melania

Doble reto

Arcilla para dos escultores, la bailarina Melania Olcina se mueve cómoda entre Sharon Fridman y Antonio Ruz, que acaba de ganar el Premio Nacional de Danza y con quien estrena Presente en Teatros del Canal de Madrid del 19 al 21 de octubre

 

Texto_BEGOÑA DONAT Foto_LAU ORTEGA

Melania Olcina (Barcelona, 1982) tiene la suerte de trabajar como bailarina independiente para dos coreógrafos que la retan con procesos de creación muy distintos. En la compañía del creador israelí anclado en Madrid Sharon Fridman explora el movimiento bajo la lluvia, sobre la arena de la playa, arrullada por los pájaros escondidos entre los árboles...Bajo las órdenes del cordobés Antonio Ruz, en cambio, interactúa con lenguajes y artistas de otras disciplinas.

Para la última pieza del andaluz, Presente, con estreno programado en los Teatros del Canal del 19 al 21 de octubre, hubo de ahondar en la reflexión y en la lectura. De resultas se sumergió en La intuición del instante, de Gaston Bachelard. “Antonio nos dio una clave: cada instante contiene el regalo de una posibilidad. Y en el proceso había una idea clara de transformación, tanto del intérprete como del espacio”, avanza. La propuesta es una indagación introspectiva en el tiempo y los impulsos, en lo efímero y volátil del ahora, del pasado y el futuro, con atención a la velocidad y el estrés de la vida actual.

“En mi trabajo personal para esta pieza ha aparecido la voluntad de vivir y la noción de reanudar, de repetir y volver a intentar”, concreta. En el montaje, los cinco intérpretes que participan construyen su propio espacio escénico mientras se suceden coreografías e imágenes.En el proceso creativo, cada bailarín ha ido encontrado su lugar, y los vínculos entre ellos se han ido creando de manera natural. “En la composición aparece una armonía, pero con una atmósfera de misterio e interrogante, en la que los personajes se buscan en un espacio. Y Antonio es el ojo que nos ha visto desde fuera y ha ido haciendo el encaje de bolillos en el que cada uno de nosotros somos un color, una textura, un hilo”.

Son diferentes Fridman y Ruz. Para el primero Olcina ha bailado Free Fall, Always o el exigente duelo físico que supone el dueto  Hasta dónde. Para Ruz, en cambio, piezas más introspectivas como Ignoto, Ojo, A la Espagnole o la delirante Beautiful Beach. Ella considera, no obstante, que ambos son caras de la misma moneda. A la hora de compaginar proyectos y fechas afirma que es una locura, pero para su desarrollo profesional y su forma física le resulta muy beneficioso no tener parones: “El cuerpo necesita descansar, pero también tener un trabajo continuado”.

En 2010 rompió mano como asistente coreográfica en la inauguración de los IX Juegos Suramericanos, dirigidos por Franco Dragone, histórico del Circo del Sol. Y junto a Fridman ha ahondado en esta faceta al asistirle en Free Fall, Max al Mejor espectáculo de Danza 2015. Lleva seis años como intérprete de esa pieza y la experiencia como asistente le ha supuesto un “desdoblamiento interesante”, pues siente el diálogo con otro bailarín como el traspaso de una partitura. Junto al coreógrafo israelí ha bailado también en museos al aire libre, en jardines, en montañas y en museos.

“Adaptar toda la composición a esos espacios es más rico que la caja negra. En el exterior tienes la lluvia, el viento, los sonidos de la naturaleza… así que es una experiencia muy sensitiva, a la par que dura”. Los hándicaps pasan por la presencia de muchos estímulos, porque la concentración es diferente y por lo azaroso de trabajar a cualquier temperatura, lo que implica padecer frío o que la superficie esté ardiendo, hasta el punto de que los pies se llenen de ampollas. “El suelo es muy duro para el cuerpo, así que muscularmente acabas muy cansado. Y si el trabajo es en la playa, te entra arena en los ojos y en la boca, y la superficie no está acondicionada para el deslizamiento. La naturaleza es imperfecta dentro de su belleza”, resume.

Poemas coreográficos

Su padre, músico, y su madre, bailarina de flamenco y danza española, de modo que su apego a la escena ha sido orgánico. Se formó en danza contemporánea en el Conservatorio Mariemma, de Madrid, pero los lenguajes del movimiento no lo han sido todo. Olcina es licenciada en Historia del Arte y acaricia la idea de estudiar Filosofía. “La danza es práctica y física, así que me faltaba un complemento teórico. Van a la par. Con los estudios me completo no sólo como persona, sino también como bailarina, que es lo mismo”.

La intérprete ha dado salida a la conjunción de disciplinas en piezas de video creación propias. De esa sinergia han surgido dos poemas visuales, Womanonbackground (2013)y Galmatopeia (2015). “En ellas intento reflexionar sobre el lugar que ocupo como mujer, entre sentirme objeto de deseo y sujeto que desea. Para ello he rescatado el género artístico del desnudo, porque al ser bailarina y modelo entiendo el cuerpo como una obra de arte en sí misma, es el soporte de mi proyecto autobiográfico”, ahonda.

Ahora tiene en posproducción una tercera pieza en la que, por primera vez, no participa como intérprete. Su título es Homoy y es el resultado de una residencia en Pueblos en ARTE, una plataforma que aspira a reactivar territorios afectados por la despoblación.

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