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Festival de Montpellier SusyQ

Contra viento y marea

La lluvia se la jugó a Antonio Canales, que suspendió su última función en Montpellier el pasado 26 de junio, pero la fiesta siguió con Lucinda Childs y creadores de vanguardia como Mathilde Monnier y David Wampach. Reseñamos dos días pero el festival sigue hasta el 7 de julio.

La lluvia, el peor enemigo de los siempre estimulantes espectáculos al aire libre vino el pasado lunes a Montpellier decidido a arruinar la última función de las tres programadas por el potente Festival Montpellier Danse, de Historias flamencas de Sevilla, de Antonio Canales. A veinte minutos de iniciado el espectáculo, cuando subía la temperatura de los zapateados de Canales y Rafael Campallo, la lluvia arreció, se hizo inclemente y hubo que suspender la función. Fue un desliz climático pero la tormenta perfecta de la noche siguiente, con rayos y centellas, no pudo acabar con uno de los momentos más esperados de la 37º edición de este festival, que se extiende hasta el domingo 7 de julio. La reposición por parte del Ballet de la Ópera de Lyon, de Dance, esa obra mítica del minimalismo creada por la norteamericana Lucinda Childs, en 1979, demostró su eficacia y resistencia al tiempo con su obstinada precisión, y su compleja y al unísono simple estructura matemática.

Resguardado bajo la imponente estructura de la Ópera Berlioz, el teatro más importante de la ciudad, el público esta vez ni se percató de la tormenta exterior. Hipnotizados, concentrados, perdidos en el loop de frases repetitivas de la coreografía, la audiencia quedó fascinada con este tríptico minimalista, que se mueve reiterativamente bajo la música obsesiva de Philip Glass y que es visto a través de la pantalla traslúcida en la que se proyecta, desde ángulos diferentes, la misma coreografía en una película originalmente rodada por el prestigioso artista plástico Sol Lewitt. La deconstrucción y repetición de frases muy precisas que los bailarines interpretan hasta la saciedad cruzando fugazmente el escenario cada vez, el sutil pero decidido juego de luces y la fascinante coincidencia entre la película y la acción real se combinan en esta propuesta hipnótica, que requiere absoluta concentración por parte de los intérpretes pero también de la audiencia. Aunque comprensible, la nueva versión ha rodado la película con sus bailarines a imagen y semejanza del original de Lewitt. Una pena, porque hasta el momento se bailaba con la copia inicial, que nos permitía ver bailar a una entonces jovencísima y precisa Lucinda Childs. Merecida ovación le rindió Montpellier a la maestra, allí presente, y al eficaz equipo de Lyon, que supera con un sobresaliente la superlativa dificultad de este singular trabajo de la posmodernidad.

Dos artistas de la casa, que son habituales del Festival de Montpellier, completaron estas dos intensas jornadas de danza. Por un lado, Mathilde Monnier, que en alianza con el creador sudamericano Alan Pauls, ha estrenado con una docena de bailarines argentinos su propia versión de El baile, obra teatral de Jean-Claude Penchenat reconvertida en cine por Ettore Scola, en 1983, y ahora en danza por los dos coreógrafos, que toman la estructura del original (unos personajes atrapados en un salón de baile que cuentan la historia de Francia), para contar a su manera la contemporaneidad argentina, con referencias claras a la violencia política y la dictadura pero también al imaginario popular con alusiones a canciones argentinas de la época, interpretadas por los bailarines, en lo que por momentos parece un musical de vanguardia. Lo más notable de esta propuesta irregular, el segmento de Ella ya me olvidó, aquel viejo hit de Leonardo Favio. Por otra parte, David Wampach prosigue en Endo, su investigación acerca de la historia de la danza, rindiendo homenaje ésta vez a la performance, el body art y el action painting, en una reinvención, quizá demasiado larga, de aquellas prácticas entonces innovadoras pero que en su versión, terminan siendo una simple repetición (dos intérpretes se bañan en pintura, convirtiendo sus cuerpos en pinceles) sin que destaque una aportación propia.

Queda mucha danza en Montpellier. Hasta su clausura, el próximo día 7 de julio, se verán en sus escenarios propuestas tan atractivas como un nuevo programa del Ballet de la Ópera de Lyon, ahora con el estreno de Tenworks, del israelí Emanuel Gat; la siempre polémica creadora canadiense Marie Chouinard con su nuevo trabajo Soft Virtuosity, still humid, on the edge; el Dutch National Ballet, de Holanda, con un programa dedicado a Hans Van Manen y, entre otros, Sharon Eyal & Gai Behar, de Tel Aviv, con Love Chapter 2, continuación de su sugerente OCD Love. 

Texto_OMAR KHAN

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