ONDA Y PARTÍCULA
La creadora vasca Ziomara Hormaetxe estrena hoy en Gernika su creación ‘Lattice’, en la que la física cuántica se hace gesto y cuerpo, Quisimos saber cómo lo hizo y esto nos ha contado…
Texto_JUDIT GALLART Fotos_IGNACIO URRUTIA
Madrid, 5 de junio de 2026
Hay artistas que no se limitan a ocupar el escenario, sino que lo transforman en un laboratorio donde el pensamiento se hace carne. Ziomara Hormaetxe es una de esas creadoras indómitas que entiende la danza como un territorio de riesgo, un espacio donde el cuerpo humano no teme mirar de frente a la tecnología para descifrar los misterios invisibles que nos gobiernan. Tras un largo y minucioso proceso de investigación, la coreógrafa y bailarina vasca regresa a las tablas para presentar su última y más ambiciosa producción, Lattice, una pieza que desafía las leyes del movimiento y de la mente, traduciendo las complejas teorías de la física cuántica en texturas puramente corporales.
Esta experiencia escénica única se desplegará en dos citas imprescindibles para los amantes de las artes vivas: hoy, 5 de junio, en el Teatro Lizeo Antzokia de Gernika-Lumo, y el próximo domingo, 7 de junio, en el Auditorio de Itsas Etxea, en Hondarribia.
Una propuesta subvencionada por el Gobierno Vasco y coproducida por AzkunaZentroa Bilbao que ha contado con el apoyo del Ballet Malandain Biarritz, EBB Biarritz y el Ayuntamiento de Gernika-Lumo introduciéndose en el marco de Acute, una iniciativa europea que investiga sobre las artes escénicas y las nuevas tecnologías. Y es que la coreógrafa atesora una larga trayectoria vinculada a este cruce de lenguajes. “A lo largo de mi carrera siempre he tenido mucha inquietud por integrar dentro del movimiento del cuerpo las nuevas tecnologías”, asegura.
A nivel conceptual, la física cuántica opera como el gran motor poético de la obra, dividiéndose en dos estados opuestos y complementarios. La coreógrafa traduce estas complejas teorías científicas en texturas corporales muy definidas. “Me he inspirado en uno de los principios de la cuántica, que habla de la doble naturaleza, lo que es la onda y la partícula”. Para la creadora, el concepto de onda evoca ligereza, una serenidad que se traslada directamente a la investigación física, “porque es un estado flotante, sereno, vaporoso, un estado líquido, eso me inspiraba mucho a la hora de hacer una investigación a nivel de movimiento y de cuerpo”.
Por el contrario, la partícula representa el pulso acelerado, la desconexión y el ruido de la sociedad actual. “La idea de la partícula me transmitía más como un espacio de estado de interferencias, caos, estrés, como una especie de una calidad y una textura de movimiento más frenética, con la idea de vibrar”. Esta dualidad física se convierte, en última instancia, en un reflejo del propio desgaste emocional de la vida contemporánea.

Controlar la gravedad
La creadora utiliza el cuerpo para canalizar una vivencia íntima que comparte con el espectador. “Estoy viviendo un momento en el cual soy más partícula que onda, entonces era como ¿qué nos está pasando?, que cada vez nos cuesta muchísimo más hacer este viaje interno”.
En este viaje a través de la materia, el control de la gravedad se convierte en una herramienta expresiva fundamental. El peso del cuerpo y su relación con el suelo dictan el ritmo de las caídas sobre el escenario. “Es como ser consciente de los pesos de cada parte de tu cuerpo, y ese peso puede ser de una velocidad de cero a cien, rápido, que algo que cae, o puede ir como una onda”.
Para llevar a cabo esta ambiciosa propuesta escénica, Hormaetxe confió la asistencia de dirección a una figura clave con la que comparte un imaginario común: Fabián Thomé. “A nivel conceptual y calidad de movimiento tenemos una calidad, estamos investigando en una calidad y cualidad de movimiento muy parecida”. A su vez, la puesta en escena de Lattice destaca por una ambiciosa escenografía móvil y el uso del vídeo interactivo mediante el programa TouchDesigner, permitiendo al espacio escénico mutar gracias a dos imponentes estructuras de cuatro metros que simbolizan la reconciliación final de esos dos estados.
“Esas dos piezas al principio las movemos de manera individual y luego al final, cuando se juntan, se crea un círculo en la mitad donde nosotras subimos y bailamos dentro del círculo”. Esta compleja arquitectura conceptual da sentido a un título que define la conexión invisible de todo lo que nos rodea. “A toda esta red de puntos, que cada una de ellas tiene su gravedad, su dimensión, su emocionalidad, a toda esta red de puntos se le llama el fenómeno lattice en la mecánica cuántica”. Una invitación abierta para adentrarse en un universo hipnótico donde la ciencia se vuelve pura emoción colectiva.




