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EL DESAFÍO DE JOAQUÍN DE LUZ

¿Qué plan tiene el célebre bailarín para la CND que ahora dirige? Hablamos con él, se lo preguntamos y esto nos ha respondido…

 

Texto_OMAR KHAN 

Madrid, 25 de noviembre de 2019

Se encuentra Joaquín De Luz (Madrid, 1976) en los primeros puestos del listado tristemente largo de los que se fueron, una generación que se nos escapó por la falta de posibilidades para bailarines clásicos en España. Como tantos de ellos, De Luz ha sido hijo pródigo de Víctor Ullate, en cuya compañía brilló de 1992 a 1995. De él aprendió una lección que hoy recuerda más que nunca: lo más importante en un bailarín es la mente. “Dios te da las condiciones físicas pero sin la mente nunca llegarás”, vaticina. Lo sabe él que se fue a buscar lo que España nunca le iba a poder dar en las compañías más codiciadas que mantienen en ebullición el competitivo y voraz ámbito del ballet norteamericano.

Entró con papeles grandes como principal en una compañía más bien pequeña, el Pennsylvania Ballet, que le sirvió de puente para ser cuerpo de baile en una compañía gigante, el American Ballet Theater (ABT) neoyorquino, donde ingresó en 1997 como uno más y salió seis temporadas después como solista. Y llegó entonces el New York City Ballet (NYCB), el cañón que lo catapultó a lo más alto. Balanchine y Jerome Robbins, especialidades de la casa, se hicieron a su cuerpo, pero también las exigencias del repertorio académico más riguroso y las de coreógrafos vivos de gran relevancia en el mundo de la creación actual de ballet: el ruso Alexei Ratmansky o el británico Christopher Wheeldon, verdaderos pesos pesados. “Yo como intérprete ya lo he hecho todo”, dice rememorando los incontables roles de una carrera estelar, a la que puso fin voluntariamente en octubre de 2108 bailando Tema y variaciones, de Balanchine, en una gala histórica y emocionante hasta las lágrimas, según privilegiados que estuvieron aquella noche en el Lincoln Center de Nueva York.

Tras 15 años de gloria en el NYCB, abandonaba, y por entonces no tenía un plan. “No me importa reinventarme”, confirma. “Hace años dejé todo por una aventura nueva, y una vez que haces eso ya todo es más fácil. Me bajé del escenario y no tenía plan. Me advirtieron que ya no habría más de esas ovaciones de 2000 personas en el Lincoln Center, así ha sido y no me ha importado. Hay gente a la que le cuesta salir fuera del foco pero a mí me gusta creer aquello de las oportunidades que te da la vida”.

La Compañía Nacional de Danza (CND) una de ellas. En las numerosas entrevistas que dio por su despedida surgía la inevitable pregunta del “¿y ahora qué?” y la respuesta siempre llegaba con un vago “probablemente vuelva a España”. Aquí, con la noticia de su retiro, lo dábamos por perdido, pero Joaquín De Luz parece certero cuando afirma que reinventarse es una de sus cualidades. Presentó un proyecto para el cargo de Director Artístico del ente público y lo ganó. Sucede así a José Carlos Martínez, otro miembro de la lista de los que se fueron y supo reconducirse al frente de una CND que le llega ahora a De Luz con unas habilidades y posibilidades para el ballet clásico que antes no tenía, pero sin desdeñar una línea de creación y nueva danza con la que ya la compañía estaba familiarizada desde los tiempos de Nacho Duato. “Me he encontrado con una CND con ganas que José Carlos Martínez ha convertido en una compañía versátil con las decisiones que ha tomado. Hay que reconocer que ha sido un logro y creo que, para mi gusto, aún podemos ir mucho más allá”.

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El futuro de la CND

¿Cómo será entonces la CND en sus manos?

Me gusta respetar lo construido. No creo en borrón y nueva compañía porque así no se construye. En mi proyecto habrá respeto por el pasado, por Maya Plisteskaya, por Nacho Duato, a quien traeré de vuelta porque es un coreógrafo que es parte de la historia e identidad de esta compañía [ya han arrancado los ensayos de la reposición de White Darkness]. José Carlos trajo el clásico y dio versatilidad al equipo, así que creo que lo que tengo que hacer es ir más allá, darle una inyección de identidad usando nuestro patrimonio. Este país tiene una impresionante riqueza cultural a la que no estamos dando importancia. Tenemos un patrimonio cultural que debería conectarse con la danza.

¿Qué línea artística seguirá?

Desde los clásicos más clásicos hasta los más contemporáneos. Para España, la reposición de piezas icónicas del repertorio, y para el extranjero nuestros coreógrafos, nuestros músicos, nuestro talento, que la gente nos identifique por eso. Para el montaje de los grandes clásicos no soy partidario de construir desde cero. La producción se puede alquilar. Puedes alquilar un lago, un quijote. Si hacemos Bournonville vamos a sus orígenes, a la producción del Danish Ballet. Tengo buenos amigos, gente muy dispuesta a colaborar con nuestro proyecto. Pero en la otra línea será imprescindible contar con nuestros coreógrafos y destacar especialmente a las creadoras, porque la mujer ha sido muy ignorada y quiero fomentar el trabajo de nuestras coreógrafas en general. Y no quiero poner límites. Si la idea que trae un coreógrafo es buena, no quiero que tenga limitaciones.

¿Ha sido el NYCB un referente en el proyecto que presentó para la CND?

La línea del NYCB se ha convertido en un vehículo para Balanchine y Jerome Robbins, y yo no quiero eso. Yo estoy interesado en los clásicos pero también en la nueva creación. Lo que sí me gusta del NYCB es que es una maquinaria muy bien engrasada, que funciona muy bien, tiene un teatro propio, lo que garantiza permanencia. No se entiende que una compañía como la nuestra carezca de un teatro. Yo quiero traer a la CND lo bueno del sistema americano, especialmente lo concerniente a la agilidad del proceso, acotar los tiempos entre el surgimiento de una idea y llevarla a cabo. Creo que aquí se pierde mucho tiempo en procesos burocráticos porque el sistema es así. Y no puedes relajarte, tienes que empujar si el sistema te ralentiza.

No es tan fácil luchar contra el sistema desde una compañía de danza…

Tienes dos opciones. O te quedas en el sofá y esperas, o intentas agilizar todo lo que se pueda.

En cualquier caso, su nuevo cargo tiene un importante componente político…

Me voy dando cuenta. Mi deber consiste en pensar en lo que puedo aportar. En lo artístico me puedo equivocar, claro. Pero puedes abrir la puerta hacia la consolidación de una Ley de Mecenazgo, hay que arrojar un poco de luz y que esta ley sea flexible, dando beneficio y protagonismo a las empresas. El valor de lo que puedo traer es arrancar con este diálogo, aunque no viva yo los resultados. Por lo pronto, haré lo que pueda con lo que tengo. Ni lamentaciones ni pedir limosna. Se necesita más, está claro, pero se pueden hacer cosas con lo que hay. El público está hambriento de danza y la prueba es que llenamos teatros en España y en el extranjero.

¿Títulos? ¿Coreógrafos en mente?

Habrá un título clásico importante que no puedo desvelar pero será la consecuencia lógica de lo que ha venido haciendo la CND. Mi primer programa será en mayo, en el Teatro Real de Madrid. Para lo demás tampoco puedo dar nombres pero por un lado apunto hacia la recuperación del talento español y por otro a traer coreógrafos que puedan inspirar a nuestros bailarines. A mí eso me ha ayudado a crecer muchísimo. En Nueva York me dejaban salir y tener experiencias con otras compañías, con otros repertorios y coreógrafos, y fue enriquecedor.

¿Bailaría en la CND?

[Risa sospechosa] Ahora no es mi prioridad. Mi prioridad son ellos, los bailarines de la compañía, y tengo que lograr que se les reconozca, que la gente quiera venir por verlos bailar.

¿Qué otra aportación cree que hará su CND?

Incorporar a los jóvenes, crear un puente entre la vida de estudiante y la vida profesional. De las audiciones que he hecho podrían haber salido hasta dos compañías profesionales. Retomaría, de alguna manera, la idea de la CND2, que se puedan crear piezas nuevas para los más jóvenes, incentivar el talento de los mismos bailarines, dar oportunidad a coreógrafos emergentes…

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