LACARRA ... Y NADA MÁS
Arranca el ciclo Danza en la Villa de Madrid con el tándem Lacarra-Golding y su pieza In the still of the night. Allí estuvimos y esto fue lo que nos pareció...
Texto_JUDIT GALLART Foto_LESZEK JANUSZEWSKI
Madrid, 16 de junio de 2023
Para el madrileño Teatro Fernán Gómez, junio se ha convertido definitivamente en su mes de la danza desde que decidió acoger al ciclo que por tercer año consecutivo se ha propuesto colmar a la capital española de múltiples propuestas coreográficas, el ciclo Danza en la Villa. El pistoletazo de salida lo daría anoche Lucía Lacarra junto a Matthew Golding con su montaje In the still of the night, trabajo con el que la bailarina zumaiarra conseguiría hacerse con el Premio Max 2022 a Mejor intérprete de Danza.
Música, danza y audiovisual dialogan entre sí para contarnos la historia de un amor eterno con tintes sesenteros y toques de suspense, generada a partir de la concepción visual de Golding. En una noche de luna llena, un melancólico sujeto se sumerge en una serie de recuerdos representados por una bailarina que tan pronto entra en escena, se desvanece. Y es que esta pieza es capaz de mostrarnos dos realidades distintas que convergen de manera simultánea y donde el antes es representado mediante el lenguaje cinematográfico, y el ahora cobra vida a través de la danza.
Lacarra reaparece en escena con la fuerza de un potentísimo cambré en tournant (torsión circular de la espalda) que rápidamente consigue contagiar a su compañero. Ligereza, dulzura y delicadeza son el sello de esta bailarina de extremidades infinitas y control técnico insuperable que colma la coreografía de grand battements (lanzamiento de la pierna) hacia todas las direcciones posibles.
Pero la historia de este idílico romance pronto se verá dramáticamente alterada ante el esplendor de los faros de un Mustang del 69. Será cuando se encuentre literalmente en el ojo del huracán que Golding destacará haciendo algo más que adornar a su pareja o arrastrar por la escena el único objeto escenográfico expuesto: una cama rodante a la que coreográficamente se le podría haber dado mucho más juego. Envuelta por las notas de algunos de los más grandes éxitos norteamericanos de los sesenta que se contraponen a la música minimalista de Philip Glass y Max Richter, y entre las que se cuela algún que otro tema de Edith Piaf, la coreografía sucumbe en exceso a la repetición. La manzana más deseada por los artistas de este país resultó más que merecida para una bailarina capaz de retener la atención del espectador incluso con la más monótona sucesión de pasos. ¡La salvó!




