EL INFIERNO QUEDA EN MATADERO
Llega finalmente a Madrid, ‘Averno’, la obra infernal que Mario Bermúdez creó para Marcat Dance, su compañía de Jaén. Te lo contamos…
Texto_OMAR KHAN Fotos_LOURDES DE VICENTE / ALBETO RIODRÍGUEZ ÁLVAREZ
Madrid, 25 de noviembre de 2025
Mario Bermúdez y su agrupación Marcat Dance, llevarán al público madrileño en visita guiada por un viaje que culmina en el corazón de los infiernos. Arderá así el Centro Danza Matadero, cuando el potente equipo de Jaén estrene en la capital su creación Averno, que desde 2023 viene prendiendo fuego en distintos escenarios de todo el país. Será este fin de semana, los días 29 y 30 de noviembre.
“Es de lo más físico e intenso que he hecho en toda mi carrera”, nos confesaba Bermúdez al momento el estreno de la pieza en el Festival de Itálica hace un par de años. “Me adentro en el más allá, he ido hacia la profundidad, y ha sido liberador. El público tiene que venir con nosotros, hacer el viaje y sufrirlo”.
Siete bailarines, un viaje en círculos sin posibilidad de retorno, un espacio diáfano que tendrá una escenografía de luz, diseñada por Mamen B. Gil, y se moverá al ritmo, a veces atronador, de la música siempre inspirada de José Pablo Polo, compositor habitual de la agrupación. Todo con dramaturgia de la también coreógrafa sevillana Isabel Vázquez.
La idea metafórica de bajar a los infiernos viene de Dante, desde luego, pero no ha sido la única motivación. Por aquellos días, Bermúdez acababa de montar una pieza de encargo para Scapino Ballet Rotterdam inspirada en La divina comedia, que fue el detonante de Averno, pero la necesidad de montarla venía también de la sensación personal que tenía de estar viviendo un infierno. “Era una etapa difícil en lo empresarial con la compañía, tenía la ansiedad de ser padre y ser artista, estaban las responsabilidades, las finanzas… necesitaba sanar por algún lado y la danza me sirvió para sacar la rabia, drenar la impotencia. Me fui solo al estudio, y allí surgió buena parte del material que conforma hoy la coreografía”.

Polvo somos…
Investigó a Dante, le extrajo sensaciones, imágenes y momentos, y planificó una travesía que no necesariamente conduce a la luz y la tranquilidad sino tal vez a las puertas de un nuevo infierno. Pero, en cualquier caso, supone un paréntesis de liberación y vacío. “Si al final somos polvo”, reflexionaba. “Se trata de un travesía que emprendemos los siete bailarines durante setenta minutos. Cada uno se adentra en este viaje acompañado por los otros, en el que yo soy ellos, y todos somos uno. Somos almas atrapadas”.
La espiritualidad y lo ritual, el sentido ceremonial y lo religioso, son parte de la travesía en esta coreografía que no es mítica ni fantástica sino más bien la metáfora de una introspección, de un encuentro con la esencia misma de lo que somos y la capacidad de transformación que tenemos. “Va conectado con la vida. Hacemos juntos el viaje pero a este mundo vinimos solos y solos nos vamos”, advierte el coreógrafo.
Mario Bermúdez, que tuvo contacto con la danza contemporánea en el hoy extinto Centro Andaluz de Danza CAD, de Sevilla, avanza hacia la consolidación de su compañía Marcat Dance, que lidera junto a su pareja de baile y vida, la norteamericana Catherine Coury, con quien compartió escenario cuando estuvo bailando para Ohad Naharin, en Batsheva Dance Company, de Tel Aviv, una experiencia que ha sido significativa.
En tierra lejana y ajena, se sintió más cerca que nunca de la propia, y la nostalgia por su casa lo empujó, de alguna manera, a hacerse coreógrafo. Hoy está asentado en su pueblo, en Vilches, donde no solamente reside su compañía. Allí ha venido levantando Vildanza, un festival de danza de verano, y ahora, después del Averno infernal ha querido volver al inicio de todo, montando el dueto Afines, que estrenó en Sevilla hace ahora un año, en el que revisa desde la metáfora y la poesía la relación profesional y sentimental que mantiene con Catherine Coury, codirectora de la compañía junto a él.






