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PRIVATE DANCER 

‘Tina, el musical’ supone un paseo por la vida no siempre festiva de Tina Turner. La Gran Vía madrileña se prepara a recibirlo el 1 de octubre. Te lo contamos…

 

Texto_OMAR KHAN

Madrid, 6 de septiembre de 2021

Varias vidas ha tenido Tina Turner, lo que implica haber subido y caído varias veces. Una de sus últimas resurrecciones, un musical a modo de confesión que se estrenó con éxito en el Teatro Aldwych del West End londinense en 2018, y un año más tarde en Broadway, pondrá ahora su historia trágica y sus canciones alegres como Proud Mary, River Deep Mountain High, Private Dancer o What’s Love Got To Do With It, en la Gran Vía de Madrid. El 01 de octubre próximo se estrena en español Tina, el musical, en el Teatro Coliseum, en lo que supone además el regreso de los musicales tras el nefasto parón covid.

“No se trata de mi estrellato, se trata del viaje que hice para llegar allí”, le dijo en su primer encuentro la legendaria estrella del rock a la dramaturga Katori Hall, una admiradora a la que le tocó en suerte escribir el libreto de este musical que recoge la vida de la estrella desde su infancia difícil en un pueblo en medio de ninguna parte del sur de América donde nació como Ann Mae, los primeros años con la banda de Iker en los sesenta hasta su resurgimiento en solitario, reinventándose a sí misma, en los ochenta.

“La verdad es que Tennessee tiene la costumbre de tragarse los sueños de las niñas negras. Algunos dicen que por eso el suelo es tan fértil”, apunta ahora Hall, para reconocer que Tina Turner es la excepción de la regla, logrando que la vía principal que lleva a Nutbush, su ciudad natal, dejara de llamarse simplemente Highway 19 para ser conocida como la Autopista de Tina Turner.

La voz callejera y desafiante, ronca y canalla de Turner, que pareció definir a finales de los setenta el estilo imposible de rock fusionado con soul que fue el funk, contrasta brutalmente con la fragilidad de esa cantante que, en 1981, desveló en una entrevista histórica a la revista People los 16 años de maltratos que vivió al lado de Iker, su marido, impulsor, manager y maltratador.

 

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No te llevarás mi nombre

Harta de palizas se había fugado de un hotel hacia la libertad en medio de una gira, dejando colgada a la productora, lo que le procuró muy mala reputación en el medio. De sus tiempos con Iker quedó un trauma y un divorcio en el que él se quedó con todo, excepto con un valioso tesoro: su nombre artístico. Fue todo lo que pidió, poder conservar el nombre que él le había puesto. Su carrera murió así una primera vez para resucitar más tarde en solitario.

La confesión a la revista, según dijo, tenía la intención de ser el cierre de un capítulo, un pasar página. Pero tuvo el efecto contrario y aunque desde entonces la historia de su tragedia la ha perseguido allí donde llega, al mismo tiempo la convirtió en un verdadero icono, no ya musical, para sus miles de fans. Una mujer de pueblo, pobre, negra y maltratada que supera contratiempos y se convierte en la cuarentena en una súper estrella de rock que llena estadios al igual que los Rolling Stones (de quienes por cierto fue telonera en sus tiempos con Iker), es un ejemplo notable y a subrayar en estos días del metoo y el black lives matter.

En el lado opuesto a su tragedia personal se contrapone el éxito absoluto de una mega estrella que encontró la paz con ayuda del budismo. Un símbolo que ha vendido más de 100 millones de discos, atesora 12 premios Grammy y logró reunir 180 mil personas en el legendario concierto que dio junto a Paul McCartney en el famoso estadio Maracaná de Río de Janeiro, en 1988.

Numerosas han sido sus colaboraciones con luminarias que van desde David Bowie y Janis Joplin, pasando por Eric Clapton y Sting,  hasta Beyoncé más recientemente. En el cine debutó como la Reina del Ácido, en Tommy (Ken Russell, 1975), delirante película que hizo con The Who. Puso canción a un James Bond y despuntó más tarde en Mad Max, donde cantaba el hit We Don’t Need Another Hero.

Ahora, sobrepasando los 80 años, es impulsora de Tina, el musical. “Espero que este musical le ofrezca a la gente algo que recuerde mi trabajo. Ha sido una experiencia muy especial para mí. En muchos sentidos, este musical se ha convertido en el siguiente capítulo de mi historia”, ha dicho.

La dirección la ha asumido Phylllida Lloyd, la misma que fue responsable de Mamma mia!, que ha contado una vez más con la colaboración de su coreógrafo habitual, el veterano Anthony Van Laast. La productora nacional, Stage Entertainment, ha hecho alianza con la de Alemania en la creación de una escenografía totalmente nueva. Por lo demás, el montaje, como el del West End, cuenta con más de 125 trajes distintos y en cada función se activará una orquesta que interpreta hasta 23 conocidas canciones de Turner. En Madrid, el complejo papel de Tina será interpretado por la joven cantante, actriz y bailarina de Barcelona Kery Sankoh, que ya había participado en producciones de Stage como El rey león y El guardaespaldas.

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