ASA NISI MASA
Presentó Guillermo Weickert esta mañana en el arranque de dFeria, en Donostia, su nueva creación ‘Luz sobre las cosas’. Fuimos a verla y esto nos ha parecido…
Texto_OMAR KHAN Fotos_MARTA MORERA / LOURDES DE VICENTE
San Sebastián, 17 de marzo de 2025
Los que vamos a ver danza vivimos obsesionados por los significados. No solo queremos saber sino acertar en nuestras interpretaciones, sea de un gesto, un movimiento o un vestuario. ¿Y si no significaran nada?... El creador onubense Guillermo Weickert ha querido confrontarnos y retarnos esta mañana en Gasteszena, el espacio donostiarra donde, en el marco de la recién inaugurada XXXI edición de dFeria, ha presentado su nueva creación Luz sobre las cosas. Antes de que veamos algún humano, nos diseña un paseo por la caja escénica y todas sus posibilidades. Irrumpe el sonido -la música siempre eficaz, siempre cómplice de Miguel Marín-, aparece la luz y después el color. Nos ilumina los focos que van a iluminar el espectáculo. Entra humo. Nos crea toda una atmósfera…
Lo comprenderemos más tarde, pero en realidad el tema central de su propuesta es, justamente, el hecho escénico. Se trata de un homenaje al deux ex machina, al artilugio, a la inabarcable espectacularidad de la mentira que supone lo teatral. En un momento, él y sus dos bailarines saltan a la platea, para desde allí, poder mirar y admirar el escenario.
Durante el prólogo, hasta en dos ocasiones escuchamos el susurro “asa nisi masa” de la película 8 ½ de Federico Fellini. No es gratuito. En el contexto de este filme de 1963, la frase es un enigma, algo que no significa nada, al menos para el espectador, pero es evidente que tiene gran relevancia en los recuerdos de infancia de Anselmi, el atribulado personaje de Marcello Mastroianni. ¿Importa entonces el significado o lo verdaderamente relevante es lo que puede significar para el protagonista o en última instancia, para el relato mismo?
Luz sobre las cosas es el asa nisi masa de Guillermo Weickert. Es la reivindicación del escenario como el espacio en el que puede soltar la imaginación para que haga lo que quiera sin importar lo que signifique y es también una reafirmación de la autonomía de la danza, aquí despojada de su interdependencia de la música, la iluminación, el vestuario, incluso la palabra… elementos todos que están allí, que son importantes y fundamentales para el hecho escénico, pero no para articular un discurso o un relato. No se trata de una creación abstracta, sin embargo. Claro que está llena de sugerencias y referencias pero los significados, necesariamente, los ha de poner el que los ve.

Danza frenética
La danza es, a veces, frenética y desbordada. En Luna Sánchez recae el peso de la primera mitad de la representación. Es ella una bailarina enérgica y elegante, de brazos expresivos y cabeza insólitamente giratoria, que se desvive y se desdobla en una danza de agitaciones que de repente, se corta en seco, momentos en que nos interpela con la mirada y nos inquieta. Después está, discreto, el jovencísimo Alberto José Lucena que por momentos parece el alter ego del mismo Guillermo Weickert, de espesa barba ya blanca, que hace de sí mismo y vuelve sobre obsesiones de trabajos anteriores.
Weickert ha llevado durante décadas una línea de trabajo muy personal y personalizada. Ha sido siempre valiente y desprejuiciado a la hora de exponer y exponerse en cada título, de subir al escenario con sus vulnerabilidades, miedos e inseguridades. En este sentido, sigue siendo honesto y transparente. “¿Qué alguien me diga qué hago yo aquí, para qué valgo?”, se le escucha decir. Más tarde intentará justificar su creación. “Todo lo que hemos hecho, todo lo que hemos pensado, era por amor”. Pero lo más importante es ese “I love you” repetido que cierra Luz sobre las cosas, porque es una declaración a la desesperada que clama ser correspondida.
Por lo demás, la propuesta tiene una impecable factura como espectáculo. La presencia en directo de Miguel Marín es gran aportación y la compleja iluminación expresiva de Benito Jiménez juega relevante papel en la estética. Lástima que se exceda en duración, porque más compacta sería más eficaz. Este alargamiento, a veces innecesario, hace que por momentos se debilite y decaiga la atención.






