La Danza Nunca Muere

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Matricidio

Por iniciativa de Antonio Najarro, el Ballet Nacional de España estrena Electra, tragedia griega que, en versión del creador Antonio Ruz, se traslada a la España rural y profunda. De este montaje, de sus otros montajes y de su larga vida dedicada a la danza charlamos con el coreógrafo cordobés

 

Texto_OMAR KHAN Fotos_JAMES RAJOTTE

En la tragedia griega, muchas veces, la belleza anida en el corazón de lo terrible. La belleza de un personaje como Electra viene dada por la templanza y la determinación de una mujer emocionalmente aporreada que ha de consumar una venganza que culmina en el asesinato de su propia madre Clitemnestra, a su vez asesina de su padre Agamenón y autora de su destierro. La versión de Eurípides es de las pocas tragedias en las que los dioses no median en el conflicto humano. Es casi como si la fuerza de Electra, empujada hacia el mal por su hermano Orestes, bastara en sí misma, sin necesidad alguna del socorro de los dioses. Tampoco es divino el castigo a ese crimen. Será el remordimiento, sentimiento de culpa esencialmente humano, el peor de sus tormentos. Electra, la tragedia, fue escrita entre el 417 y el 413 antes de Cristo pero sigue vigente porque su drama, el de la venganza y la expiación, ha sido inherente a la naturaleza humana en todos los tiempos y la sangrienta tragedia de Electra bien podría ser noticia de Sucesos en un periódico local de la España rural y profunda. Al menos, así lo cree Antonio Ruz, el coreógrafo cordobés que se ha decantado por versionar este título para el encargo que le ha hecho el Ballet Nacional de España (BNE).

“Me fascina este personaje, es un homenaje a la mujer poderosa, que se planta y no se humilla. Busca la libertad a través de la venganza y la sangre derramada. ‘La sangre llama a la sangre y esa es tu maldición’ le canta el corifeo al final”, cita emocionado el coreógrafo, que se enfrenta probablemente al reto más grande e importante de su trayectoria como creador. “Hace algunos años estuve en el Festival de Atenas con Ojo [2014, montada para su propia compañía] y conecté rápidamente con la cultura griega. Hay un paralelismo con la nuestra, incluso más pronunciado que con Italia. Yo vengo de la España profunda, crecí en el campo, y sentí la conexión de aquello con lo nuestro, con ese universo de Lorca que tanto me fascina, con las tradiciones, la danza y la música. He sorbido de todo eso porque mi infancia fue rural. Tras esta reflexión decidí que no llevaría la pieza a Grecia sino que de allí me traería a Electra, llevaría la acción a una España rural, profunda y oscura pero también a una España festiva, cantada y bailada. Me traje a Electra a un imaginario más próximo”.

Cobijadas

Acostumbrado a investigar a fondo para cada producción que emprende, Ruz tuvo una inmersión total en el material a tratar, en alianza con el escritor y dramaturgista Alberto Conejero, antes de montar un solo paso. No es ajeno a esta forma de trabajar. Su ya larga colaboración como guest de la prestigiosa compañía berlinesa Sasha Waltz & guests, está muy vinculada a esta tarea previa de explorador y dramaturgista. Para Waltz colaboró, entre otros, en la investigación y adaptación de sendos clásicos como Romeo y Julieta y La consagración de la primavera. Ésta vez la estética de su Electra ha surgido de su fascinación por algunos fotógrafos que han intentado captar el mundo rural español. Ortiz Echagüe, precursor en los años 50 del llamado pictorialismo fotográfico español, por supuesto, pero también otros como Cristina García Rodero.

Un proyecto lleva a otro, asegura. Y a veces se conectan. Para su creación Ojo ya había trabajado la imagen, del todo inquietante, de las llamadas Cobijadas de Vejer de la Frontera, que usan un traje típico que las cubre por completo y deja solamente un ojo a la vista del curioso. “Siempre tuve ganas de multiplicarlas en la escena”, confiesa con picardía. Y ahora, claro, es la oportunidad, pues pocas veces ha dispuesto de tantos bailarines y tantos recursos como los que le ofrece el Ballet Nacional de España, un Goliat frente al modesto David que supone la pequeña y frágil estructura de su compañía, con la que lleva ya ocho años y unos cuántos títulos.

Son las suyas creaciones muy distintas entre sí, nacidas todas de motivaciones diferentes. La música, a veces, como en su delicada Double Bach (2016), en la que colaboró con el compositor Pablo Martín Caminero que vuelve a acompañarle en Electra y la bailarina Tamako Akiyama o también en Vaivén (2014), que hizo a cuatro manos con Juan Kruz, de la compañía de Sasha Waltz. Otras veces son los reveses de la historia como en la deliciosa e inteligente Á L’Espagnole (2015), en la que investigó la huella española en la cultura francesa o temas más abstractos como la percepción en Ojo y la vigencia del gesto dadaísta en la temprana No drama (2010). También temas festivos y de humor inteligente como la delirante Beutiful Beach (2015), de tintes pop y corte playero veraniego.

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“Cada proyecto viene de un lugar diferente, incluso en el lenguaje”, aseguraba Ruz en abril pasado durante un encuentro con el coreógrafo Marcos Morau en el marco del recuperado Festival Danza Valencia. “Si comparas Double Bach con cualquier otra pieza mía es totalmente distinta. Muchos dicen que todas tienen mi sello pero yo siento que me muevo en un arco muy amplio en el que voy de lo teatral a lo abstracto. En algunas la preocupación es poética, pero en otras destaco lo social o lo psicológico. Diría que en mi trabajo convive una teatralidad abstracta y todo se mueve en esos extremos que se retroalimentan”.

Ballet argumental

Quizá faltaba una obra narrativa. Y su Electra, aunque será contada desde el baile, lo es. “No fue idea mía pero yo las ganas ya las tenía. De hecho, tengo guardado un ballet romántico que algún día haré. Lo tengo desarrollado entero. En cualquier caso, a Electra la encuentro coherente dentro de mi repertorio, es una continuidad lógica de mi trabajo, que siempre tiene la inquietud de contar las cosas de manera distinta en cada obra. Lo diferente, desde luego, es que es un encargo y no estoy con mi compañía”.

La idea partió de Antonio Najarro, actual director del BNE, que expresamente llamó a Antonio Ruz para hacerle el encargo. “Yo pensaba que me ofrecería hacer un taller para la compañía pero cuando llegué allí me dijo que, en el quinto año de su gestión al frente del BNE, lo que quería era que les montara un ballet narrativo, una obra argumental de creación actual. Hablamos de Lope de Vega pero él no estaba convencido y yo tampoco, así que nos dimos un tiempo para pensar. Me fui inclinando hacia la tragedia griega. Había colaborado con Miguel del Arco en una Antígona, con la que había aprendido mucho y de alguna manera me había marcado. Y así surgió la idea de Electra”.

Hoy todo está a punto para el estreno, que será este diciembre en el Teatro de La Zarzuela de Madrid. Comprendió que él solo no podía con la magnitud del montaje y se rodeó de un equipo potente, en el que destaca como coreógrafa invitada en tres momentos del espectáculo Olga Pericet. La dramaturgia ha sido responsabilidad de Alberto Conejero, la música ha sido compuesta por Moisés Sánchez y Pablo Martín, con canciones que serán interpretadas en directo por la cantaora Sandra Carrasco, en el papel de corifeo y narradora, y hasta el mismo Antonio Najarro regresa al baile interpretando un pequeño papel. “Me he encontrado con unos bailarines muy maleables, muy versátiles”, comenta Antonio Ruz sobre el equipo del BNE. “Tienen experiencia en folclore, en esa danza de pueblo que tanto me interesa para la propuesta”.

Se lo pensó, sin embargo. No le daban carta blanca para hacer lo que quisiera. Había unas reglas inquebrantables que al principio le desconcertaron. “Debía tener aire español, música flamenca en directo, apertura para el gran público y un formato exportable. Me lo pensé bien antes de aceptar. Esas premisas al principio me ponían en conflicto pero me llevaron a retos aún más importantes acerca de qué es lo accesible, dónde está la emoción, cómo emocionar… Evidentemente tuve que ceder pero sigo fiel a mi eslogan personal de huir de las etiquetas y he intentado sobre todo potenciar el lado humano. También es cierto que el mundo en el que se mueve el BNE no me es ajeno. Yo estudié danza española desde los siete hasta los 16 años”.

La curiosidad lo ha hecho ecléctico. Antonio Ruz ostenta una trayectoria larga de apariencia inconexa, que le ha permitido moverse en un espectro tremendamente amplio tanto como creador como cuando era bailarín. La danza española desde niño. También el flamenco y el ballet. Todo en Córdoba, donde nació hace 41 años. A Madrid se vino becado por Víctor Ullate y tras bailar para su compañía, vinieron experiencias intensas en el Ballet del Gran Teatro de Ginebra y el Ballet de la Ópera de Lyon, donde llegó a bailar el rol de de Escamillo junto a Sylvie Guillem en la desenfadada Carmen, de Mats Ek. En 2006 se vino de nuevo a Madrid para integrarse al elenco de la Compañía Nacional de Danza, que entonces dirigía Nacho Duato. Simultáneamente inició una cercana colaboración con Sasha Waltz, en Berlín, primero como intérprete y más tarde como colaborador. Cuando dejó de bailar, ya se había adentrado en el mundo de la creación. Sus colaboraciones con la compañía Dospormedio (Estévez/Paños) le mantuvieron vinculado a ese mundo de la danza española que siempre ha estado ahí pero, qué duda cabe, sus experiencias bailando por el mundo obras de creadores vanguardistas como Forsythe, Kylian, Childs, Ek, Decouflé, Duato o Waltz, y autores más neoclásicos como Balanchine, Neumeier, Van Mannen o el mismo Ullate, no solamente pusieron a reto sus músculos sino que activaron su sensibilidad y fueron influyentes en su formación como coreógrafo. Desde uno u otro flanco, Antonio Ruz lleva toda una vida dedicada a la danza.

“Yo estoy haciendo ahora lo mismo que hacía cuando tenía ocho años y me dedicaba a inventar obras y montarlas por Navidad en mi casa. Preparaba guiones, escenografías, música y bailes. Electra es una consecuencia de aquello, todo mi recorrido me trae hasta aquí. Hice español, clásico y contemporáneo, me convertí en coreógrafo y visto todo esto, tiene sentido que hoy me ocurra Electra”, reflexiona. “Tampoco es que pienso específicamente en los artistas con los que he colaborado, que son muchos, pero todos están aquí. Y también cuenta la lucha por mantener mi compañía durante los últimos ocho años, que ha supuesto ese estar en la precariedad que al final te fortalece mucho. De todo eso he aprendido. No me gusta la palabra culminación porque acabo de empezar pero con el encargo de Electra he abierto la mochila y he soltado todo lo que he venido atesorando en la vida, con la suerte de contar ahora con una infraestructura que te permite hacer realidad lo soñado. Pero sé que todo esto se hace posible por la constancia, por los pequeños pasos, en los que un proyecto te lleva a otro”.

Ballet Nacional de España. Electra, de Antonio Ruz.
Teatro de la Zarzuela (Madrid), los días 9, 10, 13, 14, 15, 16, 17, 20, 21, 22 y 23 de diciembre.
www.balletnacional.mcu.es

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