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Pere Fauna

Ha reflexionado en casi todas sus obras acerca de la discoteca como punto de contacto entre la danza y la gente corriente. Sweet, su nueva trilogía, vuelve sobre el tema. La segunda parte, Sweet Tirany, se estrena esta temporada en el Mercat de les Flors

No hace Pere Faura (Barcelona, 1980) distinción alguna entre la alta cultura y la cultura popular. Esta idea, fundamental para entender todo su trabajo, edificado a partir de unipersonales delirantes, no viene de una postura sino de una larga reflexión acerca de sus propias vivencias, de remontarse a un tiempo adolescente en el que para él era tan importante e impactante la agónica baialrina cayendo desgarrada de La muerte del cisne que John Travolta bailando desmelenado en la disco al ritmo de los inequívocos coritos agudos de los Bee Gees. “Mientras más personal, más universal eres”, dice convencido este creador catalán que ha vivido fuertemente marcado por el eclecticismo. Viene del claqué, lo que explica su fascinación obsesiva por Gene Kelly, e incursionó tardíamente en la danza contemporánea, enamorado del minimalista rigor matemático de los primeros tiempos de la compañía belga Rosas. Husmeó en el ballet y la música, pasó por el Institut del Teatre y terminó estudiando en la SNDO, prestigiosa escuela para coreógrafos de Ámsterdam, ciudad a la que estará fuertemente vinculado antes de su regreso hace dos años a Cataluña. Y como en cualquier chico de su generación, la disco, el clubbing, Travolta y la noche ocuparon muchas horas locas de juventud.

A lo largo de su trayectoria, ya larga, estas reflexiones sobre mundos estudiados aparte que en él crecieron revueltos, han centrado sus preocupaciones como coreógrafo e intérprete. Como bailarín estuvo en los orígenes de The Show Must Go On, piedra angular de la obra del vanguardista francés Jèrôme Bel, que abordaba justamente el tema de lo popular. Y en casi todas sus creaciones, con humor y nostalgia, con desparpajo e ingenio, sobrevuela la misma idea de aproximación legítima a la cultura de a pie colocada con frecuencia a la misma altura que la culta cultura. La danza disco y la danza artística, el striptease y la pornografía, los musicales y la cultura pop… son temas constantes desde obras tempranas como This is a picture of a person I don’t know (2006) o Bomberos con grandes mangueras (2010), hasta su novísima trilogía Sweet, pasando desde luego por su exitosa Sin danza no hay Paraíso (2014), unipersonal de largo recorrido y aún girando que ha sido visto recientemente en el Mes de Danza de Sevilla. Es obra confesional, en la que convoca en su propio cuerpo y muy a su manera, las cuatro coreografías que le empujaron hacia el mundo de la danza: Cantando bajo la lluvia, La muerte del cisne, Phase y Fiebre del sábado noche. “Yo digo que Sin danza no hay Paraíso es una vuelta a mi pasado como bailarín para cuestionar mi presente como creador. Sé que son cuatro obras que no pegan entre sí pero pegan en mi vida y yo las veo al mismo nivel. Son miradas diferentes que van de la alta cultura a la popular y quería ponerlas juntas, en una estructura democrática, así que las organicé en bloques donde las abordaba desde miradas diferentes”.

No es excepción su nuevo y más ambicioso proyecto, una peculiar trilogía en la que Faura quiere reflexionar, otra vez, sobre la disco como punto de conexión entre la danza y la gente, pero también sobre los avatares de la danza como profesión. Apunta ahora hacia películas musicales como leit motiv. Grease, A Chorus Line y Flashdance activan la memoria colectiva desde un tríptico más bien personal que toma una forma distinta en cada episodio. “La primera parte, Sweet Fever la estrené en el Festival Temporada Alta, de Girona, con 20 voluntarios a los que enseñamos una frase que bailan ininterrumpidamente durante una hora. Tiene que ver con la disco como alegoría, la relación de la danza de discoteca con aspectos sociales relacionados con el comportamiento de las masas, el ritualismo. La tercera, Sweet Precariety es un solo mío, aún por montar, en el que hablo del bailarín, del dinero y la precariedad, de la vocación y la pasión, de cuánto vale la danza en tu vida. Todo gira alrededor de Flashdance, una película horrorosa y llena de tópicos que hacen de la profesión un horror pero que me sirve para hablar de esta carrera. Y la del medio, Sweet Tirany, es la que estrenaremos ahora en el Mercat de les Flors, con ocho bailarines yo incluido. Hablaremos aquí de las relaciones de poder que se generan en la danza. Yo y el público, yo y el equipo, yo el sistema. Tiene un final disco, que democratiza y libera, donde la única tiranía es la del Dj”.

Pere Faura se toma la disco muy en serio. La ha disfrutado bailando desenfrenado pero también la ha mirado desde la distancia como el fenómeno social peculiar que es, un lugar único en la sociedad diseñado para que la gente se encuentre y baile. “En la disco conviven mundos. Hay una parte que ve el dinero, la violencia, el consumo, el negocio y otra distendida que va a pasarlo bien bailando. Las tres piezas de esta trilogía hablan desde la disco de danza y poder, del poder de la danza, de qué te pasa cuando bailas. Será la primera vez que hago algo tan políticamente explícito pero es que mientras más tiempo llevas en esto, más cosas te pasan. Ves lo bueno pero también lo malo”, concluye con un aire de tristeza.

Sweet Tirany. Del 27 al 29 de enero y del 3 al 5 de febrero. Mercat de les Flors (Barcelona).
www.perefaura.com
www.mercatflors.cat

 

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