el foso por la batuta atenta de Manuel Coves al frente de la ORCAM.

Oscuros dorados
Los trajes dorados, festivos y brillantes de Echoes from a Restless Soul, una coreografía que Giacopo Godani estrenó en 2016 con la Dresden Frankfurt Dance Company (la que antes fuera la Forsythe Company) contrastaron con la oscuridad explícita de una obra compleja que se alinea con el espíritu enigmático de Gaspard de la Nuit, crispada composición para piano solo de Ravel, tocada en directo por Gustavo Díaz-Jerez. En las formas de este trabajo se verifica (y mucho) la huella de Forsythe y un poco también la abstracción por la que abogó en su momento Balanchine, en lo que de alguna manera pareciera ser la verificación de la influencia de estos creadores en el ballet de hoy. Aunque arropada por momentos corales de gran belleza, la obra se concentra más bien en exponer las complejidades y dificultades del paso a dos, en un par de intervenciones virtuosas y muy acertadas, en tanto que esas formas perfeccionistas se colocan aquí al servicio de una atmósfera y unos sombríos paisajes interiores, que en realidad son la clave de su eficacia.
Resultaba un poco extraño que después de un segundo intermedio, quedara por ver una obra de apenas diez minutos para acabar pero, una vez vista Playlist (Track 1 y 2) (en la foto), se entiende perfectamente, porque es un magnífico golpe de efecto y cierre para el programa NumEros, que hace que la velada termine cercana a las nubes. Se viene arriba el estupendo equipo masculino de la compañía y se viene arriba el público, con esta miniatura delirante, obra inequívoca e hija legítima de William Forsythe (creada en 2018, para el English National Ballet), en la que reafirma su máxima de que el ballet puede ser divertido, grandilocuente y moderno. Se ven tan cómodos y tan felices los bailarines haciendo esta travesura coreográfica que cruza con ingenio ballet virtuoso y pop de andar por casa, que resulta imposible no contagiarse del entusiasmo que emana hacia la platea. El final abrupto es una pasada.
NumEros permanecerá en el Teatro de la Zarzuela, de Madrid, hasta el 21 de diciembre.
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