La Danza Nunca Muere

critica susyq circo del sol

El progreso de las especies

Dirección: Robert Lepage
Carpa Puerta del Ángel (Madrid)
14 de noviembre de 2017

Admirable resulta la capacidad de Cirque Du Soleil para reinventarse, cada vez de manera más deslumbrante, a través de la mirada artística y personal de los destacados creadores que invita a montar obras para ellos. En el fondo se trata casi siempre del mismo show, conformado por los números tradicionales del que alguna vez fuera llamado el espectáculo más grande del mundo: acróbatas, trapecios, camas elásticas o malabares. Pero nunca en la forma. Así que los creadores invitados deben cohesionar y conectar estos números a través de una dramaturgia personal, colocar su talento al servicio de un material existente, y de la mezcla sacar una obra de arte. La clave, qué duda cabe, está en la selección del creador, ese talento único que va a prestar su personalidad artística a una troupe excepcional de circo, contando con todos los medios imaginables para hacerlo. Quizá por su enorme trayectoria convirtiendo en propuestas visuales de alto calibre óperas, obras de teatro y de danza, el canadiense Robert Lepage encaja perfectamente. Tras montar para la troupe canadiense KA (2005, espectáculo permanente en Las Vegas), volvió a repetir en 2010 con Totem, que ahora ha iniciado su gira española en Madrid, para proseguir en Sevilla (25 de enero al 11 de febrero) y cerrar en Barcelona (23 de marzo al 15 de abril).

Totem se sustenta en una dramaturgia sólida y ambiciosa, resuelta con inteligencia, elegancia y buen gusto, pese a la estridencia de sus trajes y colores. Lepage se ha propuesto, nada menos, que contar el progreso de las especies, la manera en que la inteligencia del hombre superó una era primitiva e hizo inmersión en una era tecnológica. Un viaje largo con referencias ecológicas, antropológicas e históricas que van desde las culturas aborígenes americanas hasta la conquista del espacio, con alguna referencia a Stanley Kubrick y su odisea espacial. Un insólito escenario orgánico, dominado por el caparazón de una tortuga gigante, es a la vez pantalla de proyecciones interactivas que reproduce noches estrelladas, volcanes en erupción y plácidas piscinas. Sofisticado, deliberadamente extravagante, el espectáculo crea un marco fascinante para un centenar de acróbatas en intervenciones de infarto. Aunque puedan destacarse los números de patinaje, las barras rusas o la muy deslumbrante danza de aros, el verdadero momento de la noche lo protagonizan cuatro asiáticas en monociclos que se lanzan tazones. Todo un hallazgo. OMAR KHAN

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