La Danza Nunca Muere

susyQ Eifman Ballet

El otro ballet ruso

No es el Bolshoi ni el Mariinsky pero sobre el Eifman Ballet pesa una tradición de 40 años de creación en Rusia. Milagro de la Perestroika, sufrió en sus inicios la censura soviética. Hoy, Boris Eifman, reaparece maduro y pleno en el Teatre El Liceu con su versión psicologista de Anna Karenina

Texto__BEGOÑA DONAT Fotos_ HANA KUDRYASHOVA

La primera etapa de la trayectoria del Eifman Ballet estuvo marcada por la convulsa historia de su país. Su creador y coreógrafo, Boris Eifman (Rubtsovsk, Rusia, 1946) tuvo que lidiar con la censura soviética para luego erigirse en la imagen de la nueva Rusia durante la Perestroika. Desvinculada ya de la situación política, la compañía celebra este año su 40 aniversario. “Nadie nos enseña qué y cómo debemos producir, ya nadie prohíbe nada”, asevera el coreógrafo en vísperas de su visita al Teatre El Liceu de Barcelona. Entre el 20 y el 23 de diciembre próximos recalará con la que se considera su obra cumbre, su adaptación coreográfica de la novela Anna Karenina, de Leon Tolstoi, a partir de fragmentos musicales de obras de Tchaikovski.

¿Qué recuerdos tiene de su primera lectura de Anna Karenina?

La primera vez que leí la novela estaba en la escuela secundaria. Por supuesto, un adolescente difícilmente puede darse cuenta de la brillantez filosófica de Anna Karenina. La releí cuando me convertí en adulto y ya era un coreógrafo de éxito e interpreté la historia de manera diferente. Fue así porque el arte de la danza posibilita descubrir nuevos y absolutamente inesperados ángulos intelectuales y artísticos de las obras maestras literarias. En otras palabras, la danza permite encontrar y comunicar al público lo que está oculto entre líneas.

Ha declarado que una de las fases de mayor responsabilidad en la creación de un espectáculo es el trabajo con el material musical. ¿Cómo fue el proceso con Tchaikovsky?

Es mi compositor favorito. He producido seis ballets usando sus piezas. Su música me ha estado guiando y llenando de energía durante años. Sin embargo, para crear imágenes coreográficas a partir de notas tengo que pasar horas interminables escuchando cientos de discos, Nadas, te ahogas en un océano de sonidos, buscas una orilla salvadora. Cuando la partitura del ballet comienza a definirse, es cuando encuentras la clave. Hasta que no escojo el material musical, no puedo decir con certeza que cuento con una nueva producción.

¿Qué responsabilidad y qué presión supone que su trabajo esté en el repertorio de muchos teatros del planeta?

No diría que es presión. El hecho de que mi arte sea tan apreciado me provoca una alegría sin afectación. Como autor, asumo la responsabilidad de la calidad con la que otras compañías están representando mis producciones. No es ningún secreto que las coreografías de Eifman Ballet son muy difíciles de realizar. Por supuesto, los bailarines extranjeros, debido a su naturaleza psicofísica, no pueden ejecutar mis ballets exactamente como nuestro ballet. Pero esto no significa que sean peores como intérpretes. Simplemente, son diferentes.

Se le ha definido como “coreógrafo filósofo” y como “coreógrafo psicoanalista”. ¿Se siente identificado con alguna de estas etiquetas?

No presto atención a los clichés. Vivimos en una era de superficialidad: la gente etiqueta varios fenómenos y piensa que eso les ayuda a construir una visión holística del mundo. Y no están en lo cierto. El mundo es mucho más difícil y contradictorio. Pueden llamarme coreógrafo filósofo o psicoanalista. Esto es así porque nuestros ballets plantean cuestiones globales sobre el ser humano y su mundo interior, exploran el misterio de la naturaleza mental y espiritual de la personalidad. Pero no creo que haya una sola palabra que pueda expresar mi esencia artística en toda su extensión.

Ha afirmado que ninguna de sus piezas es una declaración política. ¿Le molesta que una situación histórica pueda redimensionar una propuesta que en su concepción no fue política?

Soy artista y hablo de lo que me rodea sirviéndome del lenguaje del arte, no de manifiestos políticos. A los que hay que formularles esta pregunta es a aquellos en cuyas cabezas nace una representación absurda de mis coreografías. Recuerdo que en 1980, un comité de funcionarios soviéticos al que presentaba mi ballet The Duel anunció que esta producción no debería estrenarse porque animaría a los soldados a desertar del Ejército. Desde entonces, he aprendido a darle un enfoque filosófico a la percepción distorsionada de mi arte.

Ha citado el teatro psicológico ruso como una gran influencia en sus coreografías, ¿qué autores y qué obras de este género son las que más le han marcado?

Todos los principios e ideas escénicas desarrollados por los icónicos representantes del teatro de drama psicológico, que van desde Konstantin Stanislavski hasta Lev Dodin. Creo que la separación de la danza del mundo del teatro, sucedida en el siglo XX, fue un desastre, si no un drama para el arte coreográfico. Mira lo que está sucediendo ahora: los coreógrafos que se acostumbraron a la creación de ballets abstractos han perdido la capacidad de proyectar ballets completos con una dramaturgia seria. Por el contrario, para mí es ineficiente bailar aisladamente de las leyes fundamentales del teatro. Con su trabajo, Eifman Ballet demuestra que el psicologismo y el contenido intelectual son un privilegio no solo del teatro dramático, sino también del ballet.

Hace cuatro décadas, abrió con sus coreografías una ventana que dejó entrar aire fresco en el entonces rígido ballet soviético. ¿Cómo fue su trato con la censura entonces?

La primera década, Eifman Ballet estuvo lleno de historias del tipo de las que he mencionado sobre The Duel. Hoy, mirando hacia atrás, resultan casi absurdas. Pero en ese momento no estaba de humor para reír. Cuando los hombres del partido comunista, sin relación con el arte teatral, trataron de enseñarme cómo crear una coreografía y me dijeron cosas como que en una escena específica, mi bailarina se había acercado a su compañero desde el lado equivocado, me sentí humillado. Esta situación se repetía hasta en el caso de ballets cómicos: me tocó presentarlos al comité tres o cuatro veces, escuchando interminables fallos. Todo lo que nos quedaba era jugar al gato y al ratón. Por ejemplo, podíamos presentar nuevamente la primera versión de una producción sin cambios, afirmando que habíamos incorporado todos los comentarios. Por extraño que parezca, a veces funcionaba. Todo cambió en 1987, durante la Perestroika. Presenté al comité el ballet El maestro y Margarita y las mismas personas que solían pisotearme y prohibir mi arte, de repente dijeron: “Este es el arte de la nueva Rusia”.

Ha habido rumores de que Vladimir Medinsky, actual Ministro de cultura ruso, ha cancelado la producción del Bolshoi sobre Nureyev porque temía que quebrara la ley de "propaganda gay" de Rusia. ¿Cuál es su opinión al respecto?

No estoy listo para comentar sobre rumores. Cuando termine la producción, definitivamente la veré. Y luego podré compartir con vosotros mi opinión. Además, me gustaría mencionar que Eifman Ballet nunca ha enfrentado ninguna restricción en su historia moderna. Hace un año, estrenamos un Tchaikovsky. PRO et CONTRA, en el que, entre otras cosas, mostramos la tragedia personal y humana del compositor, causada por su naturaleza homosexual. Esta producción se realizó en el Teatro Bolshoi de Moscú y en San Petersburgo sin incidentes.

Eifman Ballet. Anna Karenina. Teatre El Liceu (Barcelona). Del 20 al 23 de diciembre. www.liceubarcelona.cat www.eifmanbellet.ru

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