EL VALOR DEL GESTO
Nazareth Panadero y Michael Strecker, ex bailarines de Pina Bausch, siguen ruta en los escenarios intentando ser fieles a su progenitora. Esta semana presentan el dueto ‘My Home / No Home’ en Valladolid y Murcia. Nos lo han contado…
Texto_OMAR KHAN Foto_COVA GONZÁLEZ MORA / GOETHE INSTITUT MADRID
Madrid, 01 de mayo de 2026
Ella, de lejos, lo sopla y él cae. Luego él, de cerca, muy cerca, la conduce, la lleva, la cuida… como si ella no pudiera sola. Hace que beba, que pinte sus labios. No parecen capaces de quedarse sentados. Se desparraman, se derriten, se deslizan por la silla hasta caer al suelo una y otra vez. También se pelean. Se abofetean a cámara lenta y ella le zampa un botellazo. Pero se necesitan, es obvio. Hay mucha fragilidad en la apariencia de fortaleza. La sensación de desamparo persiste. Las acciones se suceden unas tras otras sin lógica narrativa alguna, pero a lo largo de todo My Home / No Home hay algo que permanece: el gesto. De alguna manera, el valor del gesto parece el tema de este nuevo encuentro escénico entre la española Nazareth Panadero, Premio Nacional de Danza 2014, y el alemán Michael Strecker, que se estrena mañana en el Centro LAVA, de Valladolid, y el día 05 de mayo pasa al Centro Párraga, de Murcia.
Tienen química y complicidad. Hay comunicación entre ellos. Ya lo habían demostrado en Vive y deje vivir (2022), su anterior colaboración, y sobre todo mucho antes, cuando bailaron durante décadas en Tanztheater Wuppertal, donde se conocieron, bajo la atenta mirada de Pina Bausch. De hecho, el origen de esta nueva creación que han estrenado en Polonia y que recala ahora en nuestro país, parece querer cerrar el duelo, la sensación de vacío que les dejó la muerte de la coreógrafa en 2009, con la que habían desarrollado durante décadas su trayectoria como bailarines/creadores.
“Michael y yo hemos pasado mucho tiempo juntos, hemos hecho mucho, pero ahora tenemos otra edad, otra situación y circunstancias, y queríamos experimentar con estas motivaciones de hoy. No queríamos una continuidad de Vive y deje vivir porque cuando un trabajo esta completado y estrenado no hay que volver atrás. Llenó un momento y ese momento ha pasado”, nos confiesa Panadero que, a diferencia de Strecker que sigue en nómina, ha abandonado definitivamente la compañía de Wuppertal.
“El punto de arranque de My Home / No Home” viene de una situación repentina”, prosigue. “Pina Bausch se murió de manera súbita y nos quedamos huérfanos. Nos dejó sin casa pero con muchas ganas de hacer cosas, así que empezamos por el paralelismo que tiene la idea de casa, de home… pero ese origen ni siquiera ha quedado luego en el producto final, porque esta idea ha generado preguntas que nos han llevado a otras preguntas, y así la idea original se ha ido a otro sitio. Lo importante para los dos es que siempre quede lo humano”.
Esta dinámica del proceso, en el que las respuestas a preguntas generan la dramaturgia, y este principio de que lo humano siempre tiene que prevalecer y quedar, porque es la esencia de lo que hacen, lo aprendieron de Pina Bausch. “No está Pina, se fue… no tenemos idea de cómo sería ella si estuviese viva ni qué estaría haciendo con nosotros, pero queríamos hacer algo” apunta Michael Strecker. “Hacernos preguntas como para cambiar el mundo no es viable ni tiene sentido, pero sí que podemos hacernos preguntas desde lo personal, desde lo que ahora somos. No sabemos qué nos diría ella de lo que hemos hecho pero lo hicimos con todas estas referencias que nos ha dejado. Generamos muchas preguntas en este proceso y una de ellas, justamente, fue por qué hacer una nueva pieza”.

Después de Pina…
No necesariamente tienen las respuestas para todo lo que se preguntan. Tampoco todo lo que se preguntan se convierte en danza. El público ni siquiera sabrá qué generó este gesto o aquella escena pero sentirá, sin duda, el peso y relevancia de la humanidad terrenal que emana de cada momento de la representación. “Trabajar juntos ha sido parte de nuestro duelo por Pina. Solo pensar si le gustaría lo que estamos haciendo ya era inspirador”, apunta Panadero.
En Tanztheater Wuppertal sucedía un fenómeno que no es muy típico de nuestros días. Los bailarines de Pina Bausch vivían un proceso largo, muy largo, de asimilación. Aclimatarse hasta conseguir lo que ella quería era parte del trabajo y de su sueldo. Y ella era paciente. Los conocía bien, no presionaba y los esperaba si hacía falta. Hoy ya no quedan creadores que trabajen bajo esa lógica. Al morir Pina Bausch vino una reacción inicial de negación por parte de ambos. Si no es con ella, no es con nadie. Pero pasado el tiempo, y quizá por diferentes circunstancias, tanto Panadero como Strecker han empezado a abrirse y trabajar también como bailarines para otros creadores.
“Cuando empecé con Pina tardé mucho en entender qué es lo que quería de mí” nos explica Michael Strecker. “Ella fue paciente, esperó y un buen día me dijo: ‘Has llegado, estás al fin en tu lugar’. Necesité mucho tiempo pero llegué. Pienso que si otros creadores son pacientes conmigo, voy a llegar. Yo pido tiempo, si llegase un coreógrafo y me presionara porque quiere resultados ya, me paralizaría, creo que no podría. Con Pina comprendí que no había nada de malo en ser lento y esa sigue siendo mi realidad”.
Para Nazareth Panadero ha sido un proceso complicado. “Fueron tantos años tan a gusto en esa casa… que fue muy duro cuando murió. No quería trabajar con nadie más. Pero ella nos hizo seres creativos, así que pasaron los años, y surgió la necesidad. Empecé con curiosidad y cuando llegó [el coreógrafo noruego] Alan Lucien Øyen noté que era diferente pero al mismo tiempo cercano a Pina, y fue como un regalo, justo cuando empezaba a creer que después de Pina no habría nada más. Y lo aproveché tanto que he querido volver. Era algo que estimaba imposible, ni siquiera me atrevía a soñarlo. Todos estos creadores nuevos en mi vida han supuesto el fin del duelo”, concluye.





