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Onírico

Les Ballets de Montecarlo lleva al Teatre El Liceu, de Barcelona, su ya clásica Le Songe, adaptación delirante de Sueño de una noche de verano, de Shakespeare


“Le Songe es una pieza a la que le tengo cariño”, dice convencido Jean-Christophe Maillot (Tours, Francia, 1960), que ha cumplido ya 25 años al frente de Les Ballets de Montecarlo, la potente casa monegasca auspiciada por Carolina de Mónaco, en la que ha modelado su trayectoria como coreógrafo. Estrenada en el Grimaldi Forum de Montecarlo en diciembre de 2005, esta delirante adaptación de El sueño de una noche de verano, de Shakespeare, aparece fundamental en la trayectoria de Maillot. En ella se verifican muchas de las motivaciones y constantes que han caracterizado todo su trabajo, que ha tenido especial debilidad por Shakespeare, destacando su emocionada versión de Romeo y Julieta (1996) o su adaptación de La fierecilla domada, montada originalmente para el Ballet Bolshói moscovita, en 2014, y repuesta hace poco por su equipo monegasco. Su capacidad para narrar desde el ballet una historia compleja, su musicalidad, su humor, elegancia y espectacularidad, hacen de Le Songe, por derecho, una obra suya. El público barcelonés tendrá ahora oportunidad de verla esta temporada en el emblemático Teatre El Liceu.

“Es un ballet que habla del amor de tres formas distintas en tres mundos diferentes: uno es el mundo humano, donde está el amor social que de alguna manera es el más académico, por ello acentúo la danza clásica para representarlo. Luego está el mundo de las hadas, donde está lo visceral, el deseo y lo sexual, es la dimensión más carnal, donde es posible una tensión sexual entre Titania y un asno, y finalmente, el amor desde la perspectiva de los artistas, que son amateurs, aman el teatro pero lo hacen mal y son pura pasión”.

Maillot sabe sortear con éxito las complejidades de la narrativa de Shakespeare y su intrincado relato fantástico alrededor de las trampas del amor, delimitando perfectamente los espacios de la acción. “Lo importante de esta pieza”, asegura, “son esas tres dimensiones: la real del mundo humano, la abstracta del reino de las hadas y la de la comedia y la representación en el de los artesanos. El Sueño de una noche de verano es complicada para el ballet. Se cruza mucha gente y me daba temor que no se entendiera, por eso decidí incorporar en el vestuario los nombres de los cuatro amantes. Necesitaba que no se confundieran”.

Confiesa Maillot que siempre la música se alza como la piedra angular de todo su trabajo. “La música dicta no solamente lo coreográfico sino los estados anímicos. No puedo concebir una coreografía sin la música, es lo primero, es desde donde arranco, no sabría cómo idearla sin saber qué música será”. De hecho, es la música la que no pocas veces le ayuda a organizar las escenas. Le Songe es ejemplar. “Para cada uno de estos tres mundos usé una música diferente. Mendelssohn para el humano, Daniel Teruggi, que es más abstracto para el mundo de las hadas y mi hermano Bertrand Maillot compuso la música especialmente para el mundo teatral”.

Algo peculiar con la música le ocurrió también al enfrentarse a otro Shakespeare complejo, el de la comedia La fierecilla domada. “Sí. Lo más importante de la fierecilla ha sido la música. Construí la pieza con unos 15 trabajos de Shostakovich y encajar todas esas músicas en la narrativa de Shakespeare me hacía sentir como si fuese el compositor. Se necesitaba la autorización de la mujer de Shostakovich para usarla y ella originalmente no lo entendía. Tuve que explicarle paso a paso qué es lo que yo quería. Tengo formación musical, tengo oído y una manera de entender la música que la convencieron. Me siento muy contento porque es la primera vez que pude armar de esta manera la música de un ballet creado por mí”.

Pero La fierecilla también supuso el reto de abandonar su zona de confort en Mónaco y enfrentarse a una rígida institución como el Ballet Bolshói. “La experiencia rusa fue difícil pero excitante. Hubo mucha dificultad pero me quedo con lo bueno. Entras a una estructura muy sólida donde no puedes experimentar ni inventar nada. No hablar ruso ha sido otra limitación importante, así que usé mi experiencia, y quedé satisfecho tanto con la dramaturgia como con la realización”. Sin embargo confiesa que el año pasado, cuando la remontó para sus bailarines, pudo ajustar lo que en Rusia no fue posible. “En el Bolshói la hice con un elenco completamente ruso y en Los Ballets de Montecarlo tenemos 22 nacionalidades, y eso marca. Yo hice la pieza en Moscú y no volví a tocarla pero había cosas con las que no había quedado contento y ahora, en casa, he podido trabajarlas a fondo. También he sentido diferente el trabajo con el cuerpo de baile. Yo tengo una relación más individual con mi gente y esto ha hecho que crecieran mucho las partes corales pero en general, la pieza es la misma”, concluye sonriente.

Texto_OMAR KHAN Foto_ALICE BLANGERO
Les Ballets de Montecarlo. Le Songe. Del 16 al 19 de mayo. Teatre El Liceu (Barcelona). www.liceubarcelona.cat www.balletsdemontecarlo.com

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