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Que le corten la cabeza

El Malandain Ballet de Biarritz inicia breve gira española. Al Teatro La Maestranza de Sevilla llevan María Antonieta el día 24 de febrero y al Teatro Campoamor de Oviedo, Noé, el 28.

 

Texto_CARLOS A. GÓMEZ Foto_ HOUEIX YOCOM

Madrid, 21 de febrero de 2019

La danza en Biarritz ha tenido su adalid en el coreógrafo francés Thierry Malandian (Petit-Quevilly, 1959), un artista venido del mundo del ballet y que ha sido un defensor del rigor y la perfección de la técnica al servicio de ideas contemporáneas. En el balneario francés fundó el Centro Coreográfico de danza de la ciudad, hoy convertido en la compañía Malandain Ballet Biarritz, y también el Festival Le Temps D’aimer, que se celebra al final de cada verano.

Con más de 80 creaciones Malandain ha tenido interés manifiesto por los personajes históricos, siendo destacable su Retrato de una Infanta (2009), un homenaje a Velázquez, en el que cobraron relevancia las tres esculturas de meninas, cedidas por el artista plástico español Manolo Valdez.

Recientemente, Malandain ha vuelto a tener inspiraciones históricas en dos piezas, muy distintas entre sí, con las que emprende estos días una breve gira española que primero llevará su Marie Antoinette, al Teatro La Maestranza de Sevilla la noche del 24 de febrero, al tiempo que Noé, de inspiración bíblica, será estrenada en el Teatro Campoamor de Oviedo el 28 de febrero.

Marie Antoinette (en la foto) intenta recolocar y revisar la imagen de la detestada esposa de Luis XVI, odiada por la corte y el pueblo, a la que cortaron la cabeza durante la Revolución. Señalada usualmente como villana, con el tiempo se ha redescubierto otra faceta suya como una mujer sensible y defensora de las artes, especialmente, de la danza. Con música de Haydn, Malandain se aproxima en su ballet a esta María Antonieta más humana y sensible, menos frívola y altiva.

No parece fácil poner en escena a través de la danza la gesta de Noé y el Arca, especialmente por la dificultad que supone la escenificación del diluvio. Lo hizo desde el musical El diluvio que viene pero no es la espectacularidad lo que ha movido a Thierry Malandain a montar su Noé. La pieza, más espiritual que religiosa, le permite abordar temas trascendentales como el devenir de la humanidad, la predestinación y la muy actual emergencia alrededor del medio ambiente. No se trata de una obra narrativa sino de una reinvención del pasaje bíblico llena de sugerencias, en la que el agua está presente como elemento simbólico que puede ser destructor y devastador de la vida en forma de diluvio o necesario y clave para esa misma vida en forma de llovizna, quizá de gota mínima.

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