“EN NO POCAS OCASIONES, LA DANZA ME HA SALVADO”
Hace treinta años nació Losdedae, una compañía atrevida en su momento, hoy consolidada. Chevi Muraday, su artífice, lo celebra con el estreno de ‘Lo que queda’ en la Sala Cuarta Pared. De esta pieza, de sus piezas y de la vida hablamos con él…
Texto_OMAR KHAN Fotos_LUISA VALARES
Madrid, 09 de abril de 2026
Hace treinta años que está ahí. Es parte indisociable del paisaje de danza de la capital, del país incluso, y es también (re)conocido por América Latina. Chevi Muraday (Madrid, 1969) celebra desde hoy y hasta el sábado próximo los 30 años de su compañía Losdedae con el unipersonal Lo que queda, que se estrena esta noche en la Sala Cuarta Pared. Se trata de una pieza retrospectiva, reflexiva y muy personal que él mismo define como “un recorrido físico, íntimo y poético por los ciclos de la creación, los obstáculos superados, las pérdidas asumidas y la luz que aún se defiende desde el cuerpo”.
Con su cumpleañera compañía ha ganado el interés y la complicidad del público desde los años noventa del siglo pasado con unos primeros trabajos alocados, desprejuiciados y directos, como su primer éxito, De 9 a 3, más tarde con piezas más reflexivas y sofisticadas, como Le Plancher o sus colaboraciones con personajes insólitos como la delirante Pas de deux, donde bailaba con la performer Miss Beige o hace muy poco, Tantas flores, compartiendo escenario con el escritor Alejandro Palomas, hasta su principal hallazgo, el de llevar a conocidos y reconocidos actores al terreno de la danza, un filón inagotable al que ha sabido sacar partido en trabajos de gran éxito como Return, con Marta Etura, Juana, con Aitana-Sánchez Gijón, En el desierto, con Ernesto Alterio (Premio Max al Mejor Espectáculo), El perdón, con Juana Acosta, o más recientemente Pandataria, con Cayetana Guillén Cuervo.
“Treinta años bailando no me pesan, me sostienen”, declaraba convencido ayer a la televisión local en un encuentro con los medios en la Cuarta Pared. Aclaraba también el que fuera Premio Nacional de Danza en Interpretación, en 2006, que Lo que queda es solo una parte de la celebración, que se extenderá todo el año, haciendo lo que siempre ha hecho. Por un lado, el estreno de una producción inusualmente grande este verano, del 22 al 26 de julio: Bacanal, en el Festival de Teatro Clásico de Mérida, que protagonizarán Carlos Hippólito, Juana Acosta y más de catorce bailarines, una obra que, advierte, no tendrá posibilidades de girar dadas las dimensiones, y por otro, su actividad frenética en Alcalá de Henares, donde tiene sede desde hace 17 años y está perfectamente integrado en la ciudad. Hace poco, se hizo pública la programación del Festival Cervandantes de Alcalá, en el que la compañía tiene una destacada participación artística y pedagógica.

Atendiendo al título de su nueva pieza ¿que ha quedado? ¿qué cree que ha permanecido en sus propuestas?
La inquietud constante. De mis inquietudes surgen las piezas. No salen de una investigación analítica ni de un proceso intelectual profundo sino de un impulso vital que emerge como algo sincero y honesto. Esta misma pieza sale de uno de esos impulsos.
Lo que queda tiene aires de confesión y balance… ¿cómo surge?
No es una mirada provocada sino el producto de reflexiones que me surgieron durante un viaje de trabajo en solitario, muy largo, que me llevó desde el norte de Colombia hasta Chile, yo solo con mi mochila… durante este recorrido introspectivo y a propósito de los treinta años surgió esta necesidad de compartir, celebrar, agradecer. No escribo, hago ejercicios de escritura con mucho pudor, pero con todas estas reflexiones escritas le dije a Noelia Venza si se podría hacer algo. Ella me hizo la dramaturgia y aportó textos propios
Desde hace tiempo ha venido usted coqueteando con el teatro…
¿Coqueteando? [se despacha una buena carcajada]. Ha sido puro intrusismo, pero desde los inicios de la compañía, en todas mis piezas siempre hubo texto, lo hacía desde un lugar que no sabía muy bien dónde estaba. Siempre me ha interesado trabajar con dramaturgos y con actores. Ha habido un poco de invasión pero estoy agradecido. Por tener esos actores, he podido hacer temporadas de hasta cuatro semanas en teatros como Matadero o El Español. No es que no crea en la danza pura pero esta ambigüedad me ha permitido ir a lugares concretos a los que no llegaría sin la palabra pero también al contrario… allí donde no había palabras bailé para expresarme. No me he cortado, yo creo que las fronteras no existen. Nunca he pretendido que esos actores fuesen bailarines, y casi siempre, lo han resuelto muy bien desde su lugar.
Imagine a alguien que nunca ha visto un trabajo suyo ¿Qué pieza le recomendaría para que pudiera conocerle a fondo como creador?
En el desierto. Es una obra que surgió en plena crisis, hablaba de los artistas que no encuentran su lugar, fue importante. Y luego, una de las primeras, que ha sido muy emblemática: De 9 a 3, porque hablaba sin pudor de la noche, de los after, de la juventud y de la libertad…
Y esa libertad a día de hoy… ¿se ha perdido?
Para nada… la siento en mi trabajo todavía. Yo soy un señor de 56 años con su peso, no soy el de antes ni pretendo serlo, pero hay algo en la capacidad de soñar que no decae. Sigo lleno de proyectos y me siento emocionado por todos. Me siento guay, me siento fuerte y todavía ilusionado. Yo no bailo porque existo, yo existo porque bailo. No sé si lo he idealizado pero a mí la danza, en no pocas ocasiones, me ha salvado.
Ha cambiado usted en estos treinta años pero ¿cree que ha cambiado también el panorama de la danza en el país?
En esta evolución y madurez donde te colocan, subsistes y sobrevives. Claro que ha habido una evolución en la danza, hay mucha más accesibilidad, hay centros de formación excelentes, la sociedad apoya estas decisiones y yo, que estoy en contacto con nuevas generaciones, con gente muy joven, veo un talento impresionante. La precariedad radica en que no haya suficientes apoyos para sostener todo ese talento, y no lo digo por mí, que yo ya tengo una infraestructura sólida. Lo digo por ellos, me inquieta qué va a pasar con ellos. Me parece cansino y aburrido este manido discurso de la precariedad de la danza pero creo que no podemos permitir la disminución de los festivales y las programaciones de danza en los teatros. Van despareciendo…

¿Le hubiese gustado tener una compañía con elenco estable?
Tengo una compañía que genera trabajo para mucha gente y tengo cerca a un grupo de bailarines que trabajan conmigo siempre en distintos proyectos, pero dejé de creer en la compañía con elenco estable. No es que no quiera tenerla, es que el sistema te convence de que ese no es un camino viable, que no es posible, te obliga a desistir. Yo prefiero decir que tengo una compañía con estabilidad.
El otro camino es trabajar para compañías estables… En los tiempos de Joaquín de Luz como director de la Compañía Nacional de Danza (CND) se anunció el estreno de una pieza suya que él le había encargado y nunca llegó a ocurrir ¿Qué pasó?
Eso pregúntaselo a Joaquín de Luz. La danza puede dártelo todo pero también quitártelo. He pasado por momentos que no quiero ni recordar, y éste es uno de ellos. No hablo de esto porque es doloroso, porque hay heridas que nunca cierran. Yo la hice, la pieza la tiene la CND, estrenarla depende de ellos…
¿Qué supuso para Losdedae tener una sede en Alcalá de Henares?
Un antes y un después. No podría generar todo lo que genero sin esa sede. Pero no es solamente el espacio de la compañía, es un espacio para muchos. Hay una demanda tremenda de residencias y nosotros le ofrecemos este espacio a muchísimas compañías jóvenes porque soy de los que creen que mientras más fuerte esté el sector, más fuertes seremos todos. También hacemos jornadas de puertas abiertas muy exitosas, y un trabajo social muy importante. Nos hemos integrado en la comunidad y los ciudadanos sienten también que el espacio es suyo. Ponemos a bailar por primera vez a señores de setenta y ochenta años en nuestros talleres y es maravilloso, emocionante, ver cómo descubren un universo que no sabían que existía, aprenden a expresarse con el cuerpo… es de las cosas más importantes y bonitas que hacemos en Alcalá de Henares.





