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BILL T. JONES ENTRE DOS PANDEMIAS

El coreógrafo norteamericano que ha vivido marcado por el sida suspende ahora su proyecto más ambicioso por el coronavirus. Te lo contamos…

 

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Texto_OMAR KHAN

Madrid, 21 de mayo de 2020

“La cancelación del estreno de Deep Blue Sea aterrizó como un cuchillo en mi corazón”, comentaba afectado el célebre coreógrafo afroamericano Bill T. Jones a The New York Times. El coronavirus echó por tierra su proyecto más ambicioso en años, un espectáculo para los bailarines de su compañía que contaría con la participación de al menos 100 ciudadanos en escena, que tenía prevista su premier el pasado 14 de abril en el enorme reciento del Park Avenue Armony neoyorquino y ya estaba preparando a otro centenar de ciudadanos de Ámsterdam para su estreno europeo, a realizarse en el marco del también cancelado Holland Festival, en junio próximo.

La propuesta estaba dividida en tres partes, una de las cuales era un solo de Jones, que volvía a los escenarios tras 15 años sin bailar y suponía su canto del cisne, su despedida definitiva de la danza. Con este desafortunado incidente, Bill T Jones, a sus 68 años, se convierte en el coreógrafo norteamericano que ha de enmarcar su carrera entre dos pandemias, la del sida en los ochenta, y la del coronavirus en los años 20 de nuestro siglo.

“Esta es mi segunda plaga. Ya sé que son diferentes, pero tienen cosas en común”, decía el artista refiriéndose a que el contacto físico entre los cuerpos vuelve a ser un tabú aunque ahora no haya un juicio moral de por medio.

Los inicios de su carrera fueron duros. Junto a su pareja de entonces, el bailarín blanco Arnie Zane, fundó su compañía, que fue usualmente criticada por estar liderada por una pareja interracial abiertamente homosexual, todo un desafío para la América de los ochenta. Cuando apareció el sida, ambos dieron positivo, pero Zane murió en 1988. Bill T Jones hizo explícito su dolor principalmente en dos obras, hoy fundamentales de su repertorio, Last Supper at Uncle Tom’s Cabin (1990) y Still Here (1994), que en su momento fueron virulentamente atacadas por una parte de aquella sociedad que demonizaba a los homosexuales, culpándoles de la pandemia, y que seguía manteniendo sus reservas sobre el valor de lo que hacían los artistas negros.

Esta militancia social pero también poética ha trazado por completo la trayectoria de Bill T. Jones. Y Deep Blue Sea no parece ser una excepción. Aparte del pensamiento de Olivia Butler, sobre el Afro-Futurismo, una de sus inspiraciones viene de Pip, un personaje recóndito del Moby Dick, de Melville, que siendo el único afroamericano a bordo de ese barco, señalado como un microcosmos que refleja la sociedad, no tiene ningún poder ni importancia en la novela. “Recordaba perfectamente el libro pero no a este personaje, que se me apareció en una relectura que hice a raíz de oírlo citado por militantes del movimiento Black Lives Matter”, rememora. La otra referencia importante de Deep Blue Sea, es I have a Dream, el famoso discurso de Martin Luther King Jr, que es deconstruido por Bill T. Jones en el solo que baila dentro su por ahora frustrada propuesta.

Bill T. Jones, que ha sido el director artístico del centro New York Live Arts, de Manhattan, se ha rodeado de prestigiosos talentos para poner en pie Deep Blue Sea. Ha contado con la participación de la arquitecta Elizabeth Diller, del famoso estudio Diller, Scofidio + Renfro, que ya había colaborado en proyectos de danza con el coreógrafo belga Frederic Flamand, y con el compositor Nick Hallett, que se ha encargado del paisaje sonoro de esta producción que espera ser estrenada el próximo año, aunque Jones es consciente de las dificultades que supone en tiempos de distanciamiento social un espectáculo con más de cien artistas en el escenario y pensado para una enorme masa de espectadores. “No sé si a estas alturas de mi carrera estoy preparado para una nueva normalidad”, decía sobre la era poscoronavirus, este creador que modeló su discurso a partir de la pandemia del sida hace no tanto tiempo.

 

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