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HOSANNA HEY

Se han cumplido 50 años de la primera representación de ‘Jesucristo Superstar’ en Broadway. Jalonado por la polémica, ha terminado convertido en un clásico entre los musicales. Te contamos su historia…

 

Texto_OMAR KHAN

Madrid, 20 de octubre de 2021

Una de las premisas fundamentales era que Jesús no iba a resucitar ni habría nada que diera credibilidad a su origen divino, porque lo querían retratar como un hombre. Otra era revertir el papel histórico de Judas como el villano. Aquí protagonista, es mostrado como el elemento clave que ayuda a Cristo a completar la misión de Dios que le trajo a la Tierra. “Hey Jesús ¿morirás por mí?” le grita al Mesías en un momento la muchedumbre. Por lo demás, una música rock pegadiza y de gran belleza que, en los setenta, puso al mundo entero a tararear el estribillo de la festiva entrada de Jesucristo en Jerusalén: “Hosanna Hey, Sanna Sanna Sanna Ho…”

Hace 50 años, un 12 de octubre, Broadway estrenó en el Teatro Mark Hellinger, de la calle 51, de Nueva York, Jesucristo Superstar, el atrevido musical que habían creado dos veinteañeros británicos: el compositor Andrew Lloyd Weber, de 23, y el letrista Tim Rice, de 26. Habían obtenido una tibia recepción para el disco en Londres, donde les habían tildado de blasfemos y provocadores, y desde luego, no habían conseguido convencer a ningún productor para la versión escénica de su más que original lectura del Nuevo Testamento. En Estados Unidos, en cambio, todo fue diferente.

El disco se había editado en 1970 y en enero del año siguiente aparecía en el número uno de las listas de popularidad norteamericanas, logrando vender dos millones y medio de copias. En Broadway, la idea del musical edulcorado, fácil y feliz venía transformándose desde el estreno de Hair, en 1967, el primer musical que abordaba un tema político del momento como la Guerra de Vietnam. Y paralelamente el concepto de ópera rock se solidificaba tras obras notables como Tommy, el álbum conceptual de The Who, de 1967. El momento era perfecto para Jesucristo Superstar.

Las primeras seis semanas de representaciones fueron frenéticas. Las entradas estaban agotadas y la polémica hacía un ruido que favorecía la taquilla. Cada noche se reunían a las puertas del teatro grupos religiosos escandalizados que intentaban boicotear la función. Por un lado los cristianos, que no concebían que la historia de Jesús se contara desde el rock, que era por excelencia música del demonio, y mucho menos que se atreviera a negar la divinidad de Cristo, darle protagonismo a Judas y sugerir el interés terrenal de Jesús por María Magdalena. Encolerizados, gritaban “Blasfemia, blasfemia”, mientras que al otro lado los judíos protestaban porque sentían que el musical los acusaba directamente de la muerte de Jesucristo.

 

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No sé cómo amarlo

Pero pronto se desinfló y Jesucristo Superstar no fue un exitazo. Tuvo 711 funciones y pese a cinco nominaciones a los Tony, no obtuvo ninguno. A Weber y Rice nunca les gustó el trabajo de Tom O’Horgan en la dirección escénica, pero estaban confiados en las posibilidades de su obra, que encontró un empujón definitivo en la película de Norman Jewison, de 1973, que del elenco teatral conservó a la hawaiana Yvonne Elliman en el papel de María Magdalena, y encumbró a Ted Neeley, que se ha quedado encasillado haciendo de Jesucristo en distintas producciones hasta el día de hoy.

Pese a las protestas de los católicos, el musical terminó acercando a Cristo a muchos jóvenes rockeros. Después de todo, el Papa Pablo VI le había dado su visto bueno tras una proyección privada de la película, que venía generando manifestaciones y rechiflas católicas allí donde llegaba. En su momento, con el ruido mediático, parecía difícil verla sin intentar cazar blasfemias, pero con el tiempo se ha desvelado como un musical tremendamente humano que mira desde otra óptica, nada ofensiva, la última semana de Jesús en la Tierra.

La idea se la dio a Lloyd Weber una canción de Bob Dylan, With God in Our Side (1964), específicamente en una frase que dice “¿Es que acaso Judas Iscariote no tiene a Dios a su lado?”. Desde que la oyó, el compositor no paraba de pensar en Judas como un ser humano al que le tocó el beso fatídico que desencadenó la crucifixión redentora. Se planteó lo mucho que Judas debía querer a Cristo y el dolor que le produjo la supuesta traición. De hecho, el estribillo del tema central de María Magdalena, lo repite Judas más tarde compungido: “Es que ya no sé cómo amarlo…”. El musical intenta plasmar también el miedo de Jesús ante lo que se le viene encima después de la última cena. En su canción emblema, Getsemaní, el hombre se enfrenta a Dios Padre y le plantea sus dudas razonables sobre la eficacia de ese plan de tener que morir por la humanidad.

 

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Camilo Superstar

España también celebra estos 50 años, pues tiene su propia historia de Jesucristo Superstar. Por insólito que parezca, el director teatral Jaime Azpilicueta y el mismísimo Camilo Sesto, encarnando a Jesús, consiguieron estrenarlo justo en el fin de la era franquista. Tan justo, que las representaciones fueron suspendidas temporalmente por la muerte de Franco. Se estrenó el 6 de noviembre de 1975 (el dictador murió el 20) en el Teatro Alcalá Palace, de Madrid. Dificultades hubo muchas, siendo la más relevante ser aprobada por el aparato censor, que ya había alterado la película poniendo subtítulos que no traducían lo que se cantaba. Pero la relajación del franquismo tardío, permitió representarla sin alteraciones.

Dicen las reseñas que en la noche inaugural se escuchó una ovación de seis minutos, especialmente para Camilo Sesto, en la que para muchos es la actuación más relevante de su carrera musical. Se mantuvo con el cartel de agotadas las localidades hasta marzo del año siguiente y, cómo no, también hubo enfurecimiento cristiano, con miembros del grupo ultraderechista Guerrilleros de Cristo Rey amedrentando a los espectadores cada noche a la entrada del teatro. También hubo varias amenazas telefónicas de bombas que no explotaron nunca.

A sus 50 años, Jesucristo Superstar es un clásico entre los musicales. Incontables versiones se han llevado a cabo, se han hecho producciones televisivas y teatrales, y siempre ha sido un éxito. A propósito de la conmemoración de los 50 años de su primera puesta en escena, la ciudad de Seattle disfruta estos días de una nueva y sofisticada producción.

En la foto que abre este reportaje: Ben Veeran, Jeff Fenholt e Yvonne Elliman, de la primera producción de Broadway, en los papeles de Judas, Jesucristo y María Magdalena, respectivamente. En la foto central: Ted Neeley como Cristo en la película de Norman Jewison. Y en la foto inferior, Camilo Sesto, en la producción española.

 

 

 

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