dacil

BAILARINA

Ganadora del Premio Nacional de Danza 2019, Dácil González reivindica con convicción el papel del intérprete. Musa de Daniel Abreu, bailará La desnudez en el Mercat de les Flors esta semana

 

Texto_OMAR KHAN Foto_THEO STAMIATADIS

Madrid, 27 de enero de 2020

Rara vez un intérprete de contemporáneo se hace con el Premio Nacional de Danza, máximo galardón oficial que siempre ha parecido favorecer a las grandes luminarias del ballet y el flamenco o inclinarse por bailarines que a la vez sean coreógrafos. Por eso sorprende la edición 2019, que merecidamente ha premiado a Dácil González, bailarina canaria de larga trayectoria que, en plena madurez, es habitante privilegiada del personalísimo mundo de Daniel Abreu, su coreógrafo habitual, con quien ha estrenado en 2017 el emocionado dueto La desnudez, por el que ha obtenido el importante galardón. Éxito desde su estreno, sigue girando y los días 31 de enero y 1 y 2 de febrero llega al Mercat de les Flors, de Barcelona.

Para los seguidores de la danza contemporánea local la figura elegante de Dácil González aparece cincelada en la memoria. Es un imán para la mirada, una presencia escénica siempre soberbia, sea cual sea el rol que interprete. Estudió en Las Palmas donde nació. Hizo danza clásica porque no había más pero, cosas de las islas, por su escuela pululaba hasta Mónica Valenciano, pionera de la vanguardia más rabiosa. Y ella fascinada. No dudó en venirse a Madrid, en 1996, a hacer no sabía muy bien qué, según sus palabras. Se inoculó danza por las venas. Estudiaba contemporáneo en Carmen Senra, no salía de la Sala Cuarta Pared, lo veía y leía todo (es suscriptora de susyQ desde el número 1), le salpicaba de cerca el boom de la danza contemporánea en la capital. Y no tardó en participar. Doce años pasó en 10&10 Danza, con Mónica Runde y Pedro Berdäyes, bailó para Arrieritos, Chevi Muraday, Iker Arrue… hasta que en 2008 Daniel Abreu, cauteloso como es, indagó si a ella le interesaría participar en Equilibrio, la coreografía que entonces tenía en mente. “No lo dudé. Estaba emocionada”, hoy rememora la galardonada bailarina.

¿Cómo sienta el Premio Nacional de Danza?

Cuando me llamaron no me lo creía. No se… los premios van a alguien más conocido, a artistas que tienen acceso al gran público. Pensé en mi generación, en bailarines que tienen una trayectoria parecida a la mía y extrapolaba el premio a ellos. No ocurre que nos den premios a los que hacemos danza contemporánea y quizá por eso, me pareció más bien un premio general, un reconocimiento a todo un sector que usualmente es menos visible.

¿Qué espera de un coreógrafo?

Siempre trabajé con gente a la que le gustaba. Si acepto trabajar con un coreógrafo me comprometo, le hago saber que soy su instrumento y voy a respetar su manera de contar. Eso a mí me nutre, me permite ir a sitios distintos o ponerme en situaciones que, agradables o no, me permiten aprender cosas de mí misma. Yo en el escenario soy capaz de hacer cosas que no haría nunca en mi vida.

¿Nunca le interesó coreografiar?

Hay coreógrafos que dentro de su propuesta te dejan hacer y eso me gusta, aportar. Alguna vez me hice un solo pero no es mi inquietud. Como bailarina disfruto el proceso, el escenario, las funciones pero sobre todo aprender… yo seré la eterna estudiante, siempre quiero aprender más.

¿Y dar clases?

No me gusta. Yo veo muchos bailarines que dan clases y se lo toman a la ligera. He dado clases y lo he disfrutado pero me pone nerviosa, es una responsabilidad enorme. Ocurre que te ven raro si bailas y no das clases pero yo reivindico el papel del intérprete. Desde el otro lado, soy muy selectiva a la hora de elegir con quién quiero tomar clases y no me gusta cualquier clase. A veces prefiero irme al gimnasio porque es lo que es, y ya lo sabes.

¿Cómo ha sido su experiencia al lado de Abreu?

Las piezas con Dani son especiales. Son las últimas que he hecho y a lo mejor por eso las tengo tan presentes, por eso me llena de orgullo que el Premio Nacional de Danza explícitamente cite La desnudez. No fue fácil, soy muy payasa, y en esta obra Dani me llevó hacia algo más serio, una obra más profunda, un trabajo que es más interior que físico, más crudo. Tardamos. Estuvimos dos años trabajando en ella.

¿Y en general le ha sido fácil entrar en el imaginario de Daniel Abreu?

Para mí es un acto de fe. No necesito saberlo todo para entrar en el mundo que me propone. Hay coreógrafos que cierran sus trabajos pero con Dani no ocurre, nunca hay nada cerrado el día del estreno, y no tengo ningún problema con que sea así. Es siempre un aprendizaje.

¿Cómo lleva su trabajo de repetidora en Lava, la compañía de Tenerife, que dirige Abreu?

Es una experiencia. Vienen los coreógrafos y yo estoy allí. No lo bailo pero vivo lo mismo desde fuera. Lo observo todo desde la tranquilidad. Ser repetidora resulta duro. Tienes al equipo, los conoces en sus fortalezas y sus debilidades, y has de guiarlos para que entiendan el trabajo del otro y para que luzcan lo mejor posible. Debes saber lo que el coreógrafo no les dice, y te enteras de lo que ellos no le dicen al coreógrafo. Estás en medio, es más complicado, pero me gusta, es un reto, un caramelo para mí.

Danza News

MADUIXA / DAVID VENTO

madui

LA DANZA TRIUNFA EN FETEN

La compañía valenciana Maduixa y el salmantino David Vento se llevan premios relevantes en Gijón

Leer más...
 

BALLET DE LA ÓPERA DE LYON

yorgos

LA ÓPERA DE LYON DESPIDE A YORGOS LOUKOS POR LA PUERTA DE ATRÁS

Tras la demanda de una bailarina, el que fuera director artístico del ballet de esa casa durante casi 30 años, ha sido cesado. Lee más…

Leer más...
 

LA CHACHI / TEATRO CENTRAL

chachi

BAILAORA PUNK

Con su gesto canalla, entre el rave y el flamenco, La Chachi llega al Teatro Central de Sevilla el 7 de febrero con su propuesta La espera

Leer más...
 
Volver