UN PROFUNDO LAMENTO
El Mercat de les Flors, de Barcelona, estrena este fin de semana en el MACBA, la creación ‘Unearth’, una experiencia de cuerpo y voz que Jefta Van Dinther estrenó en Ámsterdam en 2023. A propósito, retomamos la reseña que publicamos al momento de su premier holandesa. Léelo…
Texto_MARÍA INÉS VILLASMIL Fotos_JUBAL BATTISTI
Madrid, 22 de abril de 2026
El Mercat de les Flors, de Barcelona, se instala los días 25 y 26 de abril en el MACBA Museu d’Art Contemporani de Barcelona, en ocasión de representar en este espacio Unearth, sugerente pieza de cuerpo y voz para ocho bailarines, del creador sueco-holandés Jefta Van Dinther, que fue estrenada en 2023 en un espacio similar, la Galería W139, del barrio rojo de Ámsterdam. En aquella ocasión estuvimos allí, y ahora, a propósito de sus funciones catalanas, retomamos el texto en el que recogimos nuestras impresiones sobre esta singular experiencia sensorial.
La representación tiene una duración total de cuatro horas y las entradas estarán disponibles en franjas de acceso a las 17.30, 18.30 o 19.15. A partir de la hora que el espectador haya elegido puede permanecer en el recinto hasta la culminación del espectáculo, a las 21.10, pero es libre de entrar y salir en cualquier momento durante toda la función.
En la nueva Unearth, Van Dinther forma parte del elenco de los ocho bailarines que entonces tomaron el espacio de la Galería W139 en medio del bullicio del barrio rojo de Ámsterdam, y por cuatro horas nos invita a presenciar un ritual que toca el lamento. El público tiene libertad de entrar y salir cuando lo desee en este largo periodo de tiempo, sin embargo, la propuesta atrapa de tal manera que se hace difícil alejarse de este mundo creado con voces y cuerpos, acoplados de tal manera que realmente hipnotizan.
Van Dinther, que ha creado casi siempre un discurso muy apoyado por elementos escenográficos y luces, por imagen y sonido, reduce notablemente estos recursos en Unearth y aún así, ha mantenido a su audiencia enganchada durante varias horas. La galería W139, la locación seleccionada en esta ocasión, le ofrece un espacio totalmente blanco y diáfano con altos techos, por donde entra la luz natural de esta soleada tarde veraniega en Ámsterdam.
Al público se le ofrece un cojín, en caso que desee sentarse, y cuando la audiencia accede al espacio, ya los bailarines están esparcidos por el blanco lugar, aparentemente, sin ningún tipo de orden. Hay un dueto, ya en desarrollo, que recibe a los espectadores al entrar. Seguidamente, cuerpos moviéndose muy suave y lentamente a medida que cantan canciones pop al unísono pero sin renunciar a las armonías de los tonos vocales individuales, que hacen que la experiencia sea altamente sensorial, llevándote de manera irremediable a un estado de trance.

Cuerpos escudriñados
Los intérpretes parecen escudriñar en sus propios cuerpos y el de los otros. Se agrupan en dúos, tríos o cuartetos, casi siempre buscando apoyarse los unos a los otros. Muchas veces, rozan muy de cerca a los espectadores que observan y se quedan allí, cohabitando a ratos el espacio con ellos. Parecen buscar compañía y apoyo, como borrando esa distancia conceptual que existe entre el que observa y el que es observado, cuestionando quizá, una vez más, ese concepto aceptado como espacio escénico.
A medida que pasa el tiempo, los performers van intensificando la entonación de sus voces, al tiempo que sus cuerpos van mostrando signos de cansancio. La propuesta parece ser una libre interpretación del tiempo y el espacio, donde el público forma parte del elemento escénico. Sin embargo, transcurridas dos horas exactas se llega a un calculado clímax y, con precisión de relojería, la estructura comienza de nuevo en una suerte de bucle, que es reconocible sólo si has estado como audiencia desde el inicio.
Las voces de los bailarines actúan como un potente coro, en el que muchas veces una sola voz es líder. Esta repetición, mantenida impecablemente por un grupo de intérpretes que llevan en sus entrañas el lenguaje corporal y la investigación física, conduce al trance que provoca esta propuesta que termina incorporando en su totalidad la voz como elemento fundamental.
Contrario a sus hábitos escénicos, Van Dinther minimiza el “aparatus teatral”. Lejos de diseñar una iluminación hace alianza con la naturaleza y el final de la representación corre en paralelo con el atardecer, usando la paulatina ausencia de luz natural como efecto lumínico y es así como terminamos en el espacio de la W139 totalmente a oscuras. Los bailarines son ahora sombras pero se siguen escuchando sus voces… un canto que nos acerca aún más a un lamento muy profundo, vulnerablemente humano.
Jefta Van Dinther ha venido consolidándose como uno de los creadores europeos más relevantes del momento. Sus inicios están vinculados a la renovación del Cullberg Ballet sueco, donde fue artista residente. Propuestas como Plateau Effect (2013), su primer gran éxito internacional, As It Empties Out (2015), la muy impactante Protagonist (2016) o la más reciente On Earth I’m Done: Mountains & Islands se han colado en las programaciones de los más relevantes festivales y recintos europeos y foráneos. Muchas de sus creaciones han sido exhibidas con éxito en teatros de nuestro país, incluido el Mercat de les Flors.




