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I want to Live in America

Vuelve al Teatro Calderón, de Madrid, West Side Story, versión canalla de Romeo y Julieta en el Nueva York de los cincuenta. Hoy, cuando se cumplen 57 años del estreno de la película y se celebra el centenario de Bernstein, repasamos la historia de esta obra fundamental de Broadway que llega a la capital en versión fiel al original

 

Texto_OMAR KHAN

Madrid, 18 de octubre de 2018

I want to Live in America… corea emocionado un grupo de jóvenes inmigrantes puertorriqueños que cree vivir el sueño americano en una azotea de Nueva York. Es, desde luego, uno de los números estrella de West Side Story, el célebre musical que vuelve hoy al primer plano. Esta noche se celebran 57 años del estreno de la película, el mundo de la música festeja el centenario de su compositor, Leonard Bernstein, y Madrid se une a los fastos con la reposición escénica de este musical legendario en una versión absolutamente fiel al original. De forma tal, que el espíritu de Jerome Robbins, el deslumbrante (y severo) coreógrafo de esta versión desmelenada de Romeo y Julieta, vagará también por el escenario del Teatro Calderón, de Madrid, que estrena este revival conservando intacta su esencia.

Fue en 1949, cuando el entonces ya reputado coreógrafo norteamericano Jerome Robbins, tuvo la idea de montar un musical que tomara la historia de Romeo y Julieta ambientándola en el Nueva York del momento. Así se lo comentó al compositor Leonard Bernstein y al escritor Arthur Laurents, quienes entusiasmados con la idea se pusieron a trabajar en una adaptación que se llamaría East Side Story y tendría como escenario el Lower East Side, conocido como el Village, en la que los Montescos serían inmigrantes italianos católicos y los Capuleto serían judíos neoyorquinos. El choque religioso entre los habitantes de esa zona de la ciudad era tema candente aquellos días. Sin embargo, el proyecto no terminó de coger forma. Seis años más tarde, la inmigración de puertorriqueños al West Side comenzó a hacerse notoria por las reyertas entre bandas de latinos y norteamericanos. Los neoyorquinos no tenían otro tema de conversación y los medios llamaban la atención sobre este foco de violencia racial entre chavales que estallaba en pleno corazón de Manhattan.

Bernstein, Laurents y Robbins hablaron del asunto y les pareció que el estallido social era una buena oportunidad para retomar aquella idea, reubicarla en este barrio de la ciudad y reconvertir a católicos y judíos en dos bandas juveniles de latinos y americanos. Nacieron así los Jets y los Sharks, los nuevos Montescos y Capuletos de esta versión canalla de la obra más conocida de Shakespeare, en la que Julieta se trasmuta en María, una bella puertorriqueña, protegida por los Jets, que se enamora perdida y trágicamente de Tony, cabecilla de la banda enemiga, los Sharks.

West Side Story se estrenó en el Winter Garden Theater de Broadway en 1957 con libreto de Laurents, coreografías de Robbins, música de Bernstein, canciones de Stephen Sondheim (el mismo creador de Sweeney Todd) y el descubrimiento de Chita Rivera, leyenda de Broadway. No era tan usual que los musicales, generalmente historias de evasión edulcoradas, hicieran comentarios tan severos sobre un problema social que ocurría allí afuera, aquí y ahora, así que tuvo un éxito descomunal y cumplió una brillante temporada de más de dos años en cartel, con 732 representaciones. Desde entonces se han hecho muchísimas versiones teatrales y la célebre película, rodada en 1961 y dirigida por el mismo Robbins y Robert Wise, que obtuvo 10 Oscar, lo que no ha hecho más que inmortalizar la historia.

 

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Latinos vs nativos

En muchos sentidos, West Side Story sigue vigente. Los problemas raciales y xenófobos a los que hace referencia no fueron un estallido esporádico sino el prólogo de los grandes problemas de convivencia entre inmigrantes y nativos de la era globalizada que viviría (y aún vive) no solamente Nueva York sino las grandes urbes planetarias, pero también siguen vigentes sus coreografías que crearon escuela. La aportación de Jerome Robbins es fundamental en tanto que las danzas aquí no son momentos evasivos que interrumpen la acción para introducir música y baile, sino que forman parte de la progresión dramática, como bien ejemplifica Cool, el electrizante número de la pelea entre Jets y Sharks. Las canciones de Sondheim (María; Tonight, One hand, one heart) han sido grabadas por celebridades que van desde Kiri Te Kanawa y José Carreras pasando por Kenny Loggins, Aretha Franklin, Natalie Cole y hasta Phil Collins, al tiempo que la película, que protagonizaron Natalie Wood y Richard Beymer, ha alcanzado récords de ventas en distintas versiones en DVD. Volver a los auténticos orígenes de esta obra fundamental de los musicales de Broadway es lo que oferta Madrid estos días de otoño.

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