VANGUARDIA ANCESTRAL
Desde Costa de Marfil llegará esta semana a Teatros del Canal el equipo de bailarines que Dani Pannullo dirigió allí para su obra ‘Constellations’. Nos lo ha contado…
Texto_OMAR KHAN Foto_GORKA POSTIGO
Madrid, 02 de febrero de 2026
“No me llena el discurso que veo en Europa”, suspira Dani Pannullo, el ecléctico creador argentino que fundó en Madrid, hace ya más de veinticinco años, su compañía Dani Pannullo Dancetheatre Co., con la que, principalmente, ha abordado el mestizaje de su propia poética con las danzas urbanas, una práctica hoy muy instalada en el continente (no tanto en España) pero entonces una rareza escénica en todas partes.
Después de toda clase de experimentaciones, que han abrazado también butoh, flamenco, derviches o las incontables corrientes y variantes del hip hop, lleva algunos años viajando lejos y montando trabajos sobre cuerpos de otras calles y culturas, cuerpos en los que conviven pasado y presente, tradición y modernidad. En Egipto varias veces. En La India, donde recientemente estrenó Lo incorpóreo, una experiencia que él califica de “mística y ultramoderna” que le encantaría traer a nuestro país, y finalmente, en Costa de Marfil, donde creó en tres etapas Constellations, que presentará esta semana, del 04 al 08 de febrero, en los madrileños Teatros del Canal, dentro del ciclo Danza. Mirando a África, desvelándonos así esta nueva y excitante faceta de su trabajo.
“No creas que está tan lejos de lo que hacía antes, de mis primeros trabajos… no se trata ni de una involución ni de una evolución. Yo soy como un poeta que escribe con cuerpos, y siempre soy yo. Tampoco miro mucho atrás ni tengo nostalgia del pasado”.

Explorador
Lo que verdaderamente impresionó a Pannullo en Costa de Marfil fue el zaouli –baile, música, máscaras y tejidos-, una expresión popular, que se ha ido a la ciudad de Abiyán, la principal del país, en los cuerpos jóvenes de chavales que practican las danzas urbanas en sus calles. Allí, en una audición, seleccionó una docena de ellos.
“Encontré de todo, unos venían del folcor, otros de las danzas urbanas, de la calle… pero todos estaban muy abiertos, querían vivir la experiencia, preguntaban mucho. En los últimos tiempos me he convertido en un explorador de las danzas del mundo. Las descubro y escribo sobre esos cuerpos, doy mi propia visión, plantando allí mi bandera. Ya sé que ahora se habla mucho de la apropiación cultural pero yo, con mis danzas y las suyas, lo que intento es traer un poco de armonía a este mundo de mierda”.
No es de extrañar su fascinación por el zaouli. Los pies del danzante, en obsesiva coordinación, se mueven a velocidad de vértigo. El torso, en cambio, permanece inmóvil, desplazándose a veces muy lentamente de derecha a izquierda, lo que procura, a la manera de un dibujo animado, un extraño efecto visual de desconexión en el mismo cuerpo. En la tradición, el bailarín, siempre solo y siempre hombre, porta una máscara sagrada y va ataviado de arriba abajo con un traje tejido de colores excesivos. Es una danza que precede funerales o bodas.
Sobre los mimbres de esta danza, Pannnullo volcó su propia poética, lo que hace de Constellations una experiencia única, híbrida y diferente, una vanguardia ancestral construida a partir de una tradición lejana y ajena mezclada con los códigos de un creador de hoy.
El proceso no fue fácil. Requería de una mente abierta y comprensiva, algo que Pannullo ya traía, quizá por sus experiencias con distintas culturas. Nos cuenta una anécdota para ilustrar. En el espectáculo se incluye uno de esos trajes insólitos con máscara que visten los que hacen esta danza, que curiosamente es entendida por ellos como un homenaje a la belleza femenina. “Estábamos trabajando y uno de los bailarines se me acercó y me dijo ‘la máscara ha dicho que tenemos que parar’. Y de inmediato paré el ensayo. Son sus creencias”.




