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¿QUÉ TIENE EL FLAMENCO QUE VER CON LOS POCHOLOS?

La renuncia de Antonio Castillo Algarra a la dirección del Ballet Flamenco de la Comunidad de Madrid entronca con un culebrón político de la CAM. Reflexionamos sobre el asunto…

 

 

Texto_OMAR KHAN

Madrid, 22 de febrero de 2026

A su cargo de director artístico del Ballet Flamenco de la Comunidad de Madrid renunció esta semana Antonio Castillo Algarra. ‘¿Quién?’ se preguntará mucha gente de la danza. Y es lógico que no lo sepa, porque además de ser un hombre de teatro con una trayectoria nula en la danza de este país, parece que era muy feliz ejerciendo su poder siempre a la sombra. El caso, complejo e insólito, nos desvela y corrobora que ni siquiera la danza escapa a los más extraños e impensables tejemanejes políticos.

Algarra, hasta esta semana, era un asesor externo en materia de educación y cultura de Isabel Díaz Ayuso, Presidenta de la Comunidad de Madrid. Sabemos ahora que su poder llegaba hasta el punto de haber colocado en cargos clave, principalmente de Educación, a sus súbditos, un grupo de profesionales aptos pero sin experiencia, conocido como los pocholos, aludiendo a sus pintas de niñatos pijos. Paralelamente, pisar tan firme en la plataforma Ayuso, le ayudó a disparar su carrera artística como dramaturgo y hombre de teatro, que llegó a facturar a través de su empresa For The Fun of It, hasta 75.000 euros, según una información desvelada esta semana por el diario El País.

Adicionalmente, se convirtió en Director Artístico del Ballet Flamenco de la Comunidad de Madrid, pese a no tener credenciales en el mundo de la danza para ello. En su investigación, el periodista de El País Antonio Quesada escribía en el rotativo: “Además, a oídos del núcleo duro del Gobierno llegó el rumor de que Algarra había convertido el ballet en su cortijo, hasta el punto de hacerle la vida imposible a su primer director, el reputado Jesús Carmona, bailaor, coreógrafo y director artístico. Según tres fuentes consultadas, la situación era insostenible dentro de la compañía y Carmona dimitió al poco tiempo de que la compañía estrenase su primera obra, en diciembre de 2024”.

Rumores de pasillo había. Se decía que Algarra no respetaba el necesario espacio de creatividad de los coreógrafos y tenía la última palabra en asuntos artísticos como el vestuario, la escenografía o incluso, la coreografía. Jesús Carmona, que esta misma semana estrena en Centro Danza Matadero, Tentativo, la nueva producción de su compañía, se ha referido con mucha elegancia y discreción al asunto en la entrevista que con él hoy publicamos (MATADERO / FESTIVAL DE JEREZ)..

“Mi salida no estaba en los planes de nadie”, nos confiesa. “Fue una situación complicada, inesperada y personalmente dura. Hubo momentos muy complejos que me llevaron a replantearme muchas cosas. Conforme avanzaban los meses vimos que el proyecto real no se parecía demasiado a lo que se nos había planteado al principio. Esa falta de alineación fue clave”.

Nada de esto habría trascendido si no fuera porque el pasado lunes la Presidenta de la Comunidad de Madrid fulminó sin miramientos al pocholo mayor, Emilio Viciana, Consejero de Educación, y protegido de Algarra, lo que desató una impredecible tormenta interna en el gobierno regional, que provocó la dimisión de tres diputados y dos directores: el de Universidades y la de Secundaria. Los pocholos se alineaban así en solidaridad con el caído, y con ese gesto dejaban claro que estaban con Algarra, quien ratificó su ruptura con Ayuso al renunciar a su cargo en el Ballet Flamenco de la Comunidad de Madrid.

Todo apunta a una suerte de secta que ejercía su poder en la Comunidad de Madrid. El titular del citado artículo de El País describe a Alagarra como “un iluminado religioso”. Al subir a primera plana, no han cesado de salir informaciones sobre él, que han repescado declaraciones suyas del pasado como: “El lenguaje inclusivo es de universitarios del género tonto” o artículos en los que llama “monstruosos” y “no normales” a los homosexuales pese a declararse a sí mismo abiertamente gay.

Al margen de determinar si Madrid necesita tener una Bienal de Flamenco, como queriendo opacar la auténtica, la de Sevilla, o la necesidad verdadera de tener un Ballet Flamenco de la Comunidad de Madrid, cuando la danza contemporánea en todo el país no tiene ninguna compañía oficial que la represente, la primera reflexión que surge de todo este embrollo con aires de culebrón es preguntarse cómo un señor tan ajeno a nosotros, a la gente de la danza, y con ideas tan retrógradas como las de Algarra se convierte en director de una novísima compañía de danza financiada con dinero público. ¿No supone eso un desprecio al espectador y un agravio a tantos y tantos profesionales de nuestro medio con credenciales y demostrado talento para ocupar un cargo público como ese?

ESTE ARTÍCULO FUE ACTUALIZADO A LAS 17.00h

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