DANZA TRIBAL Y FUTURISTA
Rudi Cole y Juliá Robert, líderes de Humanhood, llevan esta semana al Mercat de les Flors, de Barcelona, su nueva creación ‘Vortex’, en sintonía con esa mezcla de misticismo y humanidad que caracteriza su obra. Te lo contamos…
Texto_OMAR KHAN Foto_THOMAS VILHELM
Madrid, 02 de diciembre de 2025
Hay algo tribal y primitivo en Vortex, pero al mismo tiempo futurista, como de ciencia ficción alienígena. No queda perfectamente definido como lo uno o lo otro pero en cualquier caso, son los referentes que generan estos ámbitos y atmósferas los que terminan conduciéndonos al encantamiento y la fascinación. La nueva creación de Humanhood, el colectivo que dirigen a cuatro manos entre Barcelona y Bimingham el británico Rudi Cole y la catalana Juliá Robert, tras su premier en el Festival Dansa València la pasada primavera, recala esta semana, los días 4 y 5 de diciembre, en el Mercat de les Flors, de Barcelona.
Según definen su propios creadores, la compañía Humanhood –de nombre elocuente y consecuente con sus propuestas- tiene como misión liberar el potencial humano en sus cuidadísimas propuestas, que fusionan la física moderna y el misticismo antiguo en el lenguaje corporal fluido de la agrupación que, sin separarse de esta línea, ha estrenado desde 2016 cuando arrancaron, creaciones como Infinite, Torus o Zero.
Vortex atrapa y sobrecoge desde el mismo principio. En medio de la oscuridad y estruendo electrónico, un haz de luz blanca taladra parpadeante esa tiniebla espesa que nunca abandonará la escena. Apenas vemos un grupo enérgico alrededor oficiando un efervescente ritual. Son siete figuras negras y enigmáticas, que permanecerán prácticamente anónimas durante toda la velada, agitándose en medio de una semipenumbra perenne, en una atmósfera de constante inquietud y belleza indiscutibles, en la que irrumpen sofisticados efectos visuales de humo y luz, imágenes de gran potencia visual sobre las que se ejecuta una danza exigente, sincronizada, perfeccionista y agitada, siempre en ebullición, al ritmo de las percusiones electrónicas de la música insistente de Iain Armstrong, actor fundamental que dicta los ritmos y estados anímicos de esta ambiciosa creación.
Como es usual en las coreografías de Humanhood, el escenario se entiende como un espacio sagrado que desprende cierto misticismo, aquí con no pocas referencias orientalistas como los sombreros de los cultivadores de arroz, el taichí o las artes marciales. Una propuesta fascinante, conduce al espectador por un viaje de apariencia tenebrosa, bellísimo, enigmático y místico a un tiempo.






