DFERIA TIENDE UN PUENTE ENTRE DONOSTIA Y COPENHAGUE
Con su ‘Foco Dinamarca’ arrancó anoche la gran feria escénica de San Sebastián. Nos trajeron ayer a la Danish Dance Theater y hoy a Uppercut Danseteater. Fuimos a ver ambas compañías y así te lo contamos…
Texto_OMAR KHAN Fotos_JUBAL BATTISTI / BADI BERBER
San Sebastián, 15 de marzo de 2026
Poco sabemos de la danza nórdica en general y menos de la danesa en particular. Ahora un poco más. En la celebración de su trigésimo segunda edición, dFeria, el festín escénico de San Sebastián ha colocado el foco en Dinamarca y, aparte de algunas propuestas de teatro, ha querido aproximarnos a dos (representativas) muestras de la danza que hacen por allá. Es así como su buque coreográfico estrella, la Danish Dance Theatre, su compañía oficial de danza contemporánea, inauguró anoche en el escenario del Teatro Victoria Eugenia el concurrido encuentro donostiarra con el estreno nacional de la colorida Bloody Moon, que tiene el interés añadido de ser la primera pieza creada en exclusiva para ellos por la coreógrafa valenciana Marina Mascarell, quien desde el año pasado es la nueva directora artística de la agrupación.
A menos de 24 horas, esta mañana, en Tabakalera, nos aproximaron a una obra en las antípodas que se mueve en los terrenos de la danza teatro y el gesto urbano, la (literalmente) muy cerda SAMBA, primera parte de la trilogía What Was Must Die, emprendida por la compañía de Copenhague Uppercut Danseteater, colectivo dirigido por Stephanie Thomasen, aquí ejerciendo también de coreógrafa, y Mark Philip. La pieza fue estrenada en 2020, antes de Limbo y Kalina, las otras dos creaciones que cierran el ciclo.

Fiesta dionisíaca
Marina Mascarell ha vestido al elenco del Danish Dance Theatre con los extravagantes diseños de vivos colores de la brasilera Nina Botkay y lo ha soltado a bailar en un tablero blanco lleno de trazos y dibujos. Quizá queriendo aprovechar el eclecticismo y variedad de sus bailarines (distintas nacionalidades, razas y corporeidades, unos altos y corpulentos, otros bajos y expresivos, algunos muy estilizados) se decidió por reflejar en su danza los textos del pensador George Bataille, que le ha dado licencia para esta bacanal dionisíaca que es puro hedonismo, en la que el grupo, defendiendo cada uno su individualidad, intenta unirse en armonía con el resto. Un mensaje positivo de amistad, solidaridad y cooperación en tiempos de intolerancia con el otro, que se despliega como fiesta y celebración, pero también trasgresión.
La obra funciona como una maquinaria que genera una cadena de cuadros que se van armando y desarmando en filas, conglomerados y trabajos de conjunto, un caos organizado, asimétrico y por momentos divertido que, no obstante, se agota pronto y es incapaz de trascender más allá.
Conecta Bloody Moon con preocupaciones que han sido muy propias de Marina Mascarell, quien antes que directora del colectivo danés, fue reputada coreógrafa free-lance en compañías de todo el mundo. Siempre le atrajo la idea de acercarse a las dinámicas sociales y un buen ejemplo es Mongrell, su pieza más representada y destacada, que también remontó para los daneses. De hecho, se verán juntas en el Festival Dansa Metropolitana de Barcelona, que las ha programado seguidas en el Mercat de les Flors (Mongrell los días 21 y 22 de marzo, y Bloody Moon, el 18 y 19, antes de viajar al Centro Danza Matadero, de Madrid, del 09 al 11 de abril).
No es descabellada la idea de Dansa Metropolitana de programarlas juntas. Permite entender cómo Mascarell aborda un mismo tema desde ángulos muy diferentes, porque ahí donde Mongrell es una reflexión muy estilizada sobe las ideas de igualdad, justicia y disciplina que mantienen (por las buenas o las malas) un orden social, Bloody Moon legitima el caos, el desorden y la asimetría, la diversión y el derecho lúdico como camino de desahogo social.

Una cochinada
Entre la Danish Dance Theater, de inclinación contemporánea, y el Royal Danish Ballet, emblemático del ballet académico mundial, se ubica Uppercut Danseteater en el panorama danés de la danza. Aunque fue creada en 1982 no fue hasta los años noventa cuando comenzó a definir su lenguaje actual, tan personal e identificable que la crítica danesa se refiere a él como el estilo uppercut. La conexión con la cultura urbana de Copenhague, el fenómeno del hip hop e influencias como la capoeira, así como también su interés por el teatro físico y la reflexión social la hicieron una compañía distinta, atrayendo el interés de un público joven nunca antes interesado por la danza. Hoy ocupan el espacio Dance Chapel, una iglesia desacralizada del barrio de Bispebjerg de la capital danesa y siguen siendo un referente para nuevas generaciones con su estilo directo, desenfadado y atrevido.
Ejemplar se su quehacer es SAMBA, la pieza con la que recalaron hoy en Tabakalera. Desde ángulos muy distintos, la pieza gira alrededor del cerdo. El cerdo como animal de chiquero, propio del mundo agrario, y la idea del cerdo como persona ingrata, de malas y nefastas pulsaciones.
Con un escenario circular, que recuerda a la pista de los viejos circos, un puente colgante que, de alguna forma, representa la inestabilidad y un marcado predominio del color rojo, la coreografía mantiene en acción a cinco bailarines que durante toda la representación se van intercambiando una asquerosa máscara de cerdo. El que la porta se hace líder y atemoriza e intimida al resto que muestra su repudio, en clara alegoría a la capacidad que tenemos de ser a un tiempo gente de bien y unos cerdos con el prójimo.
La percusión en directo sobre la música electrónica grabada inyecta adrenalina, nerviosismo y tensión a la escena. La danza en SAMBA, una mezcla de estilos, está llena de momentos de espasmos y gestos nerviosos. Se desarrolla en emergencia constante y nos va empujando con sutileza pero sin descanso hacia ese final rojo y performático, de heno y estiércol, de asco y fascinación. Entre medias, momentos memorables como el uso del cuerpo de una bailarina como instrumento de percusión o el más teatral, el soliloquio Déjame decirte algo acerca de los cerdos, que en sí mismo, contiene la premisa de esta obra sorprendente y reflexiva.




