¿ES "EL RITMO DEL ÉXITO" LA MEJOR PELÍCULA DE DANZA DEL MUNDO?

Estados Unidos celebra por todo lo alto los 20 años del estreno del filme de Nicholas Hytner, pero a lo mejor se han venido demasiado arriba

 

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Texto_OMAR KHAN

Madrid, 17 de mayo de 2020

En estos días los medios norteamericanos se han volcado de lleno en la celebración de los 20 años del estreno de la película El ritmo del éxito (Center Stage, 2000), de Nicholas Hytner. Se han hecho entrevistas a los protagonistas, se le ha dado una inusitada publicidad, ha sido programada por Netflix Estados Unidos y Sony Pictures Television ha aprovechado el aniversario para anunciar que se ha comenzado a rodar una serie que moderniza y alarga su historia, con guión y dirección de Jennifer Kaytin Robinson. El popular semanario norteamericano Entertainment Weekly la proclamaba la semana pasada como “la mejor película de danza de la historia” y la Dance Magazine, en similar hipérbole, no titubea a la hora de calificarla como “la mejor película de danza jamás filmada”, dedicándole un macro reportaje.

Es del todo sorprendente. De inmediato vienen a la cabeza títulos como Las zapatillas rojas (Powell / Pressburger, 1948) o Paso decisivo (Herbert Ross, 1977) que tendrían mucho más músculo como para optar a ser la mejor película de danza del mundo, si es que eso existe. El ritmo del éxito se estrenó muy discretamente en España en verano de 2000 y su paso por las salas norteamericanas tampoco supuso un terremoto taquillero pero en ese país rápidamente se convirtió en una película de culto. Cabría preguntarse el porqué.

Una de las razones de peso probablemente tenga que ver con su director, el veterano hombre de teatro británico Nicholas Hytner, que se impuso a los criterios del estudio que pretendía contratar a actores famosos que tuvieran a un doble para las escenas de ballet. La opción de Hytner, en cambio, fue reconvertir en actores a bailarines profesionales y no dudó en convencer a algunas de las estrellas más idolatradas por cientos y cientos de jóvenes estudiantes de ballet y férreos balletómanos del momento. La maniobra consistía en trasvasar al cine el star-system del ballet. Y desde luego miró hacia el American Ballet Theater (ABT), de Nueva York, el lugar donde fulguran más estrellas.

Hace veinte años, Eithan Stiefel, Julie Kent y Sascha Radietsky se contaban entre las estrellas más codiciadas de la potente compañía de Nueva York. Steifel, particularmente, levantaba auténticas pasiones entre las adolescentes de conservatorios y academias norteamericanas. Radietsky, guapo y carismático, iba en ascenso aunque los productores primero tantearon para ese papel a dos españoles de éxito ya consolidado: Ángel Corella, que brillaba en el ABT, y Joaquín de Luz, que era idolatrado en el New York City Ballet. Para uno de los papeles más relevantes de esta película coral, optaron por una cara nueva y prometedora, la de la bailarina Amanda Schull, que acababa de ser contratada por el San Francisco Ballet, y se fijaron también en Zoe Saldana, una atractiva actriz con formación en ballet.

Salvo quizá Julie Kent, a la larga todos tuvieron carreras más bien irregulares. Steifel terminó ejerciendo unos años como director artístico del Royal Ballet de Nueva Zelanda, Radietsky se fue al Het Nationale Ballet de Holanda, Schull abandonó la danza por la actuación con más bien poca suerte y Saldana sí que terminó triunfando en Hollywood como protagonista de Avatar. Pero hace 20 años, ellos integraban la top list del ballet en América.

 

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Filme de culto

Los adolescentes fanáticos del ballet en Estados Unidos no son hordas, pero masivamente apoyaron El ritmo del éxito, una película en la que brillaban en pantalla sus idolatarados héroes de la escena, y de esa manera, se convirtió en un filme de culto del mundillo del ballet, impulsado principalmente por espectadores muy jóvenes que eran fanáticos o bailarines.

Tiene lógica porque en estructura y plenateamiento la película de Hytner responde a la fórmula de un drama teen movie en toda regla. Aunque recurriendo a tópicos y clichés, de alguna manera termina reflejando problemáticas cotidianas con las que se pueden identificar los estudiantes de cualquier conservatorio: chico gay, chica negra de los suburbios, chica blanca anoréxica, chica insegura y chica que lidia con una típica madre histérica obsesionada con hacer de su hija una estrella. No está demasiado lejos de los dramas de Fama (película y serie), filmes como The Company o Cisne negro y series recientes como Glee o Flesh and Bones, en la que por cierto participa Sascha Radietsky.

El ritmo del éxito narra la peripecia de doce bailarines junior que pelean por hacerse con seis puestos fijos en una compañía de ballet ficticia clavadita al ABT. A la competitividad y el duro esfuerzo, tan subrayado en todas estas películas y series que abordan la danza, se suman los conflictos personales de los aspirantes. Tiene buen ritmo y se deja ver, pero no parece ni mejor ni peor que tantas otras películas sobre ballet.

Quizá otra de las razones que puedan explicar las causas por las que El ritmo del éxito se ha convertido en film de culto en Estados Unidos sea la inclusión de ciertas ideas, hace veinte años a lo mejor innovadoras, escondidas en su trama. Por un lado parece querer decir a las jóvenes ilusionadas con el ballet que ya no necesitan tener un físico predeterminado para bailar. Una de las aspirantes de la película, con un cuerpo “no viable” para ballet, acaba triunfando en una compañía de repertorio más contemporáneo, y por otro lado, el filme intenta anunciar que ya las compañías de ballet no son estrictamente de repertorio académico y se pueden abrir a otras posibilidades. En la película se enfrentan dos sensibilidades: la de un coreógrafo estricto a la vieja usanza (interpretado por Peter Gallagher) y la de un joven talento rompedor e innovador (Steifel), que termina imponiéndose.

De allí que las inserciones de danza sean muy eclécticas, incluyendo fragmentos del Romeo y Julieta, de McMillan; Star and Strippers, de Balanchine y una coreografía con música rock y motos en escena (que hoy luce un poco anticuada) creada para la película por Susan Stormar. En el montaje final se eliminó un fragmento de Theme and Variations, de Balanchine, toda una parafernalia teatral que se había rodado especialmente para el filme, con Julie Kent y Ethan Steifel de solistas junto a todo el elenco del ABT. Solamente Hollywood puede derrochar dinero de esa manera.

Visto lo visto, probablemente El ritmo del éxito sea “la mejor película de danza del mundo” solamente en Estados Unidos, lo que en sí mismo sería entonces una contradicción porque en ese caso sería la mejor película de danza de Estados Unidos ¿no?

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