Akram Khan susyq

Extranjero

Gran ovación en el Festival de Montpellier para Xenos, el solo con el que Akram Khan se despide de los escenarios y que aterriza esta semana en el Festival Grec, de Barcelona

 

Texto_Omar Khan / Foto_Jean Louis Fernández

No hay una razón, al menos física, para que el virtuoso bailarín y coreógrafo Akram Khan (Londres, 1974) deje de bailar. Pero ha sido su decisión y esta temporada se pegará (tal vez para siempre, eso sí) por última vez a la retina de todo el que vaya a ver Xenos [que significa Extranjero], el sofisticado solo que ha preparado para su despedida de los escenarios. La gira de verano es larga. Ha comenzado con merecidas ovaciones de pie en la imponente Ópera Berlioz, dentro del prestigioso Festival Montpellier Danse, proseguirá en el Festival Julidans, de Ámsterdam, y en el no menos importante Festival de Edimburgo, pero antes, del 3 al 5 de julio, recalará en el Mercat del les Flors, de Barcelona, dentro de la potente programación este año del Festival Grec.

Aunque apegado a una realidad concreta, la de un soldado extranjero al servicio de un imperio durante la I Guerra Mundial, Xenos no es una pieza narrativa. Es una reflexión poética –muy poética- sobre temas que han sido recurrentes en la carrera de Akram Khan como coreógrafo. Muerte y renacimiento, confusión y angustia, identidad, soledad y tormento van turnándose en la sensibilidad de su baile virtuoso. Aún cuando ha estado siempre omnipresente en toda su carrera, probablemente sea Xenos la que más hundida aparece en las raíces indias de este bailarín y creador excepcional en el que con naturalidad insólita conviven la danza kathak, tradicional de La India aprendida de su madre, una destacada maestra, y la danza contemporánea que ha sorbido en el Londres vibrante donde nació.

Ataviado con un impoluto sari blanco arranca la obra con un solo muy bailado y muy kathak, de gran elegancia. Brazos prodigiosos, giro veloz y preciso, pies rápidos. Puro virtuosismo perfectamente ejecutado que arranca el reproche en la mente del espectador. ¿Por qué va a dejarlo si lo hace tan bien? En los tobillos, cintas enroscadas de sonoros cascabeles que pronto serán desatadas para convertirse en cadenas que oprimen o en ristra de balas que matan sobre el pecho del soldado.

Una rampa metálica domina el escenario. Por ella trepa con la dificultad del que anda bajo el sol. Por ella cae como soldado derrotado. Sobre el borde hace equilibrios del que no quiere caer vencido. Encima de ella duerme arrullado por la [notable] música en directo que impregna el ambiente de exotismo hindú. Hay momentos de rabia y momentos de recogimiento. Desde luego, hay también mucha espiritualidad, especialmente en el deslumbrante grand finale, con sus músicos interpretando la muy dolorida Lacrimosa, del Requiem de Mozart y él allí, solo en el inmenso escenario, lleno de lodo y sudor, bailando unos últimos estertores como soldado agotado al final de la batalla quizá perdida. Caen piedras por la rampa. Él las mira ilusionado como el que asiste a un milagro. Se apaga la luz. Ovación emocionada.

Fin de viaje

Akram Khan se inició bailando junto a su compañía en obras de gran impacto emocional como Ma o Kaash (creación deslumbrante que ahora mismo ha cedido a It Dansa, compañía del Institut del Teatre barcelonés, que la estará bailando en este mismo Festival Grec los días 29 y 30 de julio también en el Mercat de les Flors). Más tarde emprendió una serie de duetos sofisticados con artistas selectos (Sidi Larbi Cherkaoui, Juliette Binoche o el insólito duelo de kathak y flamenco, que fue Torobaka, junto a Israel Galván), colaboraciones de altura (hizo danza para giras de la estrella pop Kylie Minogue) y el montaje de Desh, su solo más espectacular y personal, que es toda una biografía. Para su compañía ha hecho -y promete seguir haciendo- obras de gran imaginación como Vertical Road o Until The Lions (pieza que, a su vez, se verá esta temporada estival en los Veranos de la Villa, de Madrid, del 19 al 21 de julio en el Teatro Circo Price). Hay toda una carrera intachable detrás de Akram Khan, un artista híbrido que ha otorgado protagonismo al Neofolk a nivel internacional. Duele un poco que lo deje sobre todo después de verle en Xenos. Está en un momento de madurez interpretativa que abría muchas posibilidades. Se respeta su decisión, desde luego, pero ello no impide que produzca pena.

www.akramkhancompany.net

 

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