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RADIOGRAFÍA DEL DOLOR

Se estrena mañana, en El Curro DT de Madrid, Painkiller, la coreografía en la que Mey-Ling Bisogno se sienta a negociar con los dolores físicos que conviven en su cuerpo. Quisimos saber cómo era eso y esto nos contó…

 

Texto_OMAR KHAN Fotos_AMEO

Madrid, 11 de septiembre de 2019

No es metafórico el título de la nueva película de Almodóvar, Dolor y gloria. En su nuevo filme de tintes autobiográficos, el realizador manchego aborda principalmente cómo el dolor físico que generan sus enfermedades y dolencias paraliza su acto creativo. Mey-Ling Bisogno, coreógrafa venezolana anclada en Madrid, se ubica en la antítesis y los dolores que padece desde tiempos que su memoria ya no activa no han sido impedimento sino detonante y punto de partida de Painkiller (Ensayos dancísticos en torno a la idea del dolor), su nueva creación, un dueto bailado por Diana Bonilla y Aiala Etxegarai, que se estrena mañana en la sede de El Curro DT (Calle de La Reina 9, Madrid), donde hizo residencia, y que se representará allí los días 12, 13, 14, 19, 20 y 21 de septiembre.

“El dolor me ha acompañado durante mucho tiempo. Tengo todo lo imaginable. No tengo discos en tres vértebras por desgaste, he tenido tres hernias, se me han salido los hombros, me rompí la nariz, me fracturé dos tobillos al unísono. Tuve que aprender a caminar de nuevo, a volver a bailar… el trabajo del bailarín antes, en otra época, era menos cuidadoso, hacíamos barbaridades con nuestro cuerpo, así que he estado con dolores casi toda mi vida. Los dolores con el tiempo se hacen crónicos, se alojan en tu cuerpo”.

Y si no puedes con ellos, únete. Reacia al uso de fármacos, Bisogno entró en un período de negociación con todos y cada uno de sus dolores. “Con Painkiller quería desmitificarlos porque a fin de cuentas son compañeros de vida, he vivido y convivido con ellos, y cada uno tiene sus peculiaridades, es como vivir con varios amantes, cada uno tiene sus exigencias y al final tienes que negociar. Hay que asumir que existen y viven contigo”.

El punto de arranque para el trabajo de danza que iba a desarrollar con sus dos bailarinas fue hacerles la pregunta “¿Cómo afrontar los dolores?” pero antes de que cualquiera de ellas respondiera lo obvio, les advirtió que la única respuesta no válida eran los fármacos. “Les tengo miedo·”, admite. “Cuando me rompí los tobillos pasaba además un momento emocional difícil así que me suministraron morfina para el dolor. Y me sentí tan estupenda que me generó ansiedad llegar al día siguiente para una nueva dosis, y le dije a los médicos que no quería más, que ya vería cómo gestionar el dolor, porque sabía que iba a terminar enganchada a aquello”.

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Proceso liberador

Mey-Ling Bisogno nació en Venezuela, tiene ascendencia china e italiana, nacionalidad francesa y es residente en España. Ha desarrollado su trabajo como bailarina y coreógrafa en Caracas, Miami, Nueva York, Buenos Aires, París y Madrid, donde finalmente se ha asentado. Ha realizado más de 30 creaciones en todas estas ciudades y cada una de ellas ha respondido a un momento determinado y particular de su propia vida. Su largo y ambicioso proyecto Peep Box 350º o Christina, el cuerpo en cuestión, entre los más recientes. “Llevo a la creación lo que esté rondando mi cabeza en la vida cotidiana”, confiesa. “Cuando trabajo una pieza en el estudio me exorcizo, para mí es liberador, no tanto para solucionar los problemas como para ponerles marco”.

Pero no hay que equivocarse. Su obra no es autobiográfica ni una serie de episodios danzados de su vida. Nada más lejos. “No hay en Painkiller representación ni simulación del dolor”, advierte. “Es un dúo más bien abstracto donde cada una es el dolor de la otra, trabajamos desde la sensación de dolor transformada en un impulso de movimiento. Pasamos por las etapas del dolor, desde la negación, la necesidad de esconderlo, hasta comprenderlo y gestionarlo. El resultado no sale de una dramaturgia lineal ni de la representación. Lo más obvio quizá es un momento en el que se escribe en una pizarra el nombre de cada dolor… porque yo les pongo nombre”.

De repente, Bisogno se ha visto muy activa estos últimos días. Aparte de las funciones de Painkiller en El Curro DT, su pieza de calle Shōjo, “que te mete en un mundo de fantasía manga en 15 minutos”, recalará en la Feria de Huesca, el 26 de septiembre. Y un día antes, el 25, podremos conocer su faceta de bailarina en la Sala Pradillo de Madrid, donde ha sido invitada por la creadora Cristina Boullosa, con quien toma clases regularmente. Adicionalmente ha sido colaboradora cercana del proyecto Ellas crean, que recientemente ha culminado una nueva edición en Madrid.

Atacada siempre por sus dolores, sus neuronas por el contrario están en plena forma, y ya está imaginando un nuevo proyecto. “Mi próximo paso será Cómeme, una pieza antigua que quiero no remontar sino replantear. Es de 2010 y fue mi segunda creación en España, la que me puso en el mapa de la danza en el país. Tiene una gran preocupación por la estética, por lo visual, y quiero retomarla pero con todo lo vivido y aprendido estos últimos años. Es un trío muy sensorial, que huele a canela, donde todo es blanco y rojo, y en el que llueven 25 manzanas”, concluye.

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