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MIRÓ PARA PEQUES

Tras más de dos años de funciones, MiraMiró, coreografía de Baal para niños pequeños, sigue activa. El Mercat de les Flors y Teatralia son sus inminentes destinos. Catalina Carrasco nos cuenta la aventura…

 

Texto_OMAR KHAN

Madrid, 28 de febrero de 2020

Son ya casi cien las funciones de MiraMiró. Muchas para una compañía pequeña como Baal, que dirige Catalina Carrasco junto a Gaspar Morey, en Mallorca desde 2014. Muy pocas si se compara con los nueve años consecutivos de El rey león, en la Gran Vía madrileña. En cualquier caso, los chicos de Baal no aspiran a tanto, aunque estos días tendrán un ritmo frenético de presentaciones equiparable. El fin de semana pasado la presentaron en la Quinta de los Molinos, de Madrid. Mañana y pasado, en el Mercat de les Flors, de Barcelona. De allí, a Figueres y Olot, para volver a la Comunidad de Madrid como parte del Festival Teatralia, que los llevará a teatros de la capital, Villanueva de la Cañada, Aranjuez, San Sebastián de los Reyes y Móstoles.

Ideada como una experiencia de danza y plástica para niños muy pequeños, MiraMiró deconstruye, fabula y baila la obra del celebrado pintor mallorquín. Apoyados en vídeos, tres bailarines interactúan, viven y conviven con los elementos característicos del mundo Miró. De naturaleza sensorial, la coreografía transcurre con placidez hipnótica para bebés absorbidos por un universo artificial de color, sonido y movimiento. Es un cambio radical en la línea conocida de Baal, que venía de Crotch, un espectáculo contundente que, cabalgando entre la danza y la performace, buscaba la visibilidad del colectivo LGTBI y su problemática, apostando por cuerpos desobedientes y disidentes alejados del estándar social impuesto.

En medio de las numerosas giras de MiraMiró, que se estrenó hace ya dos años y medio, Catalina Carrasco –coreógrafa, bailarina y performer- ha venido ideando su regreso a la línea combativa con Ginoide, pieza de aires futuristas recién estrenada, en la que baila con Morey, pareja artística y sentimental, y también el pequeño hijo de ambos, quien en realidad es el responsable de que MiraMiró exista.

¿Cómo pasa de una obra política a una propuesta de danza para niños muy pequeños?

El detonante fue mi embarazo. Veníamos de Crotch, una obra dura, muy intensa y muy política, un proceso muy cargado. Entonces las hormonas empezaron a actuar y solo quería algo suave, de colores y musiquita dulce. Tener un hijo es un cambio radical de vida que me pedía un cambio radical en lo profesional. Empiezas a plantearte, ya como madre, lo que quieres darle a tu hijo, lo que quieres compartir con él, y empiezas a darle a la cabeza. Nos lo planteamos desde el inicio para niños muy pequeños, de 4 a 7 años, es una edad interesante. Son neutros, no tienen influencias de amigos o maestros.

¿Y cómo fue el proceso? ¿Qué parámetros usó?

Me fijé mucho en la televisión, en lo que ofrecía la tele a los niños de esa edad, en lo que les cuentan los dibujos animados. Rápidamente noté que hay mucha velocidad, estridencia y violencia. Siempre está el contrapunto de un malo, lo que en sí mismo conlleva cierta agresividad. Sobre esa percepción, quisimos algo que fuera en sentido contrario. Una obra lenta, de música envolvente, de ambiente mágico, que tuviera un contexto más onírico.

¿Cómo “se incorpora” Joan Miró?

Miró apareció como esa contraparte que buscaba. Lo investigué a fondo y cuando lo tuvimos claro, fuimos a la Fundación Miró y nos cedieron los derechos. Es la primera vez que permiten manipular y diseccionar las obras del pintor. Nos dieron acceso a muchos materiales y con tanta información fue difícil la selección de las obras a usar. Buscamos las más simples, las más sencillas de desmontar, y nos quedamos con cinco trabajos que nos proporcionaban una especie de story-board con elementos muy claros que funcionaban como personajes y, aunque la propuesta es esencialmente abstracta, nos facilitaban la idea de un viaje con amigos: un gusano, una niña, un planeta y una araña, que curiosamente en el universo de Miró representa los genitales femeninos. No hay una narrativa lineal, cada niño ve lo que quiere ver. Es muy abstracto pero muy lúdico. Nos aferramos a estas imágenes y a partir de allí, creamos la pieza.

 

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Tras dos años y medio llevando MiraMiró a diferentes ciudades… ¿ha notado diferencias entre los niños de cada lugar?

Los que vienen en grupo con los colegios son más abiertos, libres y participativos que aquellos que vienen acompañados por sus familias. Hemos captado diferencias entre niños del norte y niños del sur, por ejemplo. Y hemos tenido esta experiencia el año pasado en el Festival Prisma, de Panamá, que fue reveladora en cuanto a diferencias de clase. Nos presentamos en el teatro de un colegio muy acaudalado. Hicimos una función para sus alumnos y al día siguiente, el festival invitó al mismo teatro a un colegio muy humilde de la ciudad. Estos niños, con su cara de asombro ante aquel colegio, con su risa franca, su comportamiento ejemplar y su manera de ver el espectáculo, ha sido de las experiencias más emocionantes vividas con MiraMiró.

Han pasado más de dos años entre Miramiró y su nueva creación Ginoide, estrenada el pasado otoño en Mallorca…

Los procesos son así. Nos echamos un año creando una pieza, la estrenamos, y hasta pasado un año no empieza a moverse. El sistema es lento pero nosotros también.

¿Y hacia dónde apunta Ginoide?

Es la historia de un hombre que, en un futuro cercano, digamos 2029, está metido de lleno en un círculo capitalista neoliberal hasta que entabla una relación con un robot sexual. Aparece entonces un niño nacido de esa relación y es una situación que te reconecta con la pregunta sobre qué pasa con nuestra humanidad en un ambiente altamente tecnológico. Tuvimos como referentes las películas de ciencia ficción futurista, y siguiendo los principios de Crotch, la idea del cuerpo político, el papel del cuerpo en el mundo neoliberal.

MiraMiró podrá verse en: Mercat de les Flors (Barcelona). 29 de febrero y 1 de marzo. Sala La Cate (Figueres). 7 de marzo. Teatre Principal (Olot). 8 de marzo. Dentro del Festival Teatralia (Comunidad de Madrid): Centro Cultural La Despernada (Villanueva de la Cañada) 6 de marzo. Sala Cuarta Pared (Madrid) 10 y 11 de marzo. La Nave del Cambaleo (Aranjuez) 13 de marzo. Teatro Adolfo Marsillach (San Sebastián de los Reyes) 15 de marzo. Teatro del Bosque (Móstoles). 22 y 23 de de marzo.

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