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Réquiem

Martin Schläpfer trae al Teatro Real de Madrid, del 12 al 14 de octubre, Un Réquiem alemán, coreografía que estrenó en 2010 y ha pasado a ser emblemática del Ballet del Rin, agrupación que pronto abandonará para encargarse de la dirección artística del Ballet de la Ópera de Viena

 

Texto_ALBA ANZOLA Foto_GERT WEIGELT

Viene al Teatro Real, de Madrid, estando al frente del Ballet Del Rin, donde llegó en la temporada 2010/11, pero sin ser prestidigitador ya sabe que exactamente dentro de dos años, en septiembre de 2020, la formación alemana con sede en Dusseldorf será cosa del pasado para él, pues se pondrá al frente de una institución mayor, el Ballet y Academia de la Ópera de Viena, que le acaba de nombrar director artístico con dos años de antelación y la intención de dar un vuelco autoral a esta potente y consolidada casa austríaca. Martin Schläpfer (Altstätten, Suiza, 1959) vive pues un momento crucial a sus 59 años y a su cita con la capital española traerá un título relevante y muy especial de entre las más de 60 coreografías que ha creado en su ya larga trayectoria.

Y es que Ein deutsches Requiem (Un réquiem alemán), construida a partir de la solemne partitura de Brahms, es por varias razones especial para él. La estrenó con el Ballet Del Rin en 2010, justo cuando acababa de aceptar la dirección artística de esta compañía de 45 intérpretes y con ella dio un giro notorio a sus intereses como creador, anteponiendo un gesto abierto y libre más propio de de la danza contemporánea sin renunciar del todo a la técnica clásica, a la que había sido rigurosamente fiel hasta entonces. “Ahora que las puntas son sexys, no veo porqué renunciar”, declaró en su momento. También diseñó la pieza como un proyecto grande y ambicioso, con una estética calculada y limpia, pensado para ser bailado con orquesta y coro en directo.

En realidad los orígenes de este trabajo se remontan a la época en la que Schläpfer era aquel disciplinado estudiante de 17 años que se compró el disco de Brahms, y quedó fascinado. Durante mucho tiempo pensó que no era una música para bailar pero al momento de crearla, en plena madurez como coreógrafo, buscaba justamente el contraste que supone crear una danza emocionada y emocionante que tuviera como marco esa música de recogimiento que no está hecha para la danza. Mucho tiempo y experiencias necesitó vivir para poder poner en pie este trabajo, hoy emblemático de la línea que ha desarrollado con el Ballet Del Rin, que en Madrid contará con la participación de la Orquesta y Coro titulares del Teatro Real, con dirección musical de Marc Piollet.

Un Requiem alemán es una danza de los muertos para los vivos. En opinión del coreógrafo suizo la partitura de Brahms, estrenada en 1869, se desmarca del réquiem tradicional, renunciando al usual carácter de música funeraria para ser más un consuelo para los seres queridos que deja en este mundo el fallecido. De allí que la música – y la danza – dejen abierto el camino a la consolación pero sobre todo, a la esperanza. De alguna manera, la obra conecta con el clásico contemporáneo Sinfonía de los Salmos (1978), de Jiri Kylián, el coreógrafo checo que reinó en el Nederlans Dans Theater (NDT) holandés, que aún siendo ateo montó esta obra sobre la espiritualidad que no aspiraba exaltar a Dios sino asombrarse y admirarse de la capacidad de los humanos para creer y tener fe en él.

“En aquel entonces, cuando la creé, estaba bastante convencido de que Dios no existía”, ha declarado Schläpfer años más tarde. Después de todo, el religioso ha sido un dilema que le acompaña desde sus tiempos de infancia en Altstätten. Su madre fue una muy devota protestante y su padre abiertamente ateo, por lo que esta lucha entre lo laico y lo religioso ha sido asunto relevante de su vida.

Aunque aún se desconoce la línea que pretende desarrollar con el Ballet de la Ópera de Viena, no es difícil vaticinar que Martin Schläpfer seguirá dando continuidad a ese lenguaje elegante e híbrido que desde el rigor del clásico se permite licencias contemporáneas, en creaciones deslumbrantes como las que gusta montar con el Ballet Del Rin y las muchas agrupaciones que le llaman como coreógrafo invitado. Acaba de estrenar con el equipo alemán su personal y desenfadada versión de El lago de los cisnes, y aún resuena el éxito de su divertida y distendida Forellenquintett, que montó recientemente para el Ballet de la Ópera de Zurich. Se aleja cada vez más de la influencia de Heinz Spoerli, coreógrafo para el que se desempeñó como elegante bailarín, y se verifica más su propia impronta como coreógrafo. Sorprendentemente, Schläpfer no ha abandonado del todo el escenario y en 2014 tuvo el honor de bailar el solo Alltag, que montó en exclusiva para él Hans Van Manen, leyenda viva del elegante y difundido estilo neoclásico holandés.

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