TRAS LA TEMPESTAD
Regresa la compañía Rosas al Mercat de les Flors de Barcelona, con dos programas diferentes, uno de ellos la más reciente creación de Anne Teresa de Keersmaker ‘EXIT… ABOVE. After The Tempest’. Te lo contamos…
Texto_REDACCIÓN Foto_ANNE VAN AERSCHOT
Madrid, 23 de mayo de 2025
Aunque parezca contradictorio, se verifica en EXIT… ABOVE, After The Tempest, la nueva creación de Anne Teresa de Keersmaeker para su compañía Rosas, de Bélgica, un intento de regresar a sus orígenes en los años ochenta, cuando era tan obstinada y minimalista, pero al mismo tiempo, parece haber una necesidad de innovación y puesta al día. La nueva creación, tras su paso por Sevilla y Madrid, recala ahora en el Mercat de les Flors, de Barcelona, donde podrá verse este fin de semana, pero también será interesante asistir a Il Cimento dell’Armonia e dell’Inventione, en la misma sala los días 28 y 29 de mayo, en lo que supone su reencuentro con la música de Vivaldi, específicamente Las cuatro estaciones.
Entre las novedades de EXIT… ABOVE, After The Tempest, un elenco renovado, conformado por bailarines jovencísimos (casi ninguno de ellos había nacido cuando se fundó la compañía), con predominio de negros y mulatos, ya no tan preocupados por la perfección y la técnica, aventurándose incluso con guiños al hip hop, antes impensables en el trabajo de una Keersmaeker ahora, digamos, más suelta.
Por otro lado, es también novedad el uso de recursos y efectos escénicos, tan poco habituales en sus creaciones, como ese plástico gigante accionado por un ventilador industrial que se pavonea en el aire como si fuera un dibujo animado mientras el equipo baila, así como también el uso de fuego, nubes de humo y repentinos blackouts.
Pero la novedad es aparente. El dibujo en el suelo del escenario, unas llamativas figuras geométricas, son imitación y calco de las del escenario de un viejo éxito suyo, Rain (2001), que parecen reaparecer aquí como un recordatorio de que, a pesar de los cambios, sigue siendo la misma Anne Teresa de Keersmaeker, quizá menos obstinada y racional que hace cuatro décadas, pero igual de rigurosa, musical y, sobre todo, fascinante.



