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Hofesh schechter Apocalipsis

Apocalipsis

Grand Finale
Coreografía: Hofesh Shechter
Grande Halle de La Villette (Paris)
14 de junio 2017 (Estreno mundial)

La degradación del estado mental y espiritual del mundo y de lo desastroso que esto resulta para la humanidad es lo que ha llevado a Hofesh Shechter a imaginar Grand Finale para su compañía londinense. Anteponiendo el ritmo frente al discurso, el coreógrafo israelí modula con maestría la energía de su espectáculo sin dejar de estimular al espectador y cuidando escrupulosamente con no llevarlo al límite de la saturación. Un sentimiento de apocalipsis creado por una atmosfera irreal flota sobre el montaje. Sumergidos en una densa masa de humo, dos mundos diferentes parecen surgir de la nada. Los bailarines por un lado y los músicos por otro. Sin conexión física alguna, los primeros soportan con su danza todo el peso de la vida y de la muerte, los segundos se esfuerzan por seguir en su burbuja sin inmutarse ante lo que acontece en escena. Este contrapunto no hace más que evidenciar lo que sucede hoy en nuestra sociedad donde son muchos los que cierran los ojos ante lo que les rodea. La danza, alimentada por una fusión de folklore y de trance, intensa, por momentos primitiva, se queda impresa en la mente como si de una pegadiza canción veraniega se tratara. Los milimetrados y complejos desplazamientos grupales, marca de fábrica del coreógrafo, se antojan espontáneos gracias a la apropiación intima que los bailarines hacen de estos. Como elemento novedoso y poco explorado por Shechter hasta la fecha encontramos el trabajo de contacto y numerosas manipulaciones entre las parejas. Pese a la dureza del tema, la obra no abandona en ningún momento esa necesidad humana de resistir y seguir avanzando en la vida aportándole una necesaria nota de esperanza. Grand Finale, que ha sido montada en coproducción con el Théâtre de la Ville de París, está trufada de contrastes dramáticos de gran belleza servidos por las arquitecturales luces de Tom Visser y por la música, creada por el mismo Shechter, que suena, con elevado volumen, como oleadas electrónicas vertidas sobre el escenario. Éstas se confunden acertadamente con unas festivas composiciones musicales de consonancias yiddish y árabes. Únicamente un inoportuno entreacto, poco usual en las creaciones contemporáneas, ensombrece esta gran experiencia escénica que consigue concentrar en una hora y media un vasto abanico de sensaciones.

DAVID RODRIGO

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