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Focus & Power

Happy Island se llama la nueva pieza de La Ribot, gran dama vanguardista que ha montado este espectáculo para la compañía Dançando Com a Diferença, que inaugura el Festival ídem, de La casa encendida, del 12 al 14 de septiembre.

 

Texto_OMAR KHAN Fotos_CAROLINA MOREL FONTAINE

Conmovida, La Ribot (Madrid, 1962), se dedicó a materializar en escena los sueños de sus bailarines, los integrantes de la compañía portuguesa Dançando Com a Diferença, con los que estrena en Madrid esta noche (12 de septiembre) su nueva creación Happy Island, título que da el pistoletazo de salida al ya tradicional Festival Ídem, en La Casa encendida. “Quise que tuviera especial interés el tema de la belleza. En lo visual es intencionadamente bella. Ellos son muy bellos y pensé en su belleza, en sus especificidades, su inteligencia escénica, que la tienen, en su sex appeal, su sexualidad, sus emociones y también en sus incapacidades”, explica la creadora.

Y es que, cuatro de sus cinco bailarines tienen Síndrome de Down y la otra, dificultades motrices. Es el sello que caracteriza Dançando Com a Diferença, la compañía que dirige desde 2001 en Madeira Henrique Amoedo, que ha sido precursor de la danza integrada. “Él ha conceptualizado la danza inclusiva”, asegura con seguridad La Ribot. “La clave está en que les da autonomía. Autonomía para coger el bus pero también autonomía para decidir que quieren ser bailarines. Y eso es la inclusión. Los hace sentir autónomos frente a la familia, frente a la sociedad, frente a la vida. Y yo he tirado por lo sexual, indagando sobre el deseo, sobre sus fantasías”.

Esta osadía y al mismo tiempo esta naturalidad en abordar el lado más íntimo de cada uno de ellos es exactamente lo que Amoedo buscaba cuando, así sin más, se acercó a La Ribot para pedirle que creara algo para su equipo. Artista de riesgo, la célebre coreógrafa se fue a Madeira a visitarlos y nada más verlos, le dijo que sí. Rápidamente reactivó las emociones que le trajo su proyecto 40 espontáneos (2004), en el que a lo largo de siete años de representaciones por el mundo actuaron más de 600 ciudadanos voluntarios, incluidos discapacitados, marginales o burgueses. Lo recuerda como una de las más estimulantes experiencias de su ya larga trayectoria, hoy superada por Happy Island.

La dinámica de Dançando Com a Diferença se basa en traer a coreógrafos invitados que les apetezca crearles una pieza en exclusiva. Ya han estrenado con ellos destacados creadores como Rui Horta, Tania Carvalho o Paulo Ribeiro. Pero Amoedo quería ahora asumir riesgos mayores, ir más allá. Y La Ribot parecía perfecta. “Son unas bestias escénicas. Tienen cabeza, capacidad de improvisación, sensibilidad”, dice emocionada de su equipo. “Para mí ha sido toda una experiencia. Me han ayudado a crecer, me he atrevido a hacer con ellos cosas que no había hecho con mis bailarines. Me sorprendió muchísimo cuando a una de ellas le preguntaron en la radio que significaba para ella La Ribot, y respondió: ‘Focus and Power’”.

Tampoco fue fácil. “Aunque teníamos poco tiempo, solamente seis semanas, fui muy despacio con ellos. Hubo muchas dificultades pero llevadas de forma feliz. Ellos primero te tienen que aceptar, y por allí empecé”. Luego, hay obstáculos en el día a día que no suponen un problema grave. Al menos para La Ribot. “Es verdad que hay que recordarles todo el tiempo las cosas, pero ocurrió lo mismo con 20 bailarines profesionales del Ballet de Lorraine [a los que montó EEEXEEECUUUUTIOOOOONS!!!, 2012], que había que estar encima recordándoles las cosas todo el tiempo. Lo que es diferente es que los de Dançando Com a Diferença trabajan con el corazón, y eso es de gran belleza, es muy inspirador”.

Una serpiente azteca, una bella durmiente, un fauno travieso, una mujer sensual de rojo… esos son los personajes de Happy Island que han salido de las fantasías y los sueños de sus cinco intérpretes. “No es tan feliz esta isla”, advierte. “Claro que también está el dolor, la incapacidad, el sufrimiento que produce ver que tu sueño no se cumple. Pero no me concentro en ese dolor sino que he preferido centrarme en sus deseos y sus singularidades”.

 

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El hecho de ser una compañía que no es suya y trabajar con unos bailarines singulares, alejados de los cánones al uso, no hace a Happy Island una pieza ajena al universo personal de La Ribot, prestigiosa creadora madrileña anclada en Suiza y quizá uno de los referentes de la vanguardia europea, gracias a proyectos de largo alcance como su serie de Piezas distinguidas (1993) o creaciones originales y desestabilizadoras como Llámame mariachi (2009) o 40 espontáneos.

Su original deseo imposible de trabajar con todo el equipo portugués, los más de 30 intérpretes de la compañía, fue saciado a través de una película filmada en exclusiva por Raquel Freire en Madeira que convive con la propuesta escénica liderada por estos cinco intérpretes, que vienen a hablarnos de sus sueños y deseos.

Aunque totalmente imbuida en la gira de este espectáculo que fue estrenado el pasado 5 de septiembre en Ginebra, ya tiene La Ribot en la cabeza su próximo proyecto, una nueva colaboración con la bailarina y coreógrafa francesa Mathilde Monnier, con la que ya montó Gustavia. Ésta vez tendrán como invitado al dramaturgo y director portugués Tiago Rodrigues (que visitará en junio del próximo año Teatros del Canal de Madrid  con su propuesta Sopro), que ya anda escribiendo los textos de esta nueva propuesta que se estrenará, previsiblemente, en verano de 2019.

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