Pina Bauch

Requiem for Pina

Neues Stück 1 / Since She
Coreografía: Dimitris Papaioannou
Holland Festival
Stadsschouwburg (Ámsterdam)
20 de Junio de 2018

Texto_MARÍA INÉS VILLASMIL

SINCE SHE (2018) / a new work by DIMITRIS PAPAIOANNOU / trailer from Dimitris Papaioannou on Vimeo.

Durante el pasado Holland Festival celebrado en la ciudad de Ámsterdam, el coreógrafo griego Dimitris Papaioannou mostró su primera obra coreográfica de encargo para el mundialmente famoso Tanztheater de Wuppertal. Es la primera coreografía hecha por un creador invitado desde que su fundadora y figura artística, Pina Bausch, falleciera en el año 2009, lo que la convierte además en la primera pieza de larga duración en los 45 años de historia de la compañía alemana que ha no ha sido creada por Bausch. El que aceptara esta tarea sabía que un ejército de fanáticos de Bausch lo estaría escrutando. Suponía un gran reto para el coreógrafo griego. Y salió triunfal.

Papaioannou -artista plástico, dibujante, director, diseñador y coreógrafo-, ha realizado un trabajo de alta factura en Neues Stück 1 - Seit Sie. Con su particular estilo y sofisticada estética logró montar un poderoso trabajo coreográfico, que a su vez viene a ser un hermoso tributo a la danza de la creadora alemana. El trabajo aparece colmado de referencias a la obra de Bausch, pero también a la mitología griega, la religión, la pintura, las tradiciones, el folclor e iconos y deidades griegas, que forman parte del imaginario que ha desarrollado desde su propia compañía con sede en Atenas.

Entre el grupo de bailarines que dan vida a las fantasías de Papaioannou encontramos tres generaciones de tres momentos distintos del colectivo de Wuppertal. El bailarín Michael Strecker (miembro de la compañía durante 21 años) da inicio a la coreografía reuniendo a dieciséis compañeros sobre una larga fila de sillas negras, referencia inequívoca a Café Müller (1978), el clásico coreográfico de la afamada coreógrafa. Los bailarines crean así una intrincada pasarela de asientos, cada vez que mueven una silla de atrás hacia adelante, para al final conseguir pasar de un punto de la escena a otro, mientras por otra parte del escenario la transferencia continúa. En otro momento, una mesa invertida simula un bote que transporta a los bailarines deslizándose, otra vez de uno a otro lado, sobre rollos de cartón. Un bailarín hace malabares sobre una silla de café invertida. Otra se coloca monedas de oro en sus ojos.

Los rollos de cartón, las mesas, el papel y toda suerte de materiales para construir y pintar -más cercanos a un arista visual que a un coreógrafo- son elementos constantes, lo que le da un sello muy personal al trabajo a pesar de las numerosas y evidentes referencias a la obra de Bausch. El artista griego demuestra un conocimiento profundo del estilo y obra de la creadora alemana pero tiene seguridad y dominio de su propia visión y estética personal, de manera que el trabajo termina siendo un emocionado y lícito homenaje a la desaparecida coreógrafa, pero sin llegar a ser una copia de su propuesta coreográfica.

Desde luego hay referencias muy directas a Bausch en este collage de imágenes insólitas, con elementos muy típicos de sus obras como esos vestidos largos y elegantes en los cuerpos de las diez mujeres y los trajes formales en los siete hombres. El complejo entramado de escenas implica además encadenar un variado soundtrack musical, en el que ninguna pieza destaca. Con esta decisión, consigue un ritmo continuo en el que no hay momentos climáticos, más sí un calculado relato de imágenes hilvanadas con una precisión única y casi cinematográfica por el lapso de hora y media.

Se ha dicho que éste trabajo es más bien una carta de amor a la desaparecida coreógrafa, quién fue además una inspiración en la carrera artística de Papaioannou, así como lo ha sido el director escénico norteamericano Robert Wilson, cuya huella también está presente en Neues Stück 1 / Since She, una obra que condensa poesía y drama con esa dosis de humor que fue tan característica del trabajo de la precursora de la llamada Danza Teatro.

Pero la pieza funciona también como un réquiem hacia la coreógrafa. La imagen final nos dejó sin palabras. Sobre la gran montaña que ha servido de escenografía a tantas locuras, miramos la silueta de un hombre que mira hacia el horizonte de espaldas, mientras que una bailarina que asemeja mucho el aspecto de Bausch se hunde entre las rocas de la misma montaña y lentamente desaparece.

Nos ha emocionado hasta las lágrimas este sentido homenaje, sin duda uno de los trabajos más brillantes presentados en el pasado Holland Festival, que ya en el año 2017 había estrenado The Great Tamer (que fue visto en el Festival Veranos de la Villa de Madrid el pasado año), un trabajo de Papaioannou con su propio colectivo y que - al igual que en ésta oportunidad- se anotó un rotundo éxito. Allá en Ámsterdam y aquí también.

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